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Las tres reinas magas, en Madrid

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Puestos a deconstruir…. ¿Cuándo veremos a Mamá Noelia?

MELCHORA: “¡Ay, madre del amor hermoso, qué viaje tan horroroso! Entre la tos del camello y el continuo triquitraque traqueteo, entre sus jorobas me mareo!

GASPARA: “Pues a mí como haciéndome un favor, me dieron una delgaducha dromedaria”.

BALTASARA: “Pues yo estoy negra. Estoy de mirra, incienso y lingotes hasta el cogote. En la próxima etapa lo vas a llevar tú guapa”.

PAJE: “Queridas reinas no discutid, que se os pone roja la nariz”.

GASPARA: “Baltasara: ¿comemos?

BALTASARA: “Sí”. ¡Petraaaaa!

PAJE: “Servidora”.

BALTASARA: “Pon el mantel y saca el manjar, antes de que empiece a anochecer”.

PAJE: “¿El manjar con tomate o el manjar con escabeche?

BALTASARA: “Los dos y la leche”

MELCHORA: (cantando) “¿dónde están las cantimploras?, matarile… ¿dónde están las cantimploras? Matarile rile ron…”

GASPARA: “¿Para qué son las cantimploras?”

MELCHORA: “Para echar un traguito y brindar por Jesucristo”.

PAJE: “Como no dejen de comer, en vez de llevar tres reinas, vamos a llevar a tres gordas. ¡Y no son las gordas de la lotería!

No, no es una falta de respeto. Es un fragmento de una conocidísima obra teatral para niños, Las Tres Reinas Magas, de la poetisa española Gloria Fuertes (Las tres reinas magas, 1978). Una obra entrañable que cientos de miles de españoles recién salidos del franquismo representaron cuando estudiaban en la escuela. ¿Será que ese recuerdo es lo único que les queda a muchos de la Navidad? Eso explicaría muchas cosas.

Por ejemplo que este año, varias juntas municipales madrileñas gobernadas por radicales de extrema izquierda han decidido que no es un mal planteamiento para “modernizar” la Navidad: este año no serán tres reyes magos, sino tres reinas magas las que desfilarán por las calles de Madrid para dar regalos a los niños. Falta por saber si los pajes serán también mujeres (“pajas”??) y si habrá camellas y burras.

Casi mejor que no hayan puesto el Belén en el Ayuntamiento: podría haberles dado por transformar al Niño Jesús en Niña Jesusa, o intercambiar los papeles de José y María (eso la naturaleza aún no lo permite, pobre san José recién parido. Por supuesto, habría que vestirlo de rosa, el azul mariano es demasiado masculino). O incluso poner caganeras en lugar de caganers.

La imaginación de la ideología de género no tiene límites. O quizás es el hastío de todo, aderezado con cuatro ideas políticas convertidas en eslogan y mucha, mucha ingenuidad. O quizás sea nostalgia del pasado: de un pasado en la que la Navidad todavía significaba algo, y el teatro de Gloria Fuertes aún hacía reír.

Como decía Chesterton, no saben lo que destruyen, porque no saben para qué se había construido. ¿Veremos algún año a Mamá Noelia? ¿O deconstruir a Coca Cola ya es pasarse?

 

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