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Carta mi hijo: La gran aventura de hacerte mayor

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Hoy empiezas una segunda carrera que es la que verdaderamente importa y que terminara en la meta de ser un adulto responsable

 

Tu madre y yo hemos tenido el orgullo y la satisfacción de asistir a tu ceremonia y fiesta de graduación de tu carrera de Arquitectura. Te vimos radiante, optimista, proyectando esa impaciencia por actuar, por hacer grandes cosas en la vida.

Lo cierto es que empiezas una segunda carrera que es la que verdaderamente importa y que terminara en la meta de ser un adulto responsable. Una meta que te exigirá vivir a fondo la fidelidad a los principios que te hemos enseñado, pues sales de nuestras trincheras para caminar a campo abierto, hacia tu futuro con decisión, haciendo camino al andar.

Pensamos que lo lograras, pero deberás superar aun dos últimas crisis de crecimiento en tu autenticidad.

La crisis de la autenticidad de la persona, ante el riesgo de la libertad.

A tus veinticuatro años eres toda sonrisas, saboreando una autonomía en la que empezaras a obtener los frutos de un trabajo profesional que te dará grandes satisfacciones, pero que también te abrirá las puertas a un mundo que te hará propuestas para engancharte en la “buena vida”.

Te verás por ello expuesto a constantes tentaciones de tantos sectores de la sociedad rastreramente mundanizados como: “movidas”, sexo, modas, ropas provocativas, bebidas, comidas, drogas, música, películas. Vida que lejos de personalizar, masifica animalizando, es decir, avivando las pasiones más bajas para que tomes decisiones pobres, pues no importa lo que hagas o como pienses por muy errado que sea, porque según ellos lo “verdaderamente importante” es que seas tú. Cuando como persona es lo que menos les importa.

Viaja, diviértete, prueba, conquista, viste, atrévete, se original, libre moderno… se tú, se autentico.

Te ofrecerán la autenticidad como un producto al gusto de las personas, algo así como leer el contenido de una etiqueta que dice: con saborizante artificial, colorante artificial, edulcorante artificial, conservadores, etc. todo con un auténtico sabor a chocolate.

Un mundo que pondrá a prueba tu conducta en la aspiración para conducirte con valores que le den sentido a tu vida y llegar a ser como persona, lo que auténticamente debes ser.

Un mundo que puede romper en pedazos el bellísimo proyecto de ser persona, cuyo signo de autenticidad es la coherencia de vida para tomar las más grandes decisiones en relación con Dios, la familia, la sociedad, el trabajo.

Un mundo que puede arrastrarte a una inevitable y triste adultez a través de una juventud vacía.

La crisis de la autenticidad de la persona, ante La crisis de la experiencia:

Consideras ya cosas muy importantes en tu vida: como el inicio de un trabajo formal a nivel profesional, tal vez por ello un cambio de ciudad o de país, empezar a ahorrar para para comenzar un patrimonio, casarte…

Pero nadie puede decir “de esta agua no he de beber”

Deberás aprobar la asignatura de ajustar el idealismo propio de tu juventud con la realidad de la verdadera madurez. Además de conocer tus propias limitaciones, es posible que tropieces con obstáculos económicos, laborales, de amistad, familiares, salud etc., leves o severos.

El choque y los desánimos ante estas realidades, se deben a la falta de experiencia de la vida misma en la que tarde o temprano aparecen, por lo que no debemos dejarnos arrastrar por el abatimiento, sentirnos víctimas, o avergonzarnos; sino enfrentarlos y marchar con la cruz en alto dando el testimonio que marca la diferencia entre la vida buena de quienes han cultivado su interioridad, y la buena vida de los placeres sensibles que dejan vacía a la persona.

La vida buena nos exige que ante las dificultades, no echemos por la borda los grandes ideales previamente forjados, sino que estas encajen de tal manera que se pongan a su servicio, aunque haya que adecuarlos con esfuerzos.

La vida buena te exigirá muchas renuncias, dedicación, olvido de tí mismo, sacrificio y esfuerzo perseverante, pero es el camino donde buscar tu autenticidad y ser auténticamente feliz.

Serás desde ahora Arquitecto de tu propio destino.

Con amor, tu padre.

 

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