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Maggie: Zombis con mensaje

Tracy Bennett
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Un drama muy duro (y casi sin sangre) que habla sobre todo de la familia

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 17 AÑOS – Imágenes de alto contenido violento o sexual

El estreno de Maggie (Henry Hobson, 2015), la última película estrenada protagonizada por Arnold Schwarzenegger seguramente despistará a más de uno. Aunque ya hablamos de ella en su día (http://es.aleteia.org/2015/07/10/maggie-entre-lo-correcto-y-lo-humano/) conviene recordar al menos una cuestión. No estamos ante una típica película de acción propia de su protagonista. Maggie es un drama muy duro (y casi sin sangre) que habla sobre todo de la familia.

A algunos les resultará extraño que estemos hablando de un drama cuando hay zombis de por medio, aunque en realidad los muertos vivientes no son otra cosa que eso, un drama. Los cuerpos muertos que se levantan y andan han servido, desde que fueron creados por George A. Romero en 1968, para dar forma a conceptos abstractos y a veces incómodos, pero inherentes a la especie humana. Sin ir más lejos, no hace falta más que ir a un centro comercial para percatarse de que vivimos rodeados de zombis. Romero se dio cuenta de esto antes que nadie, en 1978 con Zombi (Dawn of the Dead), una película terriblemente truculenta, prohibitiva para determinados estómagos pero también con un mensaje muy claro. Vivimos en una sociedad como muertos vivientes, esclavos del consumismo, la economía y las apariencias sociales.

Ahora los zombis han regresado y lo han hecho por la puerta grande con superproducciones y exitosas series de televisión. La cuestión va más allá de un mero fetichismo de lo horrible porque probablemente sea el zombi el monstruo que mejor ejemplifica aquello de que “la diferencia al margen del sistema aterroriza porque sugiere la verdad del sistema, su relatividad, su fragilidad, su fenecimiento”. Por si fuera poco los muertos vivientes son los monstruos más desgraciados porque no son atractivos, ni rápidos, ni si quiera fuertes.

En Maggie los zombis son una cuestión secundaria que asfixia un entorno nihilista y que pone a su protagonista en el más horrible callejón sin salida. Los zombis, como han hecho siempre, invitan a reflexionar sobre todo a aquellos quieran meditar sobre lo que están viendo. Como se cuestionaba Jorge Martínez Lucena en su excelente trabajo Ensayo Z, ¿hasta qué punto un apocalipsis zombi implicaría la pérdida de toda esperanza y por tanto de todo rasgo de humanidad en el ser humano? ¿No hay otra opción?

Schwarzenegger en Maggie, se empeña en conservar lo que todavía hay de humano en él y es curioso que esto se manifieste a través de un sentimiento de esperanza más allá de toda lógica. Seguro que esto le suena a más de uno. Las películas de muertos vivientes son prolíficas en esto, en personajes aferrados en su humanidad ejercida como una abrumadora esperanza donde casi no debería tener cabida.

Esto es Maggie, p ero también La noche de los muertos (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) y por supuesto también la serie The Walking Dead (Frank Darabont, 2010-2016).

 

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