Aleteia

La Gran Apuesta: Para comprender la crisis económica que vivimos

THE BIG SHORT
Comparte

Una película sobre el sentido común, sobre la humildad y la humanidad a través de la codicia y la avaricia

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 17 AÑOS – Imágenes de alto contenido violento o sexual

Todavía hay mucha gente que no termina de entender qué pasó en 2008, cuando una crisis hipotecaria colapsó el sistema financiero de Estados Unidos y cómo un tsunami arrasó la economía de medio planeta. Y no me extraña porque, en realidad, pasaron muchas cosas dentro de un engranaje extraordinariamente complejo.

Hay un libro muy interesante escrito por dos especialistas en la materia, Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, cuyo ilustrativo título deja muy claro por donde van a ir los tiros: Esta vez es distinto. Ocho siglos de necedad financiera. En este trabajo, Reinhart y Rogoff aseguran que existen algunos productos financieros que muchos economistas serían incapaces de explicar. Y es cierto, la economía, además de una inflamada abstracción de dígitos que se suman y restan sobre un dinero que no termina de existir, es una de las evidencias más palpables de la contracción del ser humano. Prueba de su inteligencia y al mismo tiempo, fundamento de su estupidez.

La gran apuesta nos cuenta la historia de un par de personajes (en realidad tres) que adivinan que el sistema financiero, tal cual está montado y al ritmo que avanza, es cuestión de tiempo que se desplome. La certeza es tal que como buenos seres humanos, avariciosos y sin escrúpulos, deciden apostar en contra del propio sistema. Ben Rickert (Brad Pitt), lo dice en un momento de la película: “no hay nada que celebrar. Hemos apostado en contra de la economía americana. Lo que significa que si tenemos razón la gente perderá sus casas, sus trabajos, sus retiros, sus pensiones…”. Tenía razón.

Detrás de la cámara y firmando su guion hay un nombre realmente inesperado, Adam McKay, un guionista salido del programa de televisión Saturday Night Live que dio el salto a la televisión firmando algunos de los títulos más “honorables” del cómico Will Ferrer, como por ejemplo, Hermanos por pelotas. Pero el caso es que yo creo que esto ha jugado a su favor. McKay ha hecho una película desde la perspectiva del ciudadano medio, desde la óptica de alguien que se pasa todo el día currando para llegar a casa, relajarse un poco y olvidarse del mundo viendo una película de Will Ferrer.

Quizá por esto, La gran apuesta es capaz de detener su narración, que un personaje se dirija a la cámara y nos diga, “ahora les vamos a explicar que es un bono sintético”, por ejemplo. Para ello, McKay recurre a ejemplos sencillos y enormemente gráficos como un chef en su cocina, una partida de póker o un simple castillo de naipes.

Afortunadamente La gran apuesta no es una película de personajes. Se escarba muy poco en las relaciones entre personas y sobre su cotidianidad, probablemente porque hablando de una cuestión tan fría como la economía, había que ser frío también con sus personajes. La gran apuesta es una película sobre el sistema hecha desde los suburbios del sistema, desde el punto de vista de quien no lo comprende pero que no le queda más remedio que dejarse arrastrar. Al final, un impresionante Steve Carell (que contra todo pronóstico se come la pantalla cada vez que aparece), saca una interesante conclusión: “dentro de unos años culparan a los pobres y a los inmigrantes”.

Hace poco leía a un amigo que decía que La gran apuesta era una película muy de izquierdas. No lo sé. A mí me parece más bien una película sobre el sentido común, sobre la humildad y la humanidad a través de la codicia y la avaricia. Al final de La gran apuesta hasta el más calculador de los economistas se hunde porque resulta evidente que las cosas no se han hecho bien. No creo que sea una cuestión ideológica sino un tema de pura humildad y humanidad. Hemos creado un monstruo, lo hemos criado y alimentado y ahora que es un Titán se ha vuelto contra nosotros.

 

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.