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¿Cómo están los estudios de la Sábana Santa a día de hoy?

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Un interesante libro publicado en Italia en 2015 hace balance de los resultados de las investigaciones

Según el matemático Bruno Barberis, profesor de la Universidad de Turín, el cálculo estadístico de las probabilidades de que la Sindone sea auténtica, es decir, que se trate efectivamente del lienzo funerario de Jesús, derivado de la imponente mole de datos a nuestra disposición, está valorado en 225.000 millones contra 1 (B. Barberis, “L’uomo della Sindone e il calcolo delle probabilità”, en: AAVV, “Sindone. Vangelo-storia-scienza”, Elledici 2010, p.231-246).

Estas numerosas informaciones, estudiadas desde hace años por los historiadores, científicos y sindonólogos, están bien recogidas en un volumen publicado este año en Italia, titulado: “2015. La nuova indagine sulla Sindone“, Priuli&Verlucca 2015. El autor es Pierluigi Baima Bollone, profesor emérito de Medicina Legal en la Universidad de Turín y presidente honorario del Centro Internacional de Sindonología.

Como él mismo explica, “este libro se propone el doble objetivo de establecer una conexión entre los conocimientos sobre la Sindone, las más recientes exegesis de la narración de la Pasión y de la Crucifixión neotestamentaria y los más modernos descubrimientos en el ámbito humanístico, arqueológico, de ciencias médicas y físicas” (p.5).

Es un bello y exhaustivo síntesis de los trabajos y de los resultados disponibles hasta hoy sobre la Sindone desde el punto de vista histórico y científico, los dos tipos de macro-acercamiento sobre la reliquia.

Buscando la Sindone en el tiempo

Existen diversas representaciones del rostro de Cristo desde el siglo III que parecen recordar el sindónico, en neta discontinuidad respecto al modo clásico con que se solía representarlo. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, la primera prueba histórica de verdad fiable de la Sindone se da hacia finales del siglo VII, cuyo rostro fue reproducido sobre monedas de oro y plata que se remontan al primer periodo del reino de Justiniano II (685-695), inmediatamente después del Concilio de Trulano, en el que se dispondrá (en el canon 82) que la imagen de Cristo sea representada como un hombre y no simbólicamente.

Las características del rostro presente en estas monedas coincide increíblemente con el sindónico, y se pueden encontrar todas sus características, incluido el respeto y la correspondencia de las proporciones: largos cabellos detrás del hombro derecho y delante del izquierdo, un mechón central parecido a la imagen hemática con forma de épsilon en la misma colocación topográfica, ceja izquierda más arqueada que la otra con motivo de una tumefacción, etc. La mano muestra sólo cuatro dedos largos, igual que la Sindone (a causa del rigor mortis).

Gracias a sofisticadas técnicas de sobreposición en luz polarizada, se han identificado más de cien puntos de congruencia (Wangher M.V. y Wangher A.D., The impact of the Face Image on Art, Coins and Religions in the Early Centuries, Insert for CSST News, julio 2007). En el 705, Justiniano II hizo acuñar otro rostro de Jesús (más semítico), mientras que imperadores posteriores (desde Miguel III) retomaron el rostro sindónico apenas terminó la iconoclastia.

Según Baima Bollone, que se ocupa también a nivel científico de numismática, “es evidente la exclusiva dependencia del rostro de la Sindone […]. Hoy no es sólo verosímil, sino verdaderamente fuera de dudas que se tomó, como modelo para difundir y publicitar el rostro de Cristo, el de la Sindone, que permitía presentarlo con caracteres identitarios precisos” (p. 32,34).

Campañas encarnizadas

Interesantes también algunas notas históricas sobre las numerosas campañas mediáticas que desde siempre se han elevado con misteriosa violencia contra la autenticidad del lienzo, desde las primeras fotografías de Secondo Pia de 1898 que revelaron el comportamiento positivo de la imagen sindónica sobre los negativos fotográficos. Las fuertes críticas de manipulaciones y falsedad han ignorado siempre las confirmaciones y demostraciones.

Significativa, por ejemplo, la campaña mediática orquestada contra el célebre zoólogo ateo Yves Delage, que en 1902 se convenció de su autenticidad después de investigaciones personales: sus trabajos, estimados desde siempre a nivel internacional, por primera vez fueron censurados de las revistas, y la violencia que se levantó contra él fue tal que se vio obligado a retirarse y a renunciar al estudio de la Sindone.

Baima Bollone responde también a varias objeciones grandes y pequeñas contra la autenticidad de la Sindone, demostrando que el lino era efectivamente un material costoso (como indican los Evangelios), usado raramente. La arqueología puede también confirmar la existencia en el mundo antiguo de telares capaces de producir manufacturas de las dimensiones sindónicas, así como es anterior a la era cristiana el tejido “a espina de pez”.

Certezas y desmentidos

El hecho de que en el sagrado lino hay manchas de sangre es ya una certeza granítica, como demuestra la sucesión de confirmaciones por parte de numerosos científicos, igual que ninguna objeción seria ha desautorizado jamás el trabajo de Max Frei sobre la presencia de numerosos pólenes presentes en la Síndone, muchos de los cuales procedentes de plantas que crecen exclusivamente en los alrededores de Jerusalén (tan numerosos que proceden por la contaminación de contacto directo, no por recaída).

Siempre gracias a los pólenes, diversos expertos, incluido el judío Avinoam Danin, han concluido, gracias al periodo de floración de las plantas relacionadas, que el Hombre de la Sindone fue probablemente envuelto en ella en el periodo de marzo-abril: otra confirmación de los Evangelios.

Siempre Danin, autoridad indiscutida de la flora palestina, ha demostrado, por las fotografías de la Sindone, la presencia de la imagen de flores (como el Cistus creticus), que crecen alrededor de la ciudad de Jerusalén (y que también florecen en el periodo de marzo-abril).

Entre los pólenes encontrados, hay algunos de plantas que plantas que crecen exclusivamente también en Edessa y Costantinopla, confirmando así la tradición que habla del paso de la Sindone por esos lugares. En esto se incluye también la tesis de Ian Wilson, historiador inglés y uno de los muchos agnósticos convertidos por la imagen sindónica, según el cual el Mandylion, es decir, el lienzo con el rostro de Cristo venerado por las comunidades cristianas orientales conocido ya en el siglo VII en Edessa, no era otro que la tela de la Sindone plegado sobre sí mismo para mostrar sólo el rostro, contenido en un relicario.

Pruebas a favor y en contra

Efectivamente, por las numerosas descripciones del rostro del Mandylion es posible comparar exactamente las características del rostro sindonico, confirmación llega también de la homilía de Gregorio el Referendario de Constantinopla del 16 de agosto de 944 (el Mandylion fue transportado a Constantinopla el 15 de agosto de 944), en la que el Mandylion es descrito aludiendo a características no solo del rostro, sino también del cuerpo de la imagen impresa en el lienzo.

La reconstrucción histórica de la Sindone, cuando se la relaciona con el Mandylion, es posible (aunque con muchas conjeturas). Tenemos diversos testimonios de su presencia en Constantinopla, importante es el documento de Nicolás Mesarites, custodio del palacio imperial de Bucoleón, que en 1201 recuerda las reliquias conservadas en ese lugar, entre ellas “los lienzos sepulcrales de Cristo” que “envolvieron el inefable cadáver, desnudo y embalsamado, después de la pasión”. Todo el cadáver, no sólo el rostro: también esta es una confirmación del vínculo Mandylion-Sindone. El detalle de la desnudez de Cristo, por otro lado, es inconcebible para la mentalidad de la época, pero sobre todo sin ninguna referencia iconográfico.

Los Cruzados conquistan Constantinopla en 1203-1204 y el paso de la Sindone a Europa está avalado por testimonios creíbles y menos creíbles. Un papel crucial podría haberlo dado Otón de la Roche, participante de la cuarta cruzada y del asedio a Constantinopla; otra tesis la sostiene el historiador inglés Ian Wilson y por Barbara Frale, según la cual a Europa la Sindone habría llegado gracias a la Orden de los Templarios, custodiada por ellos hasta el 1307, año de su disolución. El silencio sobre la suerte de la Sindone es no obstante compatible con las sanciones pontificias al tráfico de reliquias robadas en Constantinopla, que duraron hasta la mitad del 1300.

La primera certeza histórica compartida por todos sobre la Sindone está documentada en Lirey en 1356, propiedad de Geoffroy de Charny. El libro de Baima Bollone – retomando el libro La sindone. Storia di una immagine de G.M. Zaccone – ofrece una confutación eficaz de las convicciones del más activo detractor de la autenticidad del sagrado Lino, el historiador Andrea Nicolotti.

Según el investigador, el obispo de Lirey Pierre D’Arcis se opuso a la Sindone, expuesta por los canónigos de Lirey, escribiendo un Memorial al papa Clemente VII en el que afirma que su predecesor, el obispo Herny de Poitiers, habría investigado el sacro lino descubriendo que era falso, y que habría encontrado a un pintor (anónimo) que admitió haberla pintado.

Ante todo hay que recordar que D’Arcis y los canónigos estaban en guerra desde hace tiempo, ya que estos últimos no habían pedido la autorización para la ostensión de la Sindone al obispo, cuya catedral de Troyes se hallaba en pésimas condiciones, y una afluencia de peregrinos le habría venido muy bien. Además, existe una carta del predecesor de Pierre D’Arcis dirigida a Geoffroy de Charny, en cuyas conclusiones no se hace ninguna mención al presunto fraude de la Sindone sino que, al contrario, le felicita por la fundación de la colegiata de Lirey.

En todos caso, es importante recordar que Clemente VII decidió no creer al obispo de Lirey, tanto que en una de las tres bulas que emanó para resolver la situación define la Sindone como una pictura seu tabula (en lugar de figura seu representacio, como en cambio la define en las otras tres, pero hizo corregir inmediatamente el término sobre la copia de archivo, retomando la definición usada en la primera bula, avalando así la definición dada por los canónigos de Lirey, que creían en su autenticidad.

El primero en usar erróneamente el Memorial de Pierre D’Arcis contra la autenticidad de la Sindone fue el sacerdote racionalista e ilustrado Ulysse Chevalier (1841-1923), a quien se remiten los actuales críticos. Pero este Memorial, como hemos visto, no tiene fuerza alguna para apoyar los fines para los que se usa, además no existe en su versión original, y no se sabe si Chevalier incorporó o no modificaciones, habiendo demostrado no ser muy fiable.

Fue él, de hecho, el probable director de una campaña periodística aparecida en La Croix en 1902, en la que sostuvo falsamente que la Sagrada Congregación de Indulgencias e Reliquias había oficialmente sometido la controversia sobre la autenticidad de la Sindone, planteada por Chevalier, a una comisión ad hoc que habría declarado su falsedad, confirmada después por el pontífice.

La noticia fue ampliamente usada y difundida por Chevalier en numerosos artículos, en los cuales llegó incluso a inventarse frases concretas expresadas por esta comisión. Fe desmentido por el prefecto del Archivo Secreto Vaticano, que negó la existencia de un documento semejante en la documentación de la Congregación. El arzobispo de Turín, Agostino Richelmy, reveló unos años después que, a raíz de este hecho, se intimó a Chevalier a interrumpir la difusión de estas falsedades, cosa que sucedió bien pronto, pues el racionalista católico abandonó el tema.

La prueba del Carbono 14

Otra cuestión bien afrontada en el libro de Baima Bollone es el famoso examen al radiocarbono al que se sometió la Sindone, que dio el responso de una obra medieval. Un resultado que ya nadie se cree, habiendo sido objeto de críticas fortísimas y documentadas por parte de todos los expertos, tanto favorables como contrarios a la autenticidad de la Sindone, así como por los mismos responsables de la obtención de las muestras, y de uno de los laboratorios donde fue analizada.

Ningún acta de las operaciones, personas totalmente extrañas presentes dentro de los laboratorios (como el pastor anglicano David Sox, contrario a la autenticidad de la Sindone), exclusión injustificada de los expertos de la Sindone, programa de las operaciones de recogida de las muestras alterado pocas horas antes del comienzo de los trabajos, recogida de las muestras en la zona más contaminada de toda la Sindone. Tanto que incluso antes del anuncio público del responso, muchos sospecharon un complot a costa del Sacro lino.

Baima Bollone explica también con detalle por qué la “segunda Sindone” producida por Luigi Garlaschelli no es ni siquiera de lejos comparable a la auténtica, igual que se han abandonado las tesis de la formación de la imagen a través de un bajorrelieve caliente: la imagen sindónica, de hecho, no atraviesa el lino sino que se queda en la superficie.

Para fabricar un objeto de las dimensiones de la Sindone habría que conseguir extender una tela rigurosamente paralela a un gran bajorrelieve constantemente mantenido a una temperatura precisa (porque el lino se chamusca oscureciéndose en torno a los 200° y casi instantáneamente se quema destruyéndose a los 220°), posible solo en un moderno laboratorio (sin considerar que las imágenes producidas por el calor son completamente diversas de la de la Síndone).

Tanto es así que el físico Paolo Di Lazzaro, director de investigación en el Centro Ricerche Enea de Frascati, explicó: “la malograda copia de Garlaschelli, al contrario de cuanto declara el profesor, es una ulterior demostración de la improbabilidad de que un falsificador de la Edad Media haya podido realizar la Sindone sin microscopio, sin conocimientos médico-legales, sin un laboratorio químico preparado como el del prof. Garlaschelli”.

La imagen sindonica sigue siendo infalsificable e irreproducible hoy con las tecnologías más avanzadas, las recientes investigaciones realizadas por el Enea di Frascati confirman que los impulsos de láser de excímeros son actualmente el único modo de realizar una imagen parecida a la de la Sindone, además sólo en pequeñas dimensiones, pues no existen aún instrumentos tecnológicos para realizar una imagen grande como la de la Sindone.

Remitimos a una profundización de todo esto en un dossier específico que estamos preparando, y concluimos recordando otro argumento a favor de la autenticidad, aunque sobre él no existe un consenso unánime por parte de los expertos. Se trata de la imagen de dos monedas visibles sobre el rostro sindónico con inscripciones reconducibles a las acuñadas por el procurador Poncio Pilato.

Además, ambas tienen el mismo error (“Caicaros” en lugar de “Kaicaros”) que otra moneda que ha llegado a nuestros tiempos y que procede, evidentemente, del mismo cuño, del año 29-30. Una vez más se da una estrecha concordancia cronológica con la sepultura de Jesús, también considerando que ningún presunto falsificador medieval habría podido poseer, ni siquiera conocer, la existencia de estas monedas, identificadas sólo por los estudios numismáticos a principios del siglo pasado.

Un buen libro, absolutamente aconsejado por su equilibrio y la voluntad del autor de no apoyar a toda cosa una tesis preestablecida, hasta el punto de plantear objeciones a los que niegan la autenticidad de la Sindone, pero también a los que la afirman, cuando sus tesis son débiles o han sido desmentidas.

Poniendo en una balanza las tesis favorables y contrarias a la autenticidad, hay que reconocer que la única hipótesis que resiste de verdad la prueba de la historia y de la ciencia es que la Sindone haya envuelto de verdad el cadáver de Jesús. Este libro lo muestra.

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