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Críticas al arzobispo de Bruselas por su oposición a la eutanasia en los hospitales… católicos

BELGA/AFP
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En Bélgica, la eutanasia está despenalizada e incluso socialmente aceptada

Menos de un mes después de haber tomado posesión de su cargo, el arzobispo de la diócesis belga de Malinas-Bruselas, Jozef De Kesel, se encuentra ya frente a una gran controversia.

En un país donde la eutanasia está despenalizada e incluso socialmente aceptada, el obispo afirmó de forma categórica que ninguna institución católica estaría autorizada a ser escenario del «homicidio por compasión».

Paul Russell, de la asociación HOPE, contraria a la eutanasia y al suicidio asistido, indica que el arzobispo, que entró en ejercicio de sus funciones el 12 de diciembre, ha declarado en una de sus primeras entrevistas a los medios de comunicación que los hospitales y centros de atención católicos tienen el derecho a rechazar la eutanasia y el aborto.

Para prevenir el ejercicio de la eutanasia y el suicidio asistido, hay un conjunto de grupos y personas que se oponen a la legislación vigente tocante a estas dos materias y defienden medidas que volverían a hacer de la eutanasia y el suicidio asistido dos actividades impensables.

Russell recuerda que la ley vigente en Bélgica se remonta a 2002, año en que un proyecto de ley justificó legalmente el acto de la eutanasia; pero que su práctica no ha sido totalmente legalizada.

El arzobispo cita a un miembro suplente durante diez años de la Comisión de evaluación de la eutanasia, Fernand Keuleneer, que ha declarado: «Es un error afirmar que la ley exige que los hospitales católicos apliquen la eutanasia».

«Si el derecho a la eutanasia es rechazado, habrá problemática»

Las declaraciones de De Kesel han sido recibidas con desdén por parte de ciertos responsables oficiales, en especial por Wim Distelmans, co-presidente de la Comisión de evaluación de la eutanasia, que ha dicho que «si el derecho a la eutanasia es rechazado, entonces habrá problemática».

«El funcionamiento de las instituciones católicas y de las subvenciones debe respetar la ley», añade Jean-Jaques De Gucht, un diputado liberal.

«Cada institución debe asegurar que los pacientes que cumplen con los criterios tengan la posibilidad de recurrir a la eutanasia», manifiesta la diputada Valerie Van Peel.

Willem Lemmens, profesor de ética, ha declarado que la firme posición del arzobispo no es coherente con la realidad de la práctica en las instituciones católicas de la archidiócesis.

Lemmens señala que estos últimos años, todos los principales centros de atención y hospitales católicos en Flandes han trabajado según las directivas y permisos que regulan la eutanasia, ya sea en sus propios centros o en aquellos a los que derivan a los pacientes.

Nada en el artículo de Russel refuta estas afirmaciones, aunque también es posible que las políticas sigan, de hecho, la doctrina católica, pues deja seguir el curso de la naturaleza cuando se juzga que una intervención médica causaría más daño que bien a un paciente agonizante.

[Nota del editor: Se suele utilizar la palabra eutanasia de forma engañosa, distinguiendo entre eutanasia activa y eutanasia pasiva. La «eutanasia pasiva» es un término falso: evitar el encarnizamiento terapéutico o medicar a un paciente para que sufra lo menos posible en la agonía no es eutanasia, y es una práctica perfectamente coherente con la enseñanza de la Iglesia. Eutanasia es directamente el homicidio del paciente]

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