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Las cárceles en América Latina, ¿un reto a la humanidad ?

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Dar a los presos una nueva esperanza pasa por acompañarles y generar espacios donde puedan compartir y expresar sus dolores y esperanzas

En las cárceles de América Latina reina la inseguridad, el hacinamiento al extremo e incluso la muerte. Pero al mismo tiempo muchos se dedican a ofrecer su tiempo para dar esperanza a los que viven esa situación y se animan al salir a su encuentro.

El pasado 8 de enero finalmente “El Chapo” Guzmán regresó a la cárcel de máxima seguridad del “Altiplano”, lugar del que se fugó hace unos meses y al que se hicieron varias críticas debido a su vulnerabilidad.

Más allá de la novela vinculada a este narcotraficante y a esta cárcel en particular, que tiene varias diferencias con respecto a la mayoría, el sistema carcelario y su situación siempre es tema de debate en América Latina.

Diversos expertos y organizaciones de derechos humanos coinciden en que la situación actual es grave debido a los altos niveles de violencia, numerosas muertes y peligros que ocurren al interior, además de las violaciones a derechos humanos.

Entre uno de los fenómenos más comunes desde hace unos años en estas cárceles de Latinoamérica está el del autogobierno, por lo general llevado a cabo por bandas delictivas que se disputan entre sí el poder.

Según un análisis regional que hizo hace unos años (publicado en una revista de investigación de Brasil) el sociólogo Sergio Adorno, profesor de la Universidad de San Pablo y estudioso de temas vinculados a la violencia, el problema del crimen organizado ejerciendo el control de las prisiones pasa principalmente en “Venezuela, México, Colombia y América Central”.

“En Brasil tienen mucha fuerza en las cárceles de San Pablo. Tal vez pasa menos en países como Chile, Argentina y Uruguay,  donde las características de la criminalidad son distintas”, agregó.

“Como consecuencia de la crisis carcelaria, hace 10 o 15 años se expandió el sistema penitenciario. Esto favoreció que las bandas criminales se organizaran dentro de las cárceles y establecieran reglas de convivencia interna: quién puede matar y quién no, quién puede portar armas, cómo deben ser las relaciones sexuales”, afirmó.

De alguna manera, según confirmó en ese momento el investigador paulista, el preso es más obediente a lo que determina el crimen organizado que a las normas carcelarias.

Rehabilitación

Uno de los temas más candentes es la función rehabilitadora de la cárcel, que según varios coinciden, no fue prioridad en los últimos años en América Latina. Al contrario, las cárceles se transformaron en un espacio que deja crecer la violencia, los abusos, las redes criminales y que se siga en la actividad delictiva.

El panorama de aquí al futuro no es muy alentador si no se incrementan los cambios necesarios para dar vuelta la pisada.

En el fondo, la persona que sufre

En medio de este panorama entran a jugar un rol clave algunas organizaciones no gubernamentales (no solamente del ámbito eclesial) que tienen como misión la preocupación por las personas que viven esas condiciones (más allá de los datos estadísticos y el rol de los gobiernos de turno). En las cárceles hay muchas personas que por sí mismas no pueden encaminar sus vidas.

A nivel de Iglesia católica es conocida la tarea que desempeña la Pastoral para las Cárceles en todos los países de América Latina.

Otras organizaciones también vinculadas a la Iglesia católica como Caritas acompañan a estas personas y se encargan de generar espacios donde puedan compartir y expresar sus anhelos, dolores y esperanzas.

El apoyo a las familias de los que están atravesando este dolor también es un tema prioritario para estas organizaciones.

Este quizás es el trabajo silencioso que en este momento están realizando muchos para ofrecer una nueva esperanza  a otros que están viviendo con dolor tras las rejas, aunque en muchos casos de forma justificada.

“¿Por qué él y no yo?”

“Ninguna celda está tan aislada como para excluir al Señor, ninguna: Él está allí, llora con ellos, trabaja con ellos, espera con ellos. Su amor paterno y materno llega a todas partes. Rezo para que cada uno abra el corazón a este amor del Señor”, expresó en 2013 el papa Francisco en una de sus audiencias generales, recordando que cuando era arzobispo de Buenos Aires solía llamar por teléfono a algunos de los presos de las cárceles de su país.

Además, en esa oportunidad agregó: Cada vez que llamo a los presos de Buenos Aires, de vez en cuando lo hago para charlar un rato, me pregunto: ‘ Por qué él y no yo?’, ¿merezco yo más que él para no estar allí?, ¿por qué él ha caído y yo no? Es un misterio que me acerca a ellos”.

A lo largo de estos años de pontificado, Francisco visitó cárceles en varias oportunidades y en todos los casos buscó presentarse como un hermano.

Este año en el que se celebra el Jubileo de la Misericordia es bueno tener presente que salir al encuentro del preso se enmarca dentro de este contexto.

 

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