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Iraq: La aniquilación de toda manifestación cristiana

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El más antiguo monasterio de Irak queda reducido a escombros

El Monasterio de San Elías en Mosul ha quedado aniquilado. El Estado Islámico lo ha reducido a un campo de escombros. El que fuera el monasterio cristiano más antiguo de Irak ha soportado ataques durante 1.400 años, pero no ha podido soportar ante la barbarie del Isis.

Con este atentado cultural y religioso el Estado Islámico destroza la vida y la historia de generaciones y generaciones de iraquíes; arrasa el lugar donde los monjes rezaban por su pueblo; un espacio donde el nombre de Cristo recordaba a muchos la herencia cristiana. Ya nada queda de eso.

Diferentes fotografías mostradas por The Associated Press confirman la aniquilación. El Monasterio de San Elías se une a la lista negra de lugares religiosos e históricos destrozados. En ella se incluyen mezquitas, tumbas, santuarios e Iglesias. Muchos de los grandes monumentos e iglesias en Irak y Siria han sido detrozadas. Poco queda de la historia de Nínive, Palmyra y Hatra y la historia de una región con 2.000 años de cristianismo está siendo borrada.

Cristiano e iraquí doblemente perseguidos

Los cristianos iraquíes se están viendo obligados a dejar su país. El Estado Islámico es implacable ante ellos. Antes de la guerra de Irak (2003) había millón y medio de cristianos. Tras la guerra quedaron poco más de medio millón. Ahora la cifra ha vuelto a caer considerablemente. Pocos son los que quedan y la mayoría de las familias huye en busca de un lugar mejor. Huyen a Jordania y se convierten en refugiados.

Son 500.000 los refugiados iraquíes en este país. Allí los intenta acoger el padre Carlos Jaar, presidente para Oriente Medio de la ONG Mensajeros de la Paz. En el diario español El País cuenta el drama que viven los cristianos perseguidos: “Huyen despavoridos, sin haber tenido tiempo de hacer ni una maleta, y aún tienen el miedo en el cuerpo. Cuando recibían algún tipo de amenaza, animales decapitados o la palabra infiel en su casa, rezaban para que tuviesen un mañana y poder escapar”.

De seguir así, en diez años, calculan, no habrá un solo cristiano en Irak. Las familias huyen de la represión fanática y solo el ser cristianos les convierte en presa del fundamentalismo. Son víctimas fáciles. Chantajes, secuestros y asesinatos si se niegan a pagar tributo al Estado Islámico. No les queda opción: o conversión al Islam o ser ejecutados. Por eso huyen.

Hanna Shakir Banoosha llegó a Jordania, con su mujer Fadia y su hija Andrya de cinco años. Recuerda en un reportaje en El País lo vivido: “El Daesh, Estado Islámico, habían ocupado gran parte de la ciudad y nos enterábamos que estaban expulsando a toda minoría étnica que no comulgase con su fe, sobre todo cristianos. Pintaban las paredes de las casas indicando nuestra religión. Saqueaban las viviendas que mis vecinos habían abandonado e incluso lo hacían con inquilinos dentro. La única salida que planteaban era convertirse al Islam o ser ejecutados. Decidimos irnos casi con lo puesto. Era una situación absurda pero peligrosa, estaba en juego nuestra vida. Era horroroso.”

Pero no todos han podido huir. Aún quedan algunos cristianos que viven escondidos, entre escombros, asolados por el miedo la marginalidad debida a su fe y la pobreza. El último atentado de ISIS al corazón de Irak, la aniquilación del Monasterio de San Elías es el símbolo de su objetivo. Eliminar todo rastro de vida cristiana, destrozar cualquier atisbo de civilización y de fe. Manipular la historia y convertir los lugares de inicio del cristianismo en una región islámica.

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