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Los Papas y su opción por los discapacitados

AFP / OSSERVATORE ROMANO

Pope Francis visits a pediatric hospital in Bangui on November 29, 2015 as part of his trip to Africa. Pope Francis arrived as "a pilgrim of peace" in conflict-ridden Central African Republic on November 29, flying in from Uganda on what will be the most dangerous destination of his three-nation Africa tour. AFP PHOTO / OSSERVATORE ROMANO / HO RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / OSSERVATORE ROMANO" - NO MARKETING NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS / AFP / OSSERVATORE ROMANO

Alvaro Real - publicado el 03/12/15

Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II han tenido bellas frases y gestos de cariño hacia ellos

Todos los Papas han tenido especial predilección por los discapacitados. En el Día Internacional de las personas con discapacidad que se celebra hoy, 3 de diciembre, destacamos algunos de los gestos y palabras de cariño de los pontífices hacia quienes sufren discapacidad y hacia quienes les alientan a una participación activa en la vida de la sociedad.

El Papa Francisco muestra su abrazo hacia los discapacitados; el Papa Benedicto XVI su cercanía, hasta el punto dejar el Pontificado por “incapacidad” y hacerse uno con ellos y el Papa Juan Pablo II defendió la dignidad de los discapacitados y los enfermos terminales como nunca nadie lo había hecho antes.

Papa Francisco, abrazo y encuentro al discapacitado

El Papa Francisco ha tenido innumerables gestos de acogidas con personas discapacitadas y ha recibido en audiencia a diversos colectivos que trabajan en la solidaridad y acogida hacia las personas con discapacidad.

Son tantos los ejemplos…En cada uno de sus viajes el Papa Francisco muestra su abrazo a los que sufren, a los discapacitados, a los enfermos…En su último viaje a África el Papa Francisco abrazó a los niños enfermos de un hospital en República Centroafricana. En su viaje a EEUU y a su llegada a Filadelfia el Papa pidió detener su vehículo y caminó hacia Michael Keating un niño con parálisis cerebral que le esperaba en el aeropuerto.

«No hay que asustarse nunca con las dificultades. No hay que asustarse nunca. Nosotros somos capaces de superarlas todas. Solamente necesitamos tiempo para comprender, inteligencia para buscar el camino y coraje para andar adelante. Pero nunca asustarse», les decía el Papa Francisco a unos jóvenes discapaticados con quienes mantuvo un divertidísimo diálogo.

Otro ejemplo. En su encuentro con la Unión Italiana de Ciegos y deficientes visuales les pidió el difundir la cultura del encuentro y explicó la “atención particular” de Jesús por los ciegos: “La sanación de la persona privada de la vista tiene un particular significado simbólico: representa el don de la fe. Y es un signo que concierne a todos, porque todos tenemos necesidad de la luz de la fe para caminar por el camino de la vida”.

Y en su viaje a Asís lo primero que realizó fue encontrarse con discapacitados. En una carta enviada al obispo de Asís explicaba: “Desgraciadamente, la sociedad está contaminada por la cultura del «desecho», que se opone a la cultura de la acogida. Y las víctimas de la cultura del desecho son precisamente las personas más débiles, más frágiles. En esta casa, por el contrario, veo en acción la cultura de la acogida”.

“Ciertamente, tampoco aquí todo será perfecto, pero colaboráis unos con otros para que las personas con dificultades graves tengan una vida digna. ¡Gracias por esta señal de amor que nos lanzáis: esta es la señal de la verdadera civilización, humana y cristiana! ¡Poner en el centro de la atención social y política a las personas más desfavorecidas!”, explicaba el Papa Francisco.

Momento muy especial para las familias de personas discapacitadas que, como explica en la misiva: “se encuentran solas a la hora de hacerse cargo de ellas”. “¿Qué hacer?”, se pregunta.

“Multipliquemos las obras de la cultura de la acogida; obras animadas, ante todo, por un profundo amor cristiano, amor a Cristo crucificado, amor a la carne de Cristo; obras en las que la profesionalidad y el trabajo cualificado y justamente remunerado han de unirse con el voluntariado, un tesoro precioso”, finalizó.

Benedicto XVI, el Papa que se hace “discapacitado”

El Papa Benedicto XVI durante sus años de Pontificado ha tenido muy presentes a las personas con discapacidad. Así, por ejemplo, en su exhortación apostólica postsinodal .Verbum Dominio, en el punto 71, hace mención explícita a la discapacidad visual y auditiva: “el Sínodo ha recomendado prestar una atención especial a los que, por su condición particular, tienen problemas para participar activamente en la liturgia, como, por ejemplo, los discapacitados en la vista y el oído. Animo a las comunidades cristianas a que, en la medida de lo posible, ayuden con instrumentos adecuados a los hermanos y hermanas que tienen esta dificultad, para que también ellos puedan tener un contacto vivo con la Palabra de Dios”.

De igual manera, tenía palabras sugestivas tras el sínodo de la Nueva Evangelización: “Los cristianos están llamados a mostrar la cercanía de la Iglesia hacia los enfermos y discapacitados, y gratitud a quienes, con profesionalidad y humanidad, trabajan por su salud.”

Aunque quizá uno de los momentos más recordados se vivió en las JMJ de Madrid y en el encuentro con jóvenes con discapacidad en el Hospital San José de los Religiosos Camilos. A ellos les dijo: “Nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor”.

Benedicto XVI, continuaba en su discurso: “Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando «a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano».

Un mensaje repetido el año pasado, en esta misma fecha señalada como Día Internacional de las personas con discapacidad, en él expresaba el Papa Benedicto XVI: “Toda persona, aún con sus límites físicos y mentales, incluso los graves, siempre es un valor inestimable, y como tal debe ser considerado. Aliento a las comunidades de la Iglesia a estar atentos y ser acogedores hacia estos hermanos y hermanas. Insto a los legisladores y a los gobernantes para que se proteja a las personas con discapacidad, y se promueva su participación plena en la vida de la sociedad.

Finalmente Benedicto XVI se une a los discapacitados reconociendo su propia incapacidad. Sería en su carta de renuncia, donde explica la pérdida de fuerza y vigor: “Vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.”

Juan Pablo II, la dignidad del discapacitado

Juan Pablo II defendió como nadie la dignidad del discapacitado. En su discurso con motivo de este día, en el año 2000, año del Jubileo en Roma, afirmó: Toda persona marcada por una discapacidad física o psíquica vive una especie de adviento existencial, la espera de una liberación que se manifestará plenamente, para ella como para todos, solo al final de los tiempos».

«Sin la fe, esta espera puede transformarse en desilusión y desconsuelo, por el contrario, sostenida por la palabra de Cristo, se convierte en esperanza viva y activa», añadía el, por entonces pontífice.

De igual manera se expresaría tras clausurar el Año Internacional y Europeo de las Personas con Discapacidad en 2003: «La humanidad herida del discapacitado nos desafía a reconocer, acoger y promover en cada uno de estos hermanos nuestros el valor incomparable del ser humano creado por Dios». Un mensaje en el que pedía no dar la espalda a los discapacitados: «Una sociedad que diera únicamente espacio a los miembros plenamente funcionales, totalmente autónomos e independientes no sería una sociedad digna del ser humano, la discriminación en virtud a la eficiencia no es menos condenable a la que se realiza en virtud de la raza, sexo o religión».

Fueron muchísimos los mensajes a los dicapacitados en su extenso pontificado. Como por ejemplo cuando habló de la familia y la integración social de los niños discapacitados en el año 2.000: “Los medios de comunicación pueden influir de modo muy positivo en el desarrollo del niño discapacitado, facilitando su formación y su integración en la vida de familia y en la vida social” y les mostraba a los padres cómo ser felices a pesar de las dificultades: “pueden hacer feliz a su hijo, cualquiera que sea su discapacidad”. “Cuando los padres aceptan la realidad de la discapacidad de su hijo empiezan a tener la posibilidad de ser felices en su prueba”, explicaba.

En el año 1981, Año internacional de los minusválidos, Juan Pablo II ponía el cariño hacia ellos como medida de una sociedad: “La calidad de una sociedad y de una civilización se mide por el respeto que manifiesta hacia los más débiles de sus miembros”. “El grado de salud física o mental no añade ni quieta nada a la dignidad de la persona; más aún, el sufrimiento puede darle derechos especiales en nuestra relación con ella, afirmaba en su mensaje.

Juan Pablo II llegaría, en el año 2004 a denigrar el término “vegetativo” para las personas totalmente discapacitadas: «El término vegetativo, para referirse al estado de seres humanos es denigrante y desafortunado pero se ha impuesto en el uso, el peligro está en que se utilice no solo para describir el estado clínico, sino a la persona misma, la calidad de la persona jamás disminuye» y mandaba un mensaje reivindicando la dignidad de estas personas: “Un hombre aunque esté gravemente enfermo o se halle impedido en el ejercicio de sus funciones más elevadas, es y será siempre un hombre, jamás se convertirá en un vegetal o un animal».

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