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3 claves para vivir la auténtica masculinidad hoy

Catholic Link - publicado el 18/01/16

Primera: Pensar en la felicidad de los demás antes que en la mía

El ser humano ha sido diseñado para vivir en familia. Es algo que percibimos desde la niñez cuando formamos parte de un hogar con papá y mamá. En ella comenzamos a tener nuestro espacio y nuestras responsabilidades. Luego, cuando somos adultos, muchos de nosotros empezamos a construir una familia con la persona adecuada.

Ya lo decía el Papa Francisco en el inicio del más reciente Sínodo de las Familias: “Éste es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca”.

A pesar del pedido del Papa, hoy vivimos en un tiempo durísimo para la institución familiar.

Es común encontrarnos con hogares divididos: niños que crecen con muchas heridas, sin un amor sólido y consistente. Incluso también encontramos familias “bien constituidas” pero que viven un fuerte individualismo, con padres enfocados casi exclusivamente en su trabajo, en sus gustos y desenfocados de la preocupación y el cuidado de los suyos.

Tristemente estas actitudes van minando sueños, distorsionando anhelos y menguando la posibilidad de que nuestros futuros adultos tengan una idea verdadera de cómo construir lo que será su propia familia.

El video presentado en este post, Un llamado a la batalla, es un cortometraje realizado por la arquidiócesis de Phoenix que trata sobre la “crisis de la masculinidad” y nos presenta una aproximación a la realidad actual de la familia desde la perspectiva del hombre, dando luces sobre cuál debe ser su rol y las acciones que está llamado a tomar para defender y proteger lo suyo.

El artículo continúa después de esta recomendación:

Existe una gran necesidad de que el hombre descubra quién es”, apunta el video y en esto tiene razón pues la verdadera masculinidad no debe guiarse por los “modelos a seguir” que la “cultura” nos vende, sino que debe partir del propio compromiso interior –de cara a Dios– de vivir con valentía la propia identidad y desplegar los dones que nos han sido dados para cuidar, proteger y amar a nuestra (actual o futura) familia.

A continuación resalto algunos criterios que el video nos propone para comprender y conocer mejor las características de la masculinidad que estamos llamados a vivir con mayor esfuerzo en el día a día:

1. Pensar en la felicidad de los demás antes que en la mía: de eso se trata el amor. El hombre debe ser el que se da, el que sirve, el que protege a los suyos, tratando de ponerlos en primer lugar. Este esfuerzo de generosidad es la forma cómo expresa el amor cotidianamente. Un ejemplo de ello es lo que el hombre hace cuando asume su misión en el trabajo como concreción de la entrega diaria por los seres que ama, pensando en su presente y en su futuro.

2. Dios nos pone como encargo cuidar la dignidad de cada mujer, y para cumplir esta tarea corresponde cuidar también la propia dignidad. Se hace necesario y más en estos tiempos, aprender el señorío de uno mismo. Entrenar esta cualidad nos permite manejar y dominar las pasiones (que nos ganan muchas veces la partida), de este modo cuidar nuestra dignidad como hombres auténticos. Teniendo un correcto dominio de nosotros mismos podremos darnos con completa libertad.

3. Solos no podemos: la importancia de la amistad. Los hombres aprendemos a ser hombres teniendo como modelos a otros hombres, nos desafiamos, nos animamos y vamos creciendo en nuestra masculinidad. El espacio que nos dan los amigos es muy valioso para el propio crecimiento, por ello es importante tener a Dios como amigo, permitir que se quede en nuestro corazón, y que nos desafíe a ser mejores.

Para finalizar, los invito a mirar el ejemplo de san José que supo llevar en brazos a Jesús, cuidando a su esposa María y a su Sagrada Familia. Él fue un padre generoso, preocupado y trabajador, bendecido por la presencia constante del Señor en su vida. Dios nos llama a ser los hombres que debemos ser para poder contribuir a devolver el brillo y la grandeza a la familia humana.

Artículo originalmente publicado por Catholic link

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