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Invisibles: La vida de un mendigo en la Gran Manzana

IFC Films

Ramón Monedero - publicado el 21/12/15

Una película lánguida que logra transmitir la falta de esperanza de sus protagonistas

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 7 AÑOS – Algunos contenidos podrían herir la sensibilidad de niños pequeños

Invisibles no es una película fácil. Por fortuna es lenta, casi agónica y tarda mucho en arrancar aunque eso sí, cuando lo hace no es para esbozarnos nada nuevo, al menos hasta su tramo final. El film protagonizado por Richard Gere nos cuenta la historia de George (Gere), un mendigo que se ve obligado a pasar la noche en un refugio para los “sin techo” en la ciudad de Nueva York. Allí conocerá a Dixon (Ben Vereen), un veterano de la calle que le ayudará a intentar recomponer su maltrecha relación con su hija Maggie (Jena Malone).

Lo peor de la película es su historia que parece que nos suena, aunque no todo transcurre como cabría esperar. Resulta un punto diferente pero no lo suficiente como para encajar en un largometraje que se estaba esforzando muchísimo en resultar realista y honesto. Tal vez por esto, lo mejor de Invisibles no es la historia en sí sino como se nos plantea la historia. Richard Gere decía que quería reflejar esa sensación de un mendigo de no saber a dónde ir, de vivir en un constante tiempo muerto que no parece que vaya a terminar nunca. Por esto decía que “por fortuna” Invisibles es lenta, casi agónica, porque su director, Oren Moverman ha reflejado muy bien esa sensación de no tener nada que hacer en mitad del tumulto de una gran ciudad. Planos largos, algunos casi inmóviles donde no pasa nada o casi nada. Así es la vida de un mendigo.

Invisibles se rodó en 21 días con las cámaras escondidas para que los habitantes de Nueva York hicieran de extras sin saberlo, pero también para no despojar a la Gran Manzana de la naturalidad que la caracteriza. Esa naturalidad era la que le interesaba a Moverman y Gere, verdadero padre del proyecto, la misma que tolera y convive con gente rebuscando en la basura o durmiendo en los portales de las casas.

Cuando Invisibles resulta menos interesante es cuando entra en las relaciones entre George y Dixon o entre George y su hija. En el primer caso la cosa pierde interés con afirmaciones como “no existo, no tengo casa”, todo demasiado obvio. Mientras que el sistemático rechazo de Maggie a darle una nueva oportunidad a su padre tampoco resulta particularmente reconfortante.

Invisibles es una buena película debido a las sensaciones que genera gracias a los cuidados elementos externos que la rodean. Es decir, gracias a su fotografía, a su realización, a su música, al uso de los sonidos, a la luz, a los desenfoques, a las interpretaciones y a determinadas decisiones de guion, como nunca explicar qué llevó a George a vivir en la calle. El problema de Invisibles es cuando se quiere centrar y convertirse en una historia convencional. En realidad no le hacía falta, habría seguido recaudando poco dinero. Imagino que lo de poner a Gere al frente de la película se hizo con toda la idea de atraer público. Él es el productor y el defensor de la causa y sabía que con su presencia, aunque ya no sea la estrella de antaño, al menos distribución conseguirían y tampoco fue fácil. El objetivo es donar los beneficios de la película a diferentes ONGs, si es que consigue alguno porque de momento en Estados Unidos solo ha recaudado 165.000 dólares.

Aun así, poco a poco la película se está haciendo su espacio. Hablándonos de amistad, familia y amor Invisibles es no obstante una película difícil y no solo porque sea lenta, casi lánguida por decisión propia, sino porque lo que al final queda es una incómoda sensación de soledad.

Siempre he pensado que hay que poner una especial atención en cuál es el primer y el último plano de una película, con frecuencia nos suelen indicar de qué ha ido realmente lo que acabamos de ver. Invisibles arranca con un plano de Nueva York en el que se pueden advertir con claridad dos ciudades, una rica y otra pobre. La película cierra con un plano secuencia en el que George avanza perdiéndose entre las esquinas de la ciudad sin saber a ciencia cierta cómo ha terminado su intento por recuperar a su hija aunque nos resulta fácil suponer cómo. De todo esto nos habla Invisibles.

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