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El ejemplo de Kobe Bryant: por qué una familia santa no está hecha de ángeles

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«Lo único que me ayudó realmente durante ese proceso fue hablar con un sacerdote”

Kobe Bryant, una de las estrellas del baloncesto de todos los tiempos [fallecido el 26 de enero de 2020 en accidente de helicóptero] , protagonizó un post en Church Pop con ocasión de la fiesta de la Sagrada Familia el 27 de diciembre de 2015. ¿Por qué?

Muchos no saben que Bryant, nacido en Filadelfia en 1978, creció en una familia católica y que a los seis años su familia se trasladó a una hora de Roma, tanto que el campeón de la NBA siempre conservó el dominio del italiano.

Con 23 años, Bryant se casó con Vanessa Laine, de 19 años, también católica. En 2003 nació su primer hijo.

Ese mismo año, ocurrió algo que dañó su reputación –muchos patrocinadores lo abandonaron por ello-, su matrimonio –su mujer le pidió el divorcio años después- y a él mismo profundamente.

Bryant fue acusado de violar a una muchacha en su habitación de hotel mientras se encontraba en Colorado para una cirugía de rodilla.

El jugador admitió haber mantenido relaciones con la chica y se disculpó públicamente, pero negó la violación.

Sentía mucho miedo a ir a la cárcel. En 2004 un juez archivó las acusaciones por violación, pero la mujer presentó una demanda civil contra Bryant, que se resolvió fuera de los tribunales.

Aunque Bryant y su esposa permanecieron juntos durante algunos años tras las acusaciones, y tuvieron incluso un segundo hijo, en 2011 la mujer le pidió el divorcio.

Pero la historia no termina aquí…

En una entrevista a GQ el pasado febrero, Bryant explicó cómo su fe católica lo ayudó a enfrentar el mal momento provocado por su infidelidad.

Lo único que me ayudó realmente durante ese proceso –soy católico, crecí como católico, mis hijos son católicos– fue hablar con un sacerdote”, asegura.

“Fue casi divertido. Me miró y me dijo: ‘¿Lo has hecho?’, y yo dije ‘Obviamente no’. Luego preguntó: ‘¿Tienes un buen abogado?’, y dije ‘Sí, es muy bueno’. A lo que él respondió solamente esto: ‘Déjalo ir, sigue adelante. Dios no te dará nada que tú no puedas enfrentar, y ahora todo está en sus manos. Es algo que no puedes controlar, por lo tanto, déjalo estar’. Y ese fue el punto crucial”.

En 2013, Bryant y su mujer anunciaron su reconciliación y haber suspendido la cuestión relacionada con el divorcio.

Es importante recordar que ser una sagrada familia no es una abstracción, sino una realidad concreta.

Una sagrada familia no está hecha de ángeles sino de pecadores, cuyo amor por Dios y cuyo amor recíproco no permiten que la muerte provocada por el pecado impida buscar la vida resucitada que deriva del perdón.

Muchas personas han crecido en la fe católica, se han casado con un católico según la Iglesia católica y están buscando permanecer fieles a sus votos y educar a sus hijos como católicos.

Actualmente es difícil lograr hacer todo esto. El pecado y la falta de perdón no hacen más que aumentar la oscuridad que muy a menudo lleva a la muerte de matrimonios y familias.

Bryant y su esposa eran evangelizadores católicos que a través del ejemplo de su vida enseñaban a otros esposos y a otros padres que vivían un momento oscuro y estaban al borde de la desesperación a percibir la luz en la oscuridad y a aprender de esta experiencia y a nacer nuevamente en Cristo como esposos y padres, según la voluntad de Dios.

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