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Adivina quién envió el primer capellán a la Antártida

Pixabay.com/Public Domain
Pingüinos en la Antártida
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Este año el capellán antártico ha celebrado 2 primeras comuniones, 8 confirmaciones y una boda

Falta poco para Navidad. En el implacable día antártico de 24 horas se empiezan a ver señales de la fiesta que se acerca. En la capilla San Francisco de Asís, la primera católica del continente blanco, aparecen de la nada algunas guirnaldas de colores.

Manos diligentes lustran los cuatro bancos con tapizado rojo del pequeño edificio, construido sobre una pendiente que baja desde el hielo hacia la Bahía Esperanza: 63 grados de latitud, 57 de longitud, en el extremo norte de la península antártica.

La reliquia del santo de Asís ocupa un lugar central en la capilla, dentro de un ostensorio ubicado a la derecha del altar.

Llegó aquí el 28 de febrero de 1980 acompañada por el correspondiente certificado del obispo Clemens Rivas que garantiza que las particulas ex cineribus pertenecen al santo de ese nombre.

El solideo blanco del Papa Francisco también se exhibe en una urna de vidrio, donde la colocó el padre Guillermo Conti cuando estuvo a cargo de la base argentina. “El Papa lo había mandado a la curia arzobispal de Buenos Aires y tuvieron que decidir quién lo tendría en custodia”, cuenta el padre Conti.

“Dado que Francisco es “el Papa que fueron a buscar al fin del mundo”, como dijo él mismo en su primer discurso, al final me lo mandaron a mí, para la capilla San Francisco de Asís de la Base Esperanza”. El padre Conti era el sucesor de otro italiano, Buenaventura De Filippis.

Fue el mismo Bergoglio quien envió a De Filippis, también jesuita, a los hielos del sur.

Durante la visita a la Universidad de Molise, en julio de 2014, el Papa contó la historia del intrépido sacerdote y recordó la misión que le había confiado: “Era provincial de los jesuitas y necesitaba enviar un capellán a la Antártida que viviera allí diez meses al año. Había nacido nacido en Campobasso”.

Buenaventura De Filippis cumplió su misión con heroismo hasta su muerte, en 2002, cuando tenía casi 80 años de edad. Había compartido dos años con Bergoglio en el colegio jesuita de Córdoba y vivió otros dos consecutivos en un punto remoto del continente helado.

El personal de la base Esperanza, 8 familias y 54 almas en total, hace diez días que espera el relevo enviado por el Comando antártico con sede en Buenos Aires. Pero el Hércules 130 se demora.

Algunos están contentos de pasar Navidad rodeados de hielo y en compañía de los pingüinos, pero otros habían imaginado las fiestas con calor en el continente y protestan contra los superiores, y estos a su vez solo pueden responder que las condiciones meteorológicas no permiten el aterrizaje y por lo tanto tampoco el vuelo de regreso.

En la cantina de la base apareció un arbol de Navidad. Un simpático oficial con una sonrisa contagiosa lo levanta y me hace señas de que lo siga.

Recorre unos cien metros a la intemperie, desafiando el viento, hasta que coloca el árbol en la parte más alta de la pingüinera, para que pueda tomar una fotografía.

Cientos de pingüinos observan la escena perplejos; pocos minutos después, avanzan balanceándose hacia las ramas coloridas.

Tomamos varias fotos y el árbol vuelve a su lugar en la cantina; la noche de Navidad este lugar se transformará en la nave de una iglesia, con un altar y  presidida por un sacerdote.

Es un lujo que no ha sido muy común los últimos años. “Unas pocas veces vino un capellán militar enviado por el Comando Antártico” explica Leónidas Adrián Torres, quien celebrará la misa, “pero por lo general se celebra la liturgia de la Palabra y un ministro reparte la comunión con las hostias  ya consagradas”.

El capellán antártico este año tuvo un buen botín: 2 primeras comuniones, 8 confirmaciones y un casamiento.

“Dos suboficiales enseñaron el catecismo durante todo el año, todos los viernes, sin importar el tiempo”, aclara el padre Torres.

“Los padres de una niña que recibió la Confirmación, Mariana y José, estaban casados por civil desde hace 11 años, y viendo a su hija decidieron hacerlo por la Iglesia”. Y así fue.

Este año la Navidad será especial, todo en directa: confesiones, un momento de catequesis para quien lo desee y misa de Nochebuena con un sacerdote de carne y hueso. Y oración por el Papa argentino al terminar.

La capilla San Francisco de Asís tiene otro primado, cuenta Leónidas Adrián Torres: “Inmediatamente después que Jorge Mario Bergoglio fue proclamado Papa Francisco, el capellán castrense del Ejército Argentino Bernardo Conte Grand celebró la misa precisamente aquí”.

Este año lo hará él. Y después de la misa, como dicta la tradición, una gran cena. El cocinero, Luis Ernando Herrera ya anunció el menú: carne fría de cerdo, lengua a la vinagreta, lomo al horno y varias ensaladas, torta y brindis final.

Las cuatro mujeres de Radio Nacional Arcángel San Gabriel ya grabaron los saludos navideños y se despidieron de su audiencia diseminada por todo el mundo.

En la pared de la sala de transmisión, donde se sientan tres horas por día, hay un enorme mapa con cientos de alfileres clavados.

Señalan los lugares donde llegan las ondas cortas de la primera radio del continente antártico: Ucrania, Hungría, Finlandia, Alemania, Dinamarca, Holanda, Francia, Austria, España, Brasil, Malasia… “Captan la frecuencia de la radio 15476 kHz y nos escriben mails”, cuentan.

Claudia, Miriam, Nancy y Marcela volverán al continente cuando el tiempo lo permita y otras tomarán su lugar para un nuevo año antártico hasta la próxima Navidad.

Esta vez los pronósticos dicen que será ventosa. Para el 25 de diciembre el servicio meteorológico de la base Marambio anuncia nevadas moderadas, lo que significa que la temperatura oscilará entre los 3 grados y los 5 bajo cero, con vientos de 50-60 kilómetros.

“Es un verano para pingüinos, acostumbrados a temperaturas extremas de 40 grados bajo cero con vientos de hasta 200 kilómetros por hora”, bromea el suboficial Juan Antonio Alegre, que trabaja en la estación meteorológica de superficie.

Los pingüinos no se quejan. Para las 120 mil parejas que pueblan los alrededores de la base es la época de la reproducción.

“Llegan al lugar a mediados de septiembre con una puntualidad cronométrica, y se van a fines de febrero”, nos informa Anahí Silvestro, responsable científica de la base. Ellos ya vivieron dos mil quince Navidades.

 

Artículo publicado originalmente por Tierras de América

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