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La Iglesia en Panamá ante la crisis migratoria de los cubanos

AFP / RODRIGO ARANGUA
Cuban migrants wait outside an internet cafe in Puerto Obaldia, Guna Yala province, 300 km southeast of Panama City on May 14, 2015. Hundreds of Cubans cross every month the border from Colombia to Puerto Obaldia on boats on their way to the US. AFP PHOTO / Rodrigo ARANGUA / AFP / RODRIGO ARANGUA
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"La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuando vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios", recuerdan los obispos

En la 203 Asamblea Ordinaria de los obispos de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), los prelados del país centroamericano constataron que la Iglesia católica sufre las consecuencias de una cultura secularizada, indiferente ante los compromisos y que aísla a la persona en la superficialidad y la tibieza para acoger proyectos de vida que exijan radicalidad.

Hay pocas vocaciones entre los jóvenes panameños, por lo que la CEP se propuso promover una nueva “cultura vocacional”, que anime y fomente estas vocaciones en el seno de las comunidades del país.

Esta oportunidad, agregaron los obispos panameños, se da en el Jubileo de la Misericordia.

“Como pastores de la Iglesia en Panamá, hemos abierto la Puerta de la Misericordia en distintos templos del país, con la finalidad de que todos tengan la posibilidad de atravesarla como signo de su compromiso de conversión, perdón y reconciliación con el Padre Misericordioso”, explicaron.

Los más pobres son primero

El comunicado de los obispos panameños recuerda que hoy y siempre las comunidades deben responder al llamado que hace el Señor a optar por los más pobres.

Su dolor y pobreza claman nuestra atención. Debemos no solo ser capaces de reconocer su rostro maltratado, sino preguntarnos qué estamos haciendo por Él. Por ello la Pastoral Social no debe ser algo ajeno a la vida de la comunidad, y desde la creatividad y el compromiso debe ser expresión del amor a Jesús”, dijeron los obispos panameños en una parte de su mensaje.

Luego señalaron los desafíos a los que se enfrenta Panamá: las reformas electorales, la ampliación del Canal, la educación, la salud, el transporte, temas que demandan una respuesta clara y concreta.

“La desconfianza creciente, la indiferencia, apatía y el desconocimiento entre las personas se convierten en un obstáculo para la construcción de un proyecto de país que sea más equitativo, solidario, integral y con un desarrollo sostenible”, dicen los prelados panameños.

Vivir la democracia

Tras enumerar los desafíos del país del Istmo, los obispos reiteraron la importancia de vivir en democracia, que tanto esfuerzo nos ha costado alcanzar y preservar a Panamá, pues se trata de una conquista “que no puede estar en riesgo por la existencia de prácticas que socaven su legitimidad en un clima de agravios, sospechas y denuncias que debilitan la credibilidad de personas e instituciones”.

“Nuestro país ganaría mucho si somos capaces de generar las condiciones que permitan cambios en la persona y en la sociedad, mediante el rescate de valores, la ética en la gestión pública y privada así como en la acción ciudadana”, aseguraron.

Y ello se logra, añadieron, “si erradicamos de nuestra cultura la corrupción y la impunidad; si fortalecemos la institucionalidad, la gestión pública y el capital humano; pero, sobre todo, si se construye una ciudadanía que apuesta por un nuevo modelo de contrato social, capaz de estructurar procesos participativos e inclusivos que mejoren la calidad de vida de las comunidades”.

Hacia una renovación

Los obispos panameños llamaron a la nación a trabajar desde la cultura del diálogo “sincero y eficaz” y a renovar las estructuras con un énfasis muy fuerte en la “renovación ética y espiritual” de los ciudadanos, las instituciones políticas y el Gobierno.

“Como pastores de la Iglesia en Panamá, hacemos un insistente llamado a la conversión y al cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios, a la responsabilidad social y a la conciencia ciudadana”, agregaron en la parte central de su misiva al pueblo fiel los obispos panameños.

Más adelante, invitaron a los católicos a la coherencia: “No podemos creer en Dios y actuar de cualquier manera. Rechacemos la injusticia, la corrupción y la violencia como males morales que hunden al país, y vivamos de acuerdo al proyecto del Reino de Dios predicado por Nuestro Señor Jesucristo”.

Esta renovación se llevará a cabo en la medida que exista un respecto irrestricto a la dignidad humana, no acostumbrándose a la violencia, al crimen o al asesinato. “Esa no es nuestra naturaleza. En medio de este ambiente, nuestra niñez y juventud, así como las mujeres, son los más vulnerables”, añaden.

El caso de los migrantes cubanos

Mención especial de esta Asamblea de la CEP han sido los migrantes cubanos que pasan por Panamá y que han constituido una crisis humanitaria en la que hasta el mismo Papa Francisco ha tenido que intervenir.

Conscientes de este hecho, los obispos panameños, tras recordar que “la realidad de los migrantes nos interpela, de manera particular la llegada masiva de migrantes cubanos que han quedado varados en nuestro país”, dieron a conocer lo hecho por las diócesis.

La Iglesia ha respondido dando atención humanitaria, especialmente en las diócesis en que están ubicados Colón-Kuna Yala, Darién, Panamá y David, con los limitados recursos que se tiene y velando por el respeto de sus derechos humanos”, recalcan.

La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuando vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida”. (Mensaje Jornada Mundial del Migrante 2016), recuerdan en su comunicado los obispos panameños.

Sequía y cuidado de la naturaleza

Finalmente los obispos han tenido palabras para expresar su preocupación sobre la problemática ambiental que va manifestando sus efectos, especialmente en las provincias centrales: sequía, muerte, destrucción de la flora y fauna, que se agudizan con el “fenómeno del Niño”.

“Es necesario cambiar de estilos de vida, porque no serán suficientes las medidas técnicas y provisionales si no llegamos a solucionar la raíz de esta problemática: la naturaleza está herida por nuestro comportamiento irresponsable”, dicen los obispos del país centroamericano al final de su comunicado, advirtiendo que la “conversión ecológica” a la que ha llamado el Papa “impone el compromiso de todos”.

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