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¿Por qué acabas hablando y pensando mal de los demás?

Donnie Ray Jones-cc
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Muchas veces, lo que hay detrás de una persona murmuradora es una baja autoestima

Este es un caso llegado al consultorio de Aleteia: “Siempre había admitido en mí el compararme con otras personas. No me comparaba con el fin de conocerme mejor y superarme, sino como un modo de auto valorarme desde una perspectiva en la que buscaba siempre el “yo estoy bien, tú o ellos están mal”, como una forma de alegrarme por el mal ajeno. Cuando al compararme me daba cuenta de mi inevitable inferioridad en algún aspecto, se originaba en mí una fuerte envidia.

Como resultado, adoptaba actitudes hipócritas por las que recurría a la ironía burlona que busca reír contra alguien, criticar, murmurar, difamar, calumniar; con tal de decir algo negativo de las personas. Cuando escuchaba hablar bien de una persona a quien previamente había descalificado, lo consideraba tonto o ingenuo”.

¿Por qué hablamos mal de los demás? Detrás de una persona calumniadora y murmuradora, a menudo hay una persona susceptible y con la autoestima baja, que cree ver en los demás continuamente manifestaciones de rechazo, animadversión y descalificación hacia su persona. Eso le lleva a actuar a la defensiva y a aislarse de los demás, a sentir envidia y resentimiento, lo que lleva a problemas de comunicación y convivencia.

“Reaccionaba buscando nuevas amistades pero la historia se repetía, hasta que alguien tuvo el valor de decirme que yo era una persona de “malos ojos”, es decir, que veía antes y mejor lo malo en las personas y no lo bueno, cuando lo correcto es hacer precisamente lo contrario. Que era por ello una persona envidiosa y enfermiza, con muy baja autoestima. Necesitaba una ayuda que con reticencias acepte, pues mi soberbia era grande, pero más fuertes los golpes”.

¿Como vencer la tendencia a hablar mal de los demás? Es fundamental conocerse a uno mismo, conocer el origen de las propias deficiencias afectivas, y reconstruir con humildad la propia autoestima y el valor como persona.

Aprendamos a conocernos a nosotros mismos, para aprender a aceptarnos.

Aprendamos a aceptarnos, para aprender a amarnos a nosotros mismos.

Aprender a amarnos a nosotros mismos, para aprender a amar a los demás.

Entonces…

  • Podremos establecer vínculos afectivos auténticos y duraderos.
  • Ser solidarios.
  • Autoestimarnos y respetarnos, con independencia de que recibamos o no afecto de otras personas.
  • Las gratificaciones afectivas (alabanzas, mimos, etc.) o las penalizaciones o castigos (amenazas, indiferencia, etc.) no afectarán nuestra autoestima.
  • Podremos adelantarnos en querer, antes de ser queridos, sin que por ello deje de aceptar el hecho de ser querido.
  • No condicionaremos el querer, al hecho de que nos quieran.
  • Aceptaremos las diferencias de los demás.
  • Toleraremos las frustraciones que tanto la amistad como la convivencia humana comportan, sin que por ello se rompa o destruya la amistad y el afecto que se tiene a las personas.

¿Cuáles son las faltas que uno comete al hablar mal de los demás? Son muchas y diferentes entre sí:

Los chismes y rencillas. Consisten en repetir algunas palabras desfavorables que un tercero ha proferido contra alguien, sembrando la discordia donde reina la paz, turbando las buenas relaciones de las familias y de los particulares.

La difamación. Acusación sin pruebas que hace que se pueda causar un daño en el honor, dignidad o reputación, atentando contra el derecho a la buena fama.

La calumnia. Consiste en atribuir maliciosamente al prójimo culpas y defectos que no tiene.

La hipocresía. Mentira que consiste en tomar sólo las apariencias de la virtud, para atraer la estimación de las personas.

La injuria. Dirigirse al prójimo con palabras o con acciones ofensivas como: palabras duras, los reproches, calificaciones y burlas provocativas.

Maledicencia. Hablar mal de una persona con revelaciones que aun siendo verdades, es injusto.

Detracción. Manifestar públicamente, sin justo motivo, los pecados y defectos de los demás, aun siendo ciertos.

Adulación. Engañar a la persona, hablando falsamente bien de ella o de otros, con el fin de sacar algún provecho.

Juicio o sospecha temeraria. Consiste en juzgar o sospechar mal de alguien, sin justo fundamento.

Si no admito que tengo tal falta o debilidad, si no admito que estoy marcado por ese acontecimiento pasado o por haber caído en este o aquel pecado, sin darme cuenta, hago estéril la acción del Espíritu Santo. Éste sólo influye en mi realidad en la medida en que yo lo acepte: el Espíritu Santo nunca obra sin la colaboración de mi libertad. Y, si no me acepto como soy, impido que el Espíritu Santo me haga mejor. J. Philippe. La libertad interior.

¿Tienes preguntas? Escribe a

Orfa Astorga de Lira.

Orientadora Familiar. Máster en matrimonio y familia. Universidad de Navarra.

consultorio@aleteia.org

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