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5 pasos para hacer de tu hijo una persona más amable

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¿Hay que enseñar a ser amable? ¡Más de lo que piensas!

Richard Weissbourd es un psicólogo de la Universidad de Harvard, con postgrado en Educación. Dirige el Making Caring Commom: un proyecto dirigido a ayudar a enseñar a los niños a ser amables. ¿Pero esto es necesario enseñarlo? ¡Mucho más de lo que crees! Y por desgracia los números constatan que los padres no se dan cuenta de lo importante que es.

Cerca de 80 % de los jóvenes entrevistados en una encuesta reciente del proyecto decían que sus padres estaban más preocupados con la realización de sus hijos o con su felicidad que con cómo se comportan con los demás.

Los entrevistados también fueron más propensos a concordar que “Mis padres están más orgullosos si traigo buenas notas de que si soy solidario en el aula y en la escuela”.

La mitad de los alumnos de enseñanzas medias admiten que copian en los exámenes, y cerca del 75% admiten que copian las tareas de casa de otra persona.

Casi el 30% de los estudiantes de escuela infantil y media se sintieron acosados durante el año escolar 2010-2011.

Todos estos datos son de EE.UU., pero sinceramente, ¿no es un problema en todo el mundo? En la raíz del problema hay una laguna entre lo que los padres y otros adultos apuntan como prioridades y los mensajes reales que transmiten en el comportamiento del día a día.

Ahí me pregunto: ¿de quién es la culpa de que la gente diga que el mundo es “complicado y egoísta”? Si lo más importante es enseñar a “tener” y a “ser”, está claro que faltará en la vida adulta el espacio para el “compartir” o “ser solidario”.

Si este asunto te preocupa, aquí van las cinco estrategias del equipo de Weissbourd para hacer de tu hijo un adulto amable:

  1. Haz que “cuidar de los otros” sea también una prioridad

Los niños necesitan aprender a equilibrar sus necesidades con las necesidades de los otros.

De acuerdo con los estudios de Weissbourd, más importante que ser feliz, es ser amable. Porque -ironías de la vida- enfocarse en la felicidad y en la conquista personal no parece aumentar la realización de los niños o su felicidad.

Según una investigación americana, los niños de comunidades ricas que están sometidos a una presión intensa de conquista por parte de sus padres no parecen superar a otros estudiantes.

Los padres que intentan preservar la felicidad de sus hijos, protegiéndoles constantemente contra las adversidades, pueden estar impidiéndoles aprender estrategias de enfrentamiento que son cruciales para la felicidad a largo plazo.

Los padres que no priorizan que sus hijos sean amables con los demás, pueden privarles de la oportunidad de desarrollar habilidades fundamentales de relación, y las relaciones fuertes son una de nuestras fuentes más importantes y duraderas de bienestar.

  1. Ofrecer oportunidades para que los niños sean atentos y agradecidos

Nunca es demasiado tarde para volverse una persona amable, pero esto no pasa sin ayuda. Los niños necesitan practicar el cuidado de los demás y necesitan expresar gratitud a aquellos que les cuidan.

Los estudios muestran que las personas que tienen costumbre de expresar agradecimiento son más propensos a ser útiles, generosos, compasivos y también son más propensos a ser felices y saludables.

Es importante estar atento a que los hijos aprendan a tratar a los ancianos con respeto, aunque estén cansados, distraídos o se sientan mal.

Aprender a ser solidario es como aprender a jugar un deporte o tocar un instrumento. Son lecciones diarias de repetición. No recompenses a tu hijo por ayudar en casa: lo que sólo hay que premiar son los actos inesperados de bondad.

Es importante discutir con tu hijo sobre historias de solidaridad, justicia e injusticia que aparecen en los medios de comunicación o en las propias vidas.

  1. Expandir el círculo de relaciones de tu hijo

Casi todos los niños se mueven en un pequeño círculo de familiares y amigos. Nuestro desafío es ayudar a nuestros hijos a ser atentos con alguien fuera de ese círculo, como el nuevo compañero de clase, alguien que no habla tu idioma o alguien que vive en un país distante.

Asegúrate de que tus hijos sean respetuoso y agradecidos con todas las personas de su entorno, sea un conductor de autobús o una camarera.

Weissbourd deja claro que no se trata de acercarse a cualquier extraño y saludarle, sino de saber decir “gracias” a aquellos que nos hacen un favor o servicio.

Incentiva a tus hijos a cuidar de los más vulnerables, como consolar a un colega que fue molestado. Usa una historia del periódico o de la TV para ayudar a tu hijo a pensar en las dificultades que pasan los niños en otros países.

  1. Ser un modelo firme para el niño

Los niños aprenden valores éticos, observando las acciones de los adultos a los que respetan. Ser ejemplo de respeto cuando actúas en interacción con otros adultos es importante en la vida de tus hijos.

Los padres tienen que ser un modelo moral, lo que significa que tenemos que practicar la honradez y la justicia. Pero eso no significa ser perfecto siempre. Para tener el respeto y la confianza de nuestros hijos, necesitamos reconocer nuestros errores y faltas.

También tenemos que respetar el pensamiento de los niños y oír sus puntos de vista, mostrándoles cómo queremos que traten a otras personas.

Conversar sobre dilemas éticos a la hora de comer, como por ejemplo: “¿Debo invitar a un nuevo vecino a mi fiesta de cumpleaños, cuando mi mejor amigo no quiere que lo haga?” es un buen ejercicio.

Llevar a cabo algún servicio comunitario, al menos una vez al mes, junto con tu hijo, es muy provechoso.

  1. Ayudar al niño a lidiar con sus sentimientos destructivos

Muchas veces, la capacidad de ser amable con los demás está dominada por la rabia, la vergüenza, la envidia y otros sentimientos negativos.

Tenemos que enseñar a los niños que estamos sujetos a todos estos sentimientos, pero que algunas formas de afrontar lo que sentimos no funcionan. Los niños necesitan nuestra ayuda para aprender a lidiar con los sentimientos de forma productiva.

Esta es una manera sencilla de enseñar a tus hijos a calmarse: dile a tu hijo que pare, que respire hondo por la nariz y espire por la boca, y cuente hasta cinco.

Primero experimenta esto cuando tu hijo está calmado, y después úsalo cuando esté alterado. Con el tiempo esta práctica puede ayudar a tu hijo a no alterarse y a expresar sus sentimientos de una forma más apropiada.

Artículo publicado por Fabiana Santos en el blog Tudo sobre minha mãe y traducido al español por Aleteia 

 

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