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¿Es malo ser rico?

© DWORI / SHUTTERSTOCK
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62 ricos acumulan más riqueza que la mitad de los pobres del mundo

Ser rico no es una falla, pero esconder y acumular riquezas en paraísos fiscales es otra cosa. El Papa ha pedido trabajar por un nuevo humanismo del trabajo, mientras las riquezas se quedan en manos de pocos y los Estados se lamentan de no tener dinero para invertir en los más pobres. 

Las 62 personas más ricas del planeta acumulan más riqueza que la mitad de los más pobres del mundo, según informó este 18 de enero la organización sin fines de lucro Oxfam.

En este contexto, como confirma el filósofo Zymund Bauman, es cada vez más evidente que el trabajo y la precarización en Occidente sacuden con fuerza especialmente a las clases medias, mientras el Papa insiste en que se tome el camino de la educación, de compartir y el testimonio para salir de esta crisis.

El Papa ha sugerido a los miembros del Movimiento Cristiano de los Trabajadores que este mundo necesita vivir la vocación del trabajo, una vocación que ”nos llama a imitar activamente la incansable obra del Padre y de Jesús que, como dice el Evangelio ”siempre actúan” (16.01.2016).

Por su parte, la organización no gubernamental Oxfam ha criticado abiertamente los lobbies económicos que ejercen su poder sobre los Estados e influyen en el mercado del trabajo, y la cantidad de dinero que se entrega a los paraísos fiscales.

El Papa exhortó el sábado, desde el aula Pablo VI dirigiéndose a 7.000 padres de familia y trabajadores, que se necesita de la educación para hacer realidad un mundo más humano. Y habló de un nuevo “humanismo del trabajo”.

Precisamente porque vivimos en una época de “explotación de los trabajadores, donde el trabajo no está exactamente al servicio de la dignidad de la persona, sino que es un trabajo esclavo”.

“Tenemos que formar y educar un nuevo humanismo del trabajo donde la persona y no el beneficio ocupe el centro, donde la economía sirva a la persona y no se sirva de la persona”, instó.

Este nuevo ‘humanismo del trabajo’ necesita de recursos captados a través de los impuestos y que no acaben en cuentas offshore. Mientras escuchamos al Papa, los datos de Oxfam muestran una realidad para reflexionar.

El 30% de la riqueza de todo el continente africano se ha depositado en cuentas offshore, se calcula que alrededor de 14.000 millones de dólares al año no entran al fisco o erario.

La ilegalidad es como un pulpo que no se ve: está escondido, sumergido, pero con sus tentáculos aferra y envenena, contaminando y haciendo mucho daño”, recordó el Papa en su encuentro reciente con el Movimiento Cristiano de Trabajadores.

La riqueza en sí no es condenada por la Iglesia, el problema es cuando ésta no es redistribuida y puesta en el flujo virtuoso de la economía: crear puestos de trabajo, pagar impuestos (para realizar hospitales, escuelas, obras públicas, etc.), invertir en innovación e investigación.

La mezcla de deslocalización, de evasión fiscal y de salida de capitales juegan contra esa redistribución de la riqueza. 

En el caso más común en Occidente, los trabajadores aceptan salarios míseros para obtener un puesto de trabajo, o los ancianos deben trabajar más tiempo para obtener una pensión.

El informe sobre la riqueza y la desigualdad en el planeta advierte que el 1% más rico del mundo ya posee tanta riqueza como el resto de los habitantes del planeta.

Es como si el tío rico de la familia, no le importará nada sus hermanos más pobres y les dejará más pobres aún para abultar su propio bolsillo.

En la era de la globalización, la economía basada en la alta finanza encuentra mecanismos sofisticados para alimentar los llamados paraísos fiscales y crear una economía basada en ecuaciones matemáticas complejas para “sobrevalorar” rendimientos que no existen en la economía real y del “valor creado”.

Igualmente se argumenta que aumentó la desigualdad mundial de la riqueza. Los 62 billonarios- explica el informe- obtuvieron un aumento de su riqueza del 44%, mientras la mitad más pobre de los ciudadanos del planeta ha visto reducirse la suya de 41%.

Cabe destacar que la organización utiliza los datos del informe de la empresa suiza de servicios financieros Credit Suisse. Sin embargo, la empresa reconoce que la información sobre la riqueza de los súper ricos es difícil de obtener. Es obvio que son datos que no se obtienen tocando a la puerta de los interesados.

¿Quiénes pertenecen al 10% más rico del planeta? Se trata de personas que –indica el estudio– tienen en sus haberes dinero en efectivo y activos valorados en US$68.800, mientras que para entrar en el 1% se necesita una riqueza de unos US$760.000.

Esto explicaría por qué el 1% del aumento de la riqueza producida en los últimos quince años ha ido al 50% más pobre.

“En lugar de tener una economía que trabaja para la prosperidad de todos, para las generaciones futuras y para el planeta, hemos creado una economía para el 1%”, denuncia la ONG.

La riqueza en pocas manos es aún más aguda que en el 2010, cuando eran necesarias 388 personas para igualar la riqueza del 50% más pobre.

En su informe, Oxfam urge a los líderes que asistirán al Foro Económico Mundial que empieza esta semana en Davos, Suiza, a que los gobiernos emprendan acciones para revertir el incremento de la desigualdad global.

La organización demanda que a los trabajadores se les paguen salarios dignos y que la brecha creada por los pagos a los ejecutivos disminuya.

Es claro que la gente de la calle está fuera de la mesa de juego que determina la bolsa de valores y los movimientos bursátiles.

Es cierto que la competitividad y el mérito son motores que producen riqueza, pero también es innegable que la desigualdad no crea ningún beneficio o bienestar social.

De hecho, el premio nobel Joseph Stiglitz reprocha la visión de que el rico que se hace más rico luego beneficia con su prosperidad al resto de la sociedad y en cascada el dinero baja de la fuente a la base. “Ese dinero en cambio se evapora en el clima caliente y afable de los paraísos fiscales de alguna isla tropical”.

El Banco Grameen, constituido por el también premio nobel Yunus, con su microcrédito a las mujeres enseña que los pobres pueden hacerse cargo de préstamos. El 97% de los prestatarios son mujeres. En ese caso, el Gobierno tiene una parte del banco, pero el 75% es de los prestatarios.

Por su parte, el Pontífice también invita al testimonio. ”El apóstol Pablo -observó – empujaba a testimoniar la fe también mediante la actividad, venciendo la pereza y la indolencia y dio una regla muy fuerte y clara: ”El que no quiera trabajar, que tampoco coma”.

Es decir, debemos trabajar, pero el problema es que hoy, en cambio- constató- hay personas que querrían trabajar, pero no lo logran e incluso no llegan a comer”.

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