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Navidad es la muestra palpable de que Dios no se avergüenza de sus hijos

© ORLANDO SIERRA / AFP
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El obispo de San Pedro Sula pide una reconversión hacia la misericordia y la reconciliación

En su tradicional mensaje de Navidad, escuchado y seguido por miles de hondureños, monseñor Ángel Garachana Pérez, obispo de San Pedro Sula, ha invitado a su pueblo a una reconversión hacia la misericordia y la reconciliación; hacia el perdón y la paz en el Jubileo iniciado el pasado 8 de diciembre en todo el universo católico.

La diócesis de San Pedro Sula es la región de Honduras –y de toda América Latina—más violenta, con un promedio de 91 homicidios por cada cien mil habitantes. Por ello, el mensaje de monseñor Garachana Pérez resuena fuertemente en su país y en Centroamérica.

“En el nacimiento de Jesucristo todo nos habla de misericordia, ha dicho en su mensaje el prelado hondureño. “Misericordia es amor de Dios hasta el perdón total y transformador. Somos amados por Dios hasta el abrazo de la reconciliación gratuita e irrevocable. Acojamos, admirados y agradecidos, ese amor, dejémonos amar, sintámonos amados por Dios”, apuntó.

Más adelante definió la misericordia como “compasión entrañable de Dios” y como “cercanía de Dios a las miserias del mundo, al sufrimiento humano, a las heridas del cuerpo y del alma, a sus hijos humillados en su dignidad por la injusticia y explotación”.

Es el tiempo propicio

Para monseñor Garachana Pérez, la Navidad “es la memoria permanente de que Dios no se avergüenza de sus hijos sino que hace suya su condición, se hace carne de nuestra carne para curar las heridas, aliviar los dolores, consolar en las desesperanzas, alegrar en las tristezas, dar vida donde hay muerte”.

Sin embargo, no basta conocer la definición de misericordia, hay que llevarla a la práctica en “las relaciones interpersonales, familiares y sociales de amor hasta el perdón y la reconciliación” y la Navidad es el tiempo propicio para hacerlo.

Ser misericordiosos –apuntaló el prelado hondureño en su mensaje– es acercarnos a las personas que sufren de enfermedad o de soledad, a quienes son excluidos del desarrollo humano y de la integración social, a quienes no tiene ni casa, ni comida, ni trabajo.

Finalmente, recordó que la Navidad cristiana del Jubileo de la Misericordia es una súplica, un grito apremiante a practicar las obras de misericordia. “Será una manera genuinamente cristiana de vivir la Navidad y saborear la alegría que nace y crece en el encuentro con Jesucristo y con los pobres”.

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