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El Amperio contra Paca: Star Wars y la generación de los 80

20th Century Fox
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Los que estudiamos la EGB tendemos a no darnos cuenta de que es posible vivir sin que aparezcan en tu cerebro las imágenes de Darth Vader, Obi-Wan Kenobi o Luke Skywalker

 

Los hijos de la transición no recibimos, gracias a Dios, la formación del espíritu nacional. Crecimos oxigenados por los nuevos aires de libertad que soplaban desde Perpiñán, por los sueños diseñados y fabricados en Hollywood y por la televisión, con la que desde entonces protagonizamos una historia de amor plagada de mutuas infidelidades que no consiguen romper este affaire que se complica en sus modos de seducción cada vez más insospechados y sofisticados.

Otro día hablaré de La Bola de Cristal, de Barrio Sésamo o de La Mansión de los Plaf, pero hoy me voy a centrar en el cine. En concreto en una saga que acompañó nuestro crecimiento y maduraciones como pocas: Star Wars: para los más jóvenes seis películas a la espera de una séptima (donde ya no suena la canción de Movierecord); para mí y quizás para algunos de los de mi generación, una trilogía compuesta por La Guerra de las galaxias (1977), El Imperio Contraataca (1980) y El Retorno del Jedi (1983), y basta: las siguientes nos pillaron ya demasiado creciditos como para impactarnos con garantías.

Se suele decir que los productos audiovisuales posmodernos más punteros son transmediáticos. En cristiano: que llegan al público a través de diversos medios y creaciones que se introducen en nuestras vidas cotidianas. Star Wars encaja en esta definición. Un ejemplo: la teleserie de dibujos animados Star Wars Rebels (2014-) a la que los niños se aficionan con cierta facilidad y que mantiene su atención centrada en el avance y retroceso de las tropas imperiales, y en la lucha de un pequeño y muy diverso grupo de elegidos por la salvación del mundo.

Sin embargo, Star Wars ya era transmediática en los ochenta. ¿Quién no tenía un amigo con una Atari y los videojuegos de la trilogía? (Aquello sí que eran padres y no los míos, que solo me regalaban libros de los tres investigadores.)

Pero incluso los menos tecnificados de nosotros vimos cómo nuestro mundo se vio literalmente invadido por aquella fábula intergaláctica. ¿Quién no recuerda trajinar el álbum de cromos de El Retorno del Jedi de casa al cole y del cole a casa con la secreta sospecha de que alguna de aquellas estampitas faltis nunca se había llegado ni siquiera a fabricar? ¿Quién no recuerda aquellas espadas de luz de plástico que nos traían los Reyes y que nos hacían jugar a la guerra de las galaxias durante horas a oscuras hasta que se acababan las pilas? (Algo que, por cierto, pocos años después fue utilizado por aquella astracanada que fue Una cana al aire (1987) para que los que en el tiempo de su estreno éramos adolescentes rebosantes de testosterona captásemos la broma.)

Los que estudiamos la EGB tendemos a no darnos cuenta de que es posible vivir sin que aparezcan en tu cerebro las imágenes de Darth Vader, Obi-Wan Kenobi o Luke Skywalker. Star Wars está en el citoplasma de nuestras células, como El Show de la Pantera Rosa o Pipi Calzarlargas. Cuando alguien es muy peludo, para nosotros es Chewbacca. Cuando queremos decir de alguien que pese a fingir un cierto cinismo está dispuesto a dar la vida por sus amigos, pensamos en Han Solo, nuestro primer modelo de antihéroe (el único papel que ha interpretado Harrison Ford; el John Wayne de nuestra generación). Cuando alguien, normalmente una mascota, nos parece adorable, nos recuerda a un ewok. Cuando llegamos a un local y nos sentimos extraños porque hay gente rara, decimos que parece el bar de la guerra de las galaxias. Cuando queremos describir a alguien que se ha comprometido con valores vintage y místicos pero con una cierta elegancia contemporánea, decimos que es un caballero Jedi. Cuando vemos a Jordi Pujol, pensamos en el maestro Yoda, y todos nosotros nos sabemos el chiste de “Se abre el telón y aparece una señora de la limpieza enroscando una bombilla y electrocutándose. ¿Cómo se llama la película?”.

Por eso, en cuanto estrenen el Episodio VII no vamos a poder evitar buscar un espacio en nuestra rebosante agenda e ir a ver el despertar de la fuerza con nuestros hijos.

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