Recibe Aleteia gratis directamente por email

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

“Los juegos del hambre: Sinsajo Parte II, bienvenidos a la etapa adulta

Lionsgate
Comparte

Toca despedirse de una metáfora que concluye con una amargura teñida de esperanza

Clasificación por edades: no recomendada a menores de 13 años

La trilogía de novelas, convertida en tetraología de películas, confirma varias sospechas.

En primer lugar que el llamado “cuarto acto” que desde hace años está cobrando bríos en la nueva estructura que rompe el paradigma de guión establecido por Syd Fields sobre la base aristotélica ha dado un paso más allá y se está convirtiendo en costumbre dividir la última entrega de cualquier saga que se precie en dos películas. Sucedió con “Harry Potter y las reliquias de la muerte”, sucedió con “Crepúsculo: Amanecer”  sucederá con “Los Vengadores: La guerra del infinito” cuyas partes I y II llegarán en 2018 y 2019.

Casi puede decirse que esa voluntad de alargar la despedida hasta el límite de lo tolerable dio una particular vuelta de tuerca cuando tras desbrozar en “sólo” tres películas que totalizan 683 minutos de metraje en las versiones extendidas para adaptar tres libros con un total de 1.424 páginas, alargó hasta los 532 minutos de las ediciones extendidas un libro de 324 páginas.

En el caso de “Sinsajo”, libro que cierra la trilogía de Suzanne Collins sobre Katniss Everdeen, también se ha optado por dividir la adaptación cinematográfica en dos entregas de forma que en realidad puede desarrollarse con mayor profusión el contenido habitualmente más denso y complejo de un libro de 390 páginas.

Y en esta entrega final -ahora sí- de verdad los aficionados a la saga reciben la agridulce recompensa de ver cómo concluye el arco dramático de un personaje tan atractivo como predecible y arquetípico, de despedirse (esa amarga despedida del libro que no queremos que nunca termine) de un universo creativo cautivador, pero sobre todo de despedirse de una metáfora que concluye con una amargura teñida de esperanza.

Porque si desde el primer instante de la primera película sospechamos que nos encontrábamos ante una nueva forma de contarnos un rito iniciático con la excusa de un futuro distópico y mediáticamente postapocalíptico, con sus galas y expulsiones que rivalizan con los programas televisivos actuales de niños cocineros y cantantes, esta última entrega nos lanza a la cara el paso a la edad adulta de unos personajes que por la dureza de la realidad que se nos contaba habían visto truncada su inocencia y su niñez a partes iguales por mor de los Juegos del Hambre, el panem et circenses que nos entretendrán del caos que vendrá.

La niña que poco a poco se ha convertido en mujer alcanza ahora el rango de líder que (en esto ha habido pocas dudas) apuntaba casi desde el primer momento. Pero ese liderazgo lleva aparejada una responsabilidad que va más allá de la que supone dar el paso a la madurez: el reto no es convertirse en un adulto sino en convertirse en quien lidera un cambio de modelo social, político, cultural…  humano en suma.

No es que “Los juegos del hambre” comenzasen como un bucólico paseo campestre, pero esta última entrega se torna la más oscura de todas por evidentes razones: todo se desmorona y el peso que recae sobre los hombros de esta distópica Juana de Arco que se mantiene firme contra todo es terrible y duro. No puede ser de otra forma: de luchar por la propia supervivencia pasó a luchar por la de su familia, su grupo y ahora todo un país, todo un sistema al que con su lucha y su sacrificio deberá sacudir de sus decadentes y sangrientas decadencias para alumbrar un futuro en el que sean las nuevas generaciones las que decidan qué será de su vida en lugar de someterse al dictado del estamento acomodado y explotador.

La Revolución pocas veces fue luminosa y pacífica y tras tanto tiempo de letargo el amanecer para una nueva era no puede ser luminoso y con un sol radiante recortado sobre el cielo azul y rodeado de nubes de algodón. El joven espectador quizá no perciba conscientemente (pero seguro que sí subconscientemente) que desembarazarse de las estructuras que oprimen con injusticia no es un camino de rosas y nunca será sencillo, pero si así fuera ¿qué mérito tendría conseguirlo?

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.