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¿Puede ahogarse un joven entusiasmado por seguir a Jesucristo?

J Voitus-CC
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Las vocaciones que la Iglesia necesita surgen de una familia cristiana

¿Qué puede llevar a un joven a dedicar su vida a la oración y al bienestar de los demás? . En medio de una sociedad donde casi no se habla de Dios. ¿Un joven, puede llegar a sentirse ahogado, cuando está entusiasmado por seguir a Jesucristo? .

En el mundo de hoy, se ha introducido con mucha fuerza en las familias, la tendencia al consumo. Es la mirada de nuestros padres, la que nos introduce a ver el mundo cuando somos pequeños. Pero, ¿Qué sucede cuando esa mirada nos abre la ventana, sólo a lo utilitario y necesario para nuestras vidas? .

Carros, casas, tecnología, un mundo a nuestros pies. Sucede lo peor. Nos topamos con jóvenes que caminan sin sentido por la vida y/o el joven que ha perdido el sentido de la vida. Aún así, en éste contexto del siglo XXI, ¿Pueden surgir vocaciones?.

Qué dolor se debe sentir en el corazón tener que decir a un seminarista esto no es lo tuyo, te equivocaste, no se pudo. El mundo te espera, ese es tu lugar. Y es que la vocación, que alguna vez, nació en el corazón de ese prístino joven, se ahogó. Ya desde mucho antes, incluso antes que llegara al seminario.

El sacerdote diocesano Padre Jorge López, tuvo que pasar por algo similar, hasta hace unos meses, cuando desempeñaba el cargo de vicerrector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, ubicado en Lima, del que ahora ha sido nombrado Rector.

¿Cómo evitar ahogarse al seguir a Cristo?

Seguir a Cristo es una decisión. No se trata tan sólo de ser piadosos, sino más bien es necesario pisar tierra. Los seminaristas, no viven de un castillo espiritual. Se requiere de una base humana.

Aquel joven, que sintió el llamado de Cristo, pero no tuvo eco en su familia, sin embargo llegó al seminario. Ese es el que termina ahogado. Ahogado en sus miedos, frustraciones por no poder abandonarse en Cristo. No tuvo raíces. Tuvo vocación pero no puedo responder al llamado de Dios.

Cuando en la familia nadie habla de Dios, el joven que siente el llamado se siente como “un bicho raro” ¿Puede aún surgir vocaciones en las familias de hoy?

Los seminaristas que llegan al seminario son los jóvenes del siglo XXI. Ellos cargan con carencias afectivas, emocionales propias de las familias disfuncionales. ¿Qué hacer frente a ello?.

Para el Rector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo de Lima, las carencias afectivas y emocionales en los aspirantes al sacerdocio se han incrementado. El seminarista de hoy, fruto de familias monoparentales debe hacer un esfuerzo mayor por adecuar el corazón, sin una figura paterna, teniendo en cuenta que al llegar al sacerdocio se convierte en un padre espiritual.

Escúchalo y síguelo sin miedo

Lo primero curar las heridas. Jesús los asiste en la oración. Un joven llamado por el Señor, debe mantenerse unido a él. “Necesitamos en éste seminario en Lima ser más familia, ser fraternos, vivir siempre juntos, cuando andamos divididos, el diablo actúa más”. El seminarista de hoy, además de ser piadoso, debe vivir más, en familia.

El joven que aspira a ser sacerdote, necesita también constatar la necesidad de Dios, en los demás. Los jóvenes seminaristas en Lima siempre andamos en misión, en las zonas alejadas de la ciudad. Somos apostólicos, buscamos siempre salir más allá.

“El ir de misión nos permite con nuestras carencias, responder al hambre de Dios. Nos invita a trabajar unidos”.

Herramientas para el seminarista

En la preparación del joven seminarista como aspirante, antes de iniciar los estudios propiamente dichos, los cimientos del edificio espiritual se fortalecen, con la formación humana que recibe, durante el primer año. En éste periodo “resarcimos las carencias afectivas de los jóvenes”, señaló el Rector del Seminario.

Luego de esto los aspirantes al sacerdocio, se van dando cuenta que no se trata sólo de fe, también se necesita voluntad y sacrificio, para responder al llamado de Dios. No todos llegan a cumplir la meta. Los seminaristas eligen algo que Dios presenta.

Ahora las exigencias son mayores en la selección previa al aspirantado, es por eso que el número de seminaristas que abortan en el camino se ha reducido.

¿Qué se lleva un joven que sale del seminario?

Los seminaristas que abortan en el camino, y no llegan a ser sacerdotes, se llevan consigo una gran formación humana en virtudes y valores. No habrán logrado el ministerio sacerdotal, pero nunca van a romper el vínculo con Dios.

La Iglesia no ganó un sacerdote, pero sí una familia cristiana, que dará fruto a nuevas vocaciones. Lo primordial aquí es cuidar las familias, institución de donde surgen las vocaciones. Sin familia no hay vocación. Trabajemos en ello.

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