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Si no funciona la Gemoterapia, ¿por qué se practica tanto?

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El uso de las piedras con fines mágicos, curativos y de adivinación es una constante en todas las civilizaciones

Todas las civilizaciones han valorado estas rocas, desde los egipcios, los indios o los chinos, hasta los pueblos mediterráneos y los pueblos americanos o del Pacífico.

Se les han atribuido propiedades estéticas, pero también de realeza y por lo tanto divinas, y con ello mágicas, curativas o de adivinación.

Esto ha significado incluso la creación de libros sobre sus propiedades mágicas, los «lapidarios», como los de Muhammad Ibn Mansur, del siglo XII, o el traducido por el equipo de Alfonso X el Sabio en España, del siglo XIII, que fueron derivando en tratados más serios y científicos de mineralogía.

Se dice que las piedras, y con ello las gemas, son seres naturales de la misma tierra, lo cual es cierto, pero seguidamente se dice con igual rotundidad que forman parte del conjunto vital y energético, y por lo tanto ayudan para la vida y en unión con todo lo vivo.

A esto se da un sentido místico y esotérico, de conocimiento antiguo y ancestral para derivar toda una serie de afirmaciones falsas y sin fundamento.

Algunos dicen que sus propiedades se activan al ser tocadas o llevadas en el bolsillo, o colgadas al cuello, o bien al ser colocadas sobre la columna vertebral, o en ciertos lugares del cuerpo, a veces calentando las gemas; o que muestran sus propiedades al ser colocadas debajo de la cama o en ciertos lugares de la misma casa.

En ocasiones se recomienda embadurnarlas a ungüentos y aceites, o incluso hacer elixires bebibles con ellas al ser remojadas y sumergidas en líquidos.

La multitud de formas de uso tampoco indica una organización clara sobre la forma de toma y aplicación, sino un desordenado recetario sin sentido.

Algunos tratados de gemoterapia consideran que la función de las gemas es la de distribuir la energía por el cuerpo, por el hogar, por el lugar de trabajo, etc., aspectos nunca experimentalmente vistos.

Algunos llegan a mencionar el magnetismo como causa de sus supuestas propiedades terapéuticas, si bien esta propiedad no tiene realmente nada que ver con la energía magnética que estudian los científicos físicos, pues no se mide como ésta.

Hoy en día se habla simplemente de energía o de energías, sin mayor precisión. Otras veces se emplea una terminología más difusa, como es reequilibrar, o armonizar, sin significado científico, tratando de la energía corporal o del universo, algo que tampoco tiene ninguna evidencia, y más bien ninguna prueba, resultando ser todo ello un conjunto de afirmaciones sin base, puramente mágicas e irracionales.

Para responder al origen de sus supuestas propiedades terapéuticas se hacen afirmaciones relativas a la energía celular, la influencia de las radiaciones en el cuerpo, los campos eléctricos y las propiedades musculares o nerviosas, y en general a los procesos bioquímicos

No obstante, estos aspectos son resultado de la investigación científica, y de un método de trabajo serio, racional y metódico que en nada se acerca a las afirmaciones vagas, generalistas e infundadas de la gemoterapia, que solo intenta apoyarse en ellas sin entenderlas, para ganar aceptación.

A veces se dice que las gemas, los minerales, las piedras o los cristales, son como baterías, y al llenarse de malas energías hay que limpiarlos, con métodos tan llamativos como mojarlos, calentarlos al fuego, someterlos a sonidos de campanillas o exponerlos a la luz de la luna.

Nada de científico tiene ni el estar cargados de energía alguna ni de limpiarse, sea lo que signifique esto, bajo estos métodos tan llamativos en pleno siglo XXI.

En ocasiones también se da forma a las gemas, ya piramidal, esférica, ovoidal, o en formas de barras o puntas. Se considera que la geometría ayuda también en las propiedades que dicen tener.

La gemoterapia también habla de que las gemas pueden recoger nuestros deseos, al concentrarnos en ellos y deseando traspasarlos a la gema, de forma que así adquieren la información de nuestros deseos.

Ligado a esto está lo que algunos llegan a decir, que las propiedades de las gemas dependen de la intuición, y que la piedra se liga a su poseedor, de forma que uno debe pensar e imaginar qué desea y busca, y de esa forma e intuitivamente coger la piedra entre muchas posibles que le están esperando.

En definitiva, todo esto es superstición, pensamiento mágico, anti-científico, ilógico, absurdo y no contrastado ni con pruebas ni con evidencias, sino contrario a los resultados y conocimientos de la razón humana.

Se puede explicar por la ignorancia de muchas personas, por el deseo de creer en algo trascendental, por el vacío de la crisis de la religión cristiana en Occidente, por efectos psicológicos como el placebo, o por argumentos falaces o falsos como son el argumento basado en que se viene diciendo desde hace mucho tiempo (argumento «ad antiquitatem«), o que mucha gente lo cree (argumento «ad populum«), o incluso por el hecho de que la ciencia médica no ha descubierto las causas y remedios de algunas enfermedades, por lo que algunas personas tienden a probar otras opciones, aunque parezcan absurdas o descabelladas (argumento «ad diversum«).

Cuando creíamos que la razón y la ciencia marcaban el rumbo del hombre moderno, así como un pensamiento filosófico de base occidental y una religión cristiana de confluencia y entreveramiento de fe y razón, el siglo XIX y XX y el actual siglo XXI ha devenido en una fuerte irracionalidad y un elevado sentido mágico y pseudo-científico, en gran parte difundido por las tecnologías de la información, como Internet, o los medios de comunicación social, donde la verdad y la mentira se igualan en muchas ocasiones y se mezclan en un mundo relativista y de corrección política donde se considera que todas las opiniones tienen su valor y su lugar.

Y esto es muy peligroso, como dice mi hermano santo Tomás de Aquino, «error circa creaturas redundat in falsam de Deo scientiam» (Contra Gentiles, c. 3), es decir, «un conocimiento equivocado de las ciencias naturales, las criaturas, lleva a un falso conocimiento sobre Dios, el Creador».

 

BIBLIOGRAFÍA:

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