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Mía Madre: Un ateo dialogante ante la muerte

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La película de Nanni Moretti es un sentido homenaje a su propia madre hecho desde el corazón en un film que deambula entre el drama y la comedia

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 7 AÑOS – Algunos contenidos podrían herir la sensibilidad de niños pequeños

Nanni Moretti es un reconocido realizador ateo y de izquierdas. Su activismo político y su reconocida presencia en el mundo de la cultura italiana lo han convertido en una de las personalidades más importantes dentro y fuera de su país. No obstante, con el paso de los años el discurso de Moretti se ha ido moderando, o por lo menos, suavizando. Sigue siendo un ateo de izquierdas pero dialogante, abierto a la controversia.

Mía madre es un sentido homenaje de su director a su madre fallecida. Así, Moretti le cambia el sexo a su alter ego y pone en el centro de la historia a Margherita (Margherita Buy), una directora de cine en mitad de un complicado rodaje que trascurre mientras su madre se encuentra ingresada en un hospital con una enfermedad que poco a poco la está matando.

Pese al punto de partida del film, Mía madre dista mucho de ser un relato lacrimógeno o sensiblero, más bien al contrario. De hecho, al director se le ha reprochado estar demasiado contenido en una historia semi biográfica que por momentos, podía llegar a resultar incluso un poco fría.

Aunque en esta cuestión, obviamente, cada uno tendrá su forma de ver las cosas y más aún con un tema tan personal como es la muerte de un ser querido, creo que Mía madre es un largometraje muy equilibrado. Moretti, que sabe mucho de cine, es consciente de que puede resultar agotador para el espectador estar sumergido durante casi dos horas en un drama sobre la muerte de una madre.

Por esta razón el director de Caro Diario sitúa a su protagonista, Margherita, en mitad de un rodaje en el que entra en escena un actor llegado de Hollywood, interpretado por John Turturro. Los momentos emocionalmente más densos se alternan en Mía madre con situaciones casi delirantes encabezadas por el personaje de Turturro. De esta forma, la película de Moretti de una forma muy fina y casi sin percatarse de ello, fluctúa entre la comedia y el drama sin que uno se resienta por la presencia del otro.

Por esta razón, Mía madre puede resultar a veces tan desternillante como emotiva. Eso sí, la sensación general sí que es cierto que resulta, si no fría, sí al menos distante. Moretti ha declarado que no quería “dirigir demasiado” la película para dejar que sus personajes se sintieran emocionalmente libres y en efecto, creo que así lo ha hecho.

Dicho todo esto, Mía madre se aproxima a un momento tan delicado y complicado como la pérdida de una madre sin dar nada por sentado y dejando todas las puertas abiertas. La película no nos habla de la infinita negritud de la nada tras la muerte ni del paraíso en el cielo, pero sí que se muestra dialogante, receptiva, por decirlo de algún modo. Aunque a Moretti se le ha llamado el Woody Allen del cine italiano no hay evidencias del nihilismo socarrón del director neoyorquino. A cambio, eso sí, Moretti habla también del cine dentro del cine, de la familia, del paso del tiempo, de la cultura y de un montón de cosas más.

Puede que, a causa de todo esto, uno no salga de ver Mía madre con un mal sabor de boca. Es cierto que ha habido una trágica muerte (no desvelo nada importante, la película va de esto) pero la sensación que queda después es moderadamente agradable. La película es buena. Es cercana pero mantiene las distancias con lo que se nos está contando. Hay lágrimas, pero también ruidosas carcajadas. Y desde luego está la mano de Moretti. Unos dirán que casi inapreciable o excesivamente difuminada, yo creo que está abierta, receptiva, lo dicho, dialogante.

 

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