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Star Wars: un brillante Despertar de la Fuerza

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El fondo moral sigue siendo la lucha entre la Fuerza (el bien) y su lado oscuro (el mal), pero sin los “postureos” new age de la segunda trilogía

Luke Skywalker, el último Jedi vivo, ha desaparecido. El imperio ha resurgido de las cenizas y ha formado la Primera Orden. La Resistencia, siempre clandestina, aguanta como puede mientras trata de encontrar el paradero de Skywalker. Una pequeña compañía, al estilo de El Señor de los anillos, tratará de devolver la esperanza.

El productor y director J. J. Abrams, que debe gran parte de su vocación cinéfila a la trilogía de Georges Lucas, dirige con acierto el capítulo VII de La guerra de las Galaxias. Ya había demostrado su oficio en Star Trek y en Misión imposible, y aquí confirma su perfil ideal para este delicado puesto. Además ha contado con la ayuda para el guion del cineasta Lawrence Kasdan, que en su día escribió los guiones de El imperio contraataca, El retorno del Jedi, En busca del arca perdida o Grand Canyon, entre otras obras memorables.

Star Wars: El despertar de la Fuerza hace referencia directa a la primera trilogía estrenada, no sólo por el tipo de historia, los personajes y que es su continuación directa, sino por la estética y la puesta en escena. El peso no está en los abrumadores diseños digitales que caracterizaron la segunda trilogía, sino en la fidelidad –actualizada- a los distintos hitos de la Guerra de las Galaxias setentera. Sin duda un elemento fundamental es la presencia de los personajes clásicos encarnados por los mismos actores de entonces, Leia Organa (Carrie Fisher), Luke Skywalker (Mark Hamill) y Han Solo (Harrison Ford), amén de los inolvidables Chewbacca y los androides C3PO y R2D2.

Naturalmente se incorporan tres nuevos héroes, como Poe Dameron, interpretado por la estrella emergente Oscar Isaac (El año más violento, Natividad, Cristiada…), y que encarna a un experimentado piloto de la Resistencia. La heroína de esta entrega es Rey (interpretada por la actriz británica Daisy Ridley, que afronta su segundo largometraje), una joven chatarrera de poderes especiales que está buscando su misión en el mundo.

Y por último, Finn (el británico John Boyega), un soldado de la Primera Orden del Imperio que anhela dejar esa vida de muerte que le obligan a llevar. No podía faltar un simpático androide de nueva generación, BB8, que prestará una preciosa ayuda. Entre los nuevos malvados del lado oscuro están el Capitán Phasma de la Primera Orden (Gwendoline Christie) y Kylo Ren (Adam Driver), una especie de Darth Vader de nueva generación.

La historia cuenta con los ingredientes previsibles: aventura, romanticismo y unas discretas y bien puestas notas de humor, muchas de ellas concebidas como homenajes a las cintas originales. El fondo moral sigue siendo la lucha entre la Fuerza (el bien) y su lado oscuro (el mal), pero sin los “postureos” new age de la segunda trilogía. Cada personaje tiene su propio proceso vocacional, que sin duda alcanzará su punto álgido en las siguientes entregas. Un comienzo de trilogía brillante, coherente, fiel a sus raíces, y que no decepcionará a las distintas generaciones que fueron cautivadas por la mítica guerra galáctica de Georges Lucas.

 

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