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¿La Iglesia católica pide como diezmo una cantidad fija?

6 min de lectura
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Crédito: Freedom Studio

El diezmo tiene sus raíces en el antiguo Testamento, sin embargo, la Iglesia católica no pide una cantidad específica, lo deja a la caridad de los fieles

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El diezmo ha sido en el ámbito civil, incluso desde la época romana, un impuesto que se pagaba en razón a una contraprestación ya sea por una autorización a ejercer una labor económica ya sea por el derecho a usar un terreno, etc... El origen del diezmo es muy antiguo, pues en el ámbito religioso ya se habla de él en el Antiguo Testamento. Entonces, ¿cómo se da a la Iglesia católica?

El origen del diezmo

El diezmo era el 10% o los diez primeros frutos o la décima parte de los productos ofrecidos a Dios; y quizá se instituyó evocando simbólicamente los diez mandamientos. Según la Ley Mosaica, el diezmo era obligatorio.

Según su etimología la palabra diezmo se entendía por la décima parte de los frutos que provenían de los campos y animales; pero ojo, que aquí sólo se habla de productos (de aceite, de trigo, del vino, etc.), no de dinero.

Es decir, bíblicamente hablando, el diezmo nunca fue una ofrenda a Dios y/o para estar a su servicio hecha en dinero sino en especie (Lev 27, 30-32. Mal 3, 8-10), y en tiempos de Esdras se habla sólo de los diezmos de cereales y frutos.

Se sabe que el primer diezmo que aparece en la Biblia fue el dado por Abram (quien se llamaría después Abraham) al sacerdote Melquisedec en acción de gratitud (Génesis 14, 20).

Los sacerdotes levitas

Posteriormente se instituyó el diezmo a favor de los sacerdotes levitas. Dios llevó a su pueblo a la tierra prometida, allí les repartió la tierra a las once tribus. Como la tribu de los levitas tendría que dedicarse al servicio del culto a Yahveh, las demás tribus restantes tendrían que dar el diezmo para sostener el SACERDOCIO JUDÍO. Este sacerdocio debía mantenerse hasta la llegada del Mesías.

De manera pues que el diezmo era la manera de sustentar la tribu israelita de Leví que no podía poseer herencias de tierras; como su labor era dedicarse al servicio del tabernáculo, habían quedado sin parcela al repartirse la tierra de Canaán (2 Cro 31, 5-19).

“A los hijos de Leví, les doy en herencia todos los diezmos de Israel, a cambio de su servicio: del servicio que prestan en la tienda del encuentro" (Núm 18,21).

Lo que recibía la tribu de Leví por parte del pueblo Judío era el 10% de lo que rindieran todas las otras tribus de Israel. El diezmo tenía que ser administrado no solo para el servicio del culto sino también para las obras de caridad (Deuteronomio 26, 12-13).

De manera pues que para el libro del Levítico, el diezmo es un impuesto a beneficio del templo; según el libro de los Números, un impuesto a favor de los levitas; y para el libro del Deuteronomio el diezmo es un banquete gozoso ante Yahvé en el que el diezmo (en especie) es consumido, y cada tres años, una obra a favor de los necesitados.

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¿Qué dice el Nuevo Testamento?

En este nuevo pacto ya no hay diezmo, porque ya no hay que sostener al "sacerdocio" judío.

Es por esto que, pasando ahora al Evangelio, el diezmo es un tema ausente ya sea en la predicación de Jesús, ya sea en la predicación apostólica. Ni Jesús ni los Apóstoles ni recomendaron, ni pidieron o mandaron pedir el diezmo.

En la Iglesia no se ve más esta orden u obligación de pagar el diezmo, sino que pedían lo que saliera del corazón. Lo que Jesús dice a sus discípulos es "coman lo que les den" (Lc 10, 7).

De hecho, no existe ninguna referencia bíblica que diga a un cristiano que tenga que dar el diezmo.

Y en el libro de los Hechos de los Apóstoles (la historia de los primeros años de la Iglesia), no se menciona la palabra diezmo ni una sola vez. Existen cantidad de ejemplos de personas que dieron dinero de "corazón", pero jamás se menciona el diezmo.

Pablo es muy claro, hay que dar lo que se pueda y de manera espontánea pues Jesús mismo al establecer su Iglesia dijo que los que vivan para el anuncio del Evangelio, que vivan del Evangelio (1 Co 9, 13-14) (1 Tim 5,18) no de cobros a los fieles.

En el Nuevo Testamento se menciona la palabra diezmo solo en tres ocasiones y en una triste relación con los maestros de la ley, muy criticados por Jesús (Lc 18, 12-14; Mt 23, 23; Lc 11, 42).

Que quede claro: la comunidad primitiva no se financió con ninguna clase de diezmo.

Ayudar según su posibilidad

En la Iglesia católica no existe el diezmo ni en el sentido veterotestamentario ni en el sentido de algo "impuesto"; lo que la Iglesia pedía y pide es una corresponsabilidad.

Una corresponsabilidad que se entienda como una aportación libre y voluntaria, fruto de la fe de los feligreses para hacer frente a las necesidades económicas de toda la comunidad eclesial.

El quinto precepto de la Iglesia indica la obligación de ayudarla en sus múltiples necesidades materiales, pero cada quién SEGÚN SU POSIBILIDAD. Y “la Iglesia tiene el derecho nativo de exigir de los fieles los bienes que necesita para sus propios fines” (Canon 1260).

En ningún documento oficial de la Iglesia se menciona la posibilidad del diezmo y menos aún como un cobro del 10% del sueldo de nadie: ni diario, ni mensual; ni tampoco que se pida con alguna regularidad o frecuencia.

Ahora bien la Iglesia no exime de la obligación moral de contribuir a su favor pues es un deber de justicia (no confundir con un deber de caridad que es otra cosa); al contrario, nos enseña que el cristiano debe dar a la medida de Cristo y por amor a Él, según sus propias capacidades.

Lo que la Iglesia sí dice es que: “los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas y de caridad y el conveniente sustento de los ministros” (Canon 222).

La Iglesia, haciendo eco de las enseñanzas de San Pablo, recuerda la obligación de los fieles de contribuir generosamente con las necesidades de la Iglesia según sus posibilidades; pero la manera cómo esta contribución se deba llevar a la practica no está definida por una ley igual para toda la Iglesia universal.