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El lado espiritual de Eric Clapton

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El famoso artista atravesó duros momentos en su vida y reconoce que necesita rezar a diario

Eric Clapton ganó en 2008 su 19° Grammy por el álbum “The Road to Escondido” y se reunió con su compañero de grupo en los Blind Faith, Steve Winwood, para tres conciertos de gran éxito en el Madison Square Garden. En 2004 crea el “Festival Crossroads Guitar” para recoger fondos para su centro contra el abuso de sustancias en Antigua, y escala la clasificación de los bestseller del New York Times con “Clapton: The Autobiography”. Está felizmente casado con Melia McEnery Clapton desde hace seis años, y tienen tres niñas que adoran a su papá, sin tener en cuenta su difícil pasado.

Todo muy tranquilo para un artista cuyo trabajo con una Gibson Les Paul llevó a los entusiastas de la contracultura a declarar en los muros del metropolitano que “Clapton es Dios”, el hombre “adoptado” por Muddy Waters y encargado de continuar la herencia del blues. Pero el camino del éxito no ha sido fácil de recorrer. Desde la edad de 9 años, cuando supo que era hijo ilegítimo de su “tía” y de un soldado canadiense desconocido, luchó para encontrar un lugar seguro. Sentimientos de aislamiento y de inseguridad le han acompañado durante toda la vida, llevándolo a la dura alienación del blues. Pero hay un lado espiritual de Clapton poco conocido, una espiritualidad que ha influido casi siempre lo que ha pensado y hecho, el tipo de música que ha escrito y tocado.

Clapton no se ha erigido nunca como modelo de la fe cristiana, ni habla de ella. Creció en una rural Surrey asistiendo a una congregación local de la Iglesia de Inglaterra; y en su autobiografia escribió que “creció con una fuerte curiosidad por las cuestiones espirituales, pero mi búsqueda me llevó fuera de la iglesia durante mucho tiempo”. El fundamento de su fe minimalista se refleja en el himno preferido de su juventud, “Jesús nos invita al esplendor”:

Jesús nos invita al esplendor con una luz clara. Pura, como una vela que arde en la noche. En este mundo de tinieblas, debemos resplandecer, tu en tu pequeño rincón y yo en el mío.

Ese reconocimiento implícito según el cual servimos a Dios individualmente – en nuestro “pequeño rincón” – tenía sentido en un barrio de la clase obrera, donde Clapton encontró poco aliento espiritual.

En 1969 fue atraído por el calor genuino de Delaney y Bonnie Bramlett, que abrieron para los Blind Faith en el tour del 1969. El “personaje de Delaney, un predicador bautista del Sur, que llevaba un mensaje de fuego y azufre podía ser desalentador”, observó Clapton, “si no fuera por el hecho de que cuando cantaba, era absolutamente inspirador”. Una noche, Bramlett desafió a Clapton a empezar a cantar: “Dios te ha hecho este regalo, y si no lo usas, te lo quitará”. Clapton, siempre poco seguro de sí mismo, siguió su consejo.

Solo algún día después, dos cristianos fueron al camerino de Clapton después del espectáculo, probablemente impulsados por la exhibición de “Presence of the Lord” (video superior), el gran éxito del tour de los Blind Faith. A estos jóvenes creyentes, la canción les parecía un intento de respuesta a 1 Samuel 6,20 – “¿Quién podrá resistir a la presencia del Señor, este Dios al que es tan difícil acercarse? Una vez fuera de aquí, ¿quién le recibirá?”:

Finalmente encontré un lugar donde vivir. Justo como nunca había podido hacer antes. Y sé que no tengo mucho que dar. Pero pronto abriré cualquier puerta. Todos conocen el secreto. Todos conocen el resultado. Finalmente he encontrado un lugar donde vivir, en presencia del Señor.

Los dos cristianos pidieron a Clapton que rezara con ellos. Cuando se arrodillaron, él vio una “luz cegadora” y sintió la presencia de Dios. Su testimonio era abierto y honrado; dijo a todos que era un “cristiano renacido”. Pero la naturaleza de su fe está mezclada con una especie de superstición que levanta sospechas a la luz de la teología sistemática y de sus cánones.

Conforme la leyenda de Clapton crecía, iban creciendo sus comportamientos autodestructivos. Después de un año de su conversión, se volvió dependiente de la heroína, la superó, pero cayó en el alcohol, la promiscuidad sexual y una serie de relaciones fracasadas. “Las malas elecciones eran mi especialidad”, dijo. En 1987 tocó fondo. Tras fracasar un intento de rehabilitación que duró un mes, cayó de rodillas y finalmente se rindió a Dios, dedicando su sobriedad a su hijo recién nacido, Conor.

Cuatro años después, cuando Conor murió al caer de la ventana del 53° piso de un apartamento de Park Avenue, Clapton admitió: “Hubo un momento en el que verdaderamente perdí la fe”. Y sin embargo, encontró fuerzas para presentar una sesión de su reunión de alcohólicos anónimos sobre el tema “Pon tu vida en manos de Dios”. Al poco, una mujer confesó que él le había quitado la “última excusa” para beber, una confirmación para Clapton que estar sobrio, y ayudar a los demás a alcanzar la sobriedad, es el único y más importante propósito de su vida.

En su autobiografía, Clapton reelabora los comienzos de su vida de oración – ese momento en que en 1987 tocó fondo en el centro de rehabilitación.

“Estada en la desesperación absoluta”, escribe Clapton. “En lo privado de mi habitación, supliqué para obtener ayuda. No sabía con quién estaba hablando, sabía sólo que debía volver a subir, y poniéndome de rodillas, me rendí. Al cabo de pocos días, me di cuenta de que había encontrado un lugar al que ir, un lugar en el que creer, conocido desde siempre pero que rehusaba visitar: la presencia del Señor. Desde ese día hasta hoy, nunca he dejado de rezar por la mañana, de rodillas, pidiendo ayuda, y por la noche, para expresar gratitud por mi vida y, sobre todo, por estar sobrio. He elegido arrodillarme porque necesito sentirme humilde cuando rezo, y con mi ego, es lo máximo que puedo hacer. Si te preguntas por qué hago todo esto, te lo diré: porque funciona, eso es todo”.

“Eric Clapton, In the Presence of the Lord” di John Powell, profesor asociado de Historia en la Oklahoma Baptist University

Traducción y adaptación por Padre Massimo Granier. Traducido al español por Aleteia

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