Los obispos ven posible fraude en las elecciones presidenciales del pasado 25 de octubreEl panorama electoral de Haití, la nación más pobre del continente americano, y que, encima de todo enfrenta un problema gravísimo de migración y leyes de extranjería con el vecino país de República Dominicana, aparece cada vez más enrarecido, más complicado, más proclive a la violencia.
En medio del caos electoral que provocó que más de 50 candidatos se disputaran la presidencia de una República prácticamente en ruinas –en buena parte víctima del terremoto que la sacudió en 2010 y en otra buena parte por la corrupción rampante que impera en la pequeña nación de El Caribe— en los comicios del pasado 25 de octubre, la segunda vuelta electoral a la que tendrían que acudir los candidatos Jovenel Moise y Jude Celestin, es un galimatías.
Evidencias de fraude
Por ello, la Conferencia Episcopal Haitiana pidió –mediante un comunicado– al Consejo Electoral Provisional que aclare “lo que ha sucedido realmente” durante las elecciones presidenciales del 25 de octubre, en las que los observadores imparciales de la propia Conferencia, detectaron evidencias muy claras de fraude.
Moise es el candidato que representa al actual gobierno haitiano. Se trata de un empresario del ramo de la banana de 37 años de edad que recibió, según el Colegio Electoral Provisional, el 32.8 por ciento de la votación en las elecciones del pasado mes de octubre.
Celestin, de 53 años, representante de la principal fuerza de oposición, la Liga Alternativa para el Progreso y Emancipación de Haití, habría recibido 25.2 por ciento de los sufragios.
El recuento emitido por el Colegio Electoral haitiano electoral sobre la primera vuelta realizada el pasado 25 de octubre arrojó 2.939 actas electorales, de las cuales se contaron 1.538 393 votos válidos, 120.066 nulos y 22.238 en blanco. El candidato opositor decidió, 72 horas después de los comicios, ir a la segunda vuelta electoral.
Dada la evidencia que la comisión “Justicia y Paz” del episcopado haitiano ha encontrado de fraude –obviamente a favor del oficialismo– podría preverse que el próximo 27 de diciembre, cuando se celebre la segunda vuelta electoral, la agitación y la violencia que marcaron las elecciones legislativas del mes de agosto de 2015, en las que fallecieron diez personas, se repita.
Solidaridad y comunión con el pueblo
Uno de los problemas electorales más graves que ha enfrentado Haití en los pasados comicios presidenciales del mes de octubre ha sido el ausentismo.
De cinco millones de haitianos inscritos en el Colegio Electoral, no fueron tantos los que acudieron a las urnas para elegir al sucesor del actual presidente Michael Martelly, quien fuera electo hace cerca de cinco años, tras el devastador terremoto que dejó un millón de personas sin hogar en Haití, y una estela de miles de personas fallecidas o desaparecidas.
Los obispos haitianos pidieron mayor transparencia al Consejo Electoral y que éste actúe en “solidaridad y comunión” con un pueblo que, no obstante ha podido levantarse de los escombros, gracias, en buena medida, a la ayuda internacional y al papel que la Iglesia católica ha jugado en su recuperación moral, espiritual y material, hoy enfrenta “un momento crítico y decisivo”.