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“Point break”: ya no le llaman Bodhi

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Un «remake» al que le falta la – ya poca – profundidad del original

Calificación por edades: no recomendada a menores de 13 años

Trailer: https://youtu.be/XfdM7nS7eks

Casi 20 años antes de convertirse en la primera mujer en recibir un Oscar a la mejor dirección por “En tierra hostil”, Kathryn Bigelow dirigió en 1991 la película que esta semana recibe su correspondiente remake en esta era de productoras con ganas de jugar sobre seguro.

Contando con dos actores de segunda fila aunque carismáticos como eran Keanu Reeves y el tristemente desaparecido Patrick Swayze, este logró componer un personaje absolutamente soberbio, creíble y arrebatador, un alma libre para quien cometer atracos a bancos (“no se preocupen, su dinero está asegurado”, tranquilizaba a los clientes de la sucursal) era solo una diversión más con la que costearse la temporada de ir al límite con el resto de la pandilla de la que era casi líder espiritual, de ahí su sobrenombre como homenaje a Bodhidharma, fundador del budismo Zen.

Lo primero que llama la atención es que en su promoción en España no se ha hecho la menor mención a que “Point Break” es el remake de “Le llaman Bodhi”, por lo que cuesta entender si la razón es simple pereza, falta de reconocimiento a la consideración generalizada de clásico de los 90 de la película original o se trataría de una estrategia calculada para tratar de conseguir un reconocimiento propio al quedar alejada de las siempre odiosas comparaciones, algo esto último que se antoja improbable en plena corriente de remakes de títulos de la época como “Desafío total”, “Robocop”, “Juez Dredd”, “Terminator”… que tratan de aprovechar el recuerdo del original para a modo de “efecto llamada” el espectador acuda en masa a llenar patios de butacas.

Pero en realidad lo que ofrece “Point break” es la concepción más próxima a un remake canónico: volver a contar lo mismo actualizando lo que se habría quedado “viejo” si viésemos hoy esa película y aprovechando los medios técnicos actuales. Por el camino se ha quedado la profundidad (tampoco demasiada, seamos honestos incluso con los buenos recuerdos) del desarrollo de los personajes de la película original, recurriendo aquí a una mera colección de esbozos.

Pero dejando esto a un lado el producto final cumple a la perfección al ofrecer justo lo que promete desde el trailer y lo que sin duda esperarán quienes sí se hayan enterado de que estamos ante un remake: grupo de atracadores con pasión por las prácticas deportivas de riesgo, policía infiltrado que se ve obligado a averiguar sus propios límites, némesis no tan carismática como el inolvidable Patrick Swayze pero a la altura de las expectativas. Y espectáculo, mucho, dinámico, visualmente impresionante espectáculo.

Quienes recuerden aquellos alocados atracadores saltando en paracaídas sobre un lago deben saber que en la versión 2015 de esa historia el punto de arranque para medir la adrenalina que impulsa a los protaginistas casi sería ese…y de ahí para arriba.

Suena bien ¿verdad? Pues en el fondo sí, pero tanta acción, tanto frenetismo, tanta imposibilidad para estarse quieto y para que los personajes crezcan ante nuestros ojos y tanta facilidad para lanzar desde la pantalla persecuciones, acrobacias, explosiones, saltos, caídas… tiene un riesgo al que sí sucumbe: que a mitad de metraje el espectador se pregunte “¿cómo se llama este refresco que están intentando venderme en este anuncio de casi dos horas?”.

 

 

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