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París: 8 asesinos vs. miles de héroes

AFP PHOTO / ANTHONY DORFMANN
People cover a body near the Cafe Bonne Biere in Paris, on November 13, 2015, following a series of coordinated attacks in and around Paris which left more than 120 people dead. AFP PHOTO / ANTHONY DORFMANN
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Algunos buscan odio, pero siempre son más los que ofrecen esperanza

El terror, el horror, la ignominia han dado un duro golpe a París, a Francia, al mundo occidental. Frente a ello sobresale la esperanza, el apoyo y la solidaridad. Millones de personas conmocionadas en todo el mundo. Tras el relato del dolor, de los asesinatos, de las balas, de los explosivos, de la barbarie comienzan a aparecer los relatos de la esperanza.

Testimonios de supervivientes. Gente que estuvo allí y cuenta en primera persona lo que vivió. ¿Cómo se puede encajar un golpe tan duro como ese? ¿Cómo puede psicológicamente afectar algo así? ¿Por qué unos se han salvado y otros no? ¿Por qué? es siempre la gran pregunta.

Isobel Bowdery fingió estar muerta durante más de una hora: “Estaba tirada en la sangre de extraños esperando mi bala”, explica en su Facebook.

“Decenas de personas fueron asesinadas justo enfrente de mí. Charcos de sangre llenaron el piso. Los gritos de hombres adultos que tenían los cuerpos de sus novias muertas traspasaron la pequeña sala de conciertos. Futuros demolidos, familias con el corazón roto, en un instante”, explica Isobel en un intento de “exorcizar” todo lo vivido: “este horror me permite ser capaz de arrojar luz sobre los héroes”.

También milagrosamente salvó su vida David Fritz. Se encontraba dentro de Bataclan y pudo ser ejecutado. De nacionalidad chilena explica, a un medio de comunicación de su país ,cómo le pusieron una metralleta en la cabeza y le preguntaron si era francés y creía en Dios: “No me mataron porque no tuvieron tiempo”, asegura David.

La española Ángela Reina también se ha salvado, pero su marido Juan Alberto González perdía la vida en Bataclan. En el diario El País muestra como su marido le salvó la vida: “Movió sus piernas para que mi cabeza quedara debajo de él. Me intentó proteger, estoy segura. Además, al rato, él se incorporó sentado y me tocó, me dijo algo que no pude entender. Creo que dijo mi nombre, y le vi como mareado, me incorporé y me deslicé sentada hacia él, intenté sujetarlo entre mis brazos, vi que había sangre y creo que empecé a gritar, eso no lo recuerdo bien”.

Después llegaría la policía y Ángela fue sacada a un patio y separada de su marido al que metieron en una ambulancia. Ya no puedo volver a verle con vida.

Son ocho los asesinos. Los que llevaron el terror a París. Son más de 130 las víctimas y sus familias que han vivido, viven y vivirán este dolor por mucho tiempo. Y son muchos, muchos más los héroes anónimos. Los policías, médicos, enfermeros, conductores de ambulancia, psicólogos…la gente que se volcó y abrió sus casas ofreciendo refugio. Personas que fueron a comprar ropa para los que tenía la ropa con sangre manchada. Gente que salió a la calle a socorrer a los afectados o que salió a las redes sociales, a la “calle virtual” para mandar mensajes de apoyo.

Pasada la tormenta y aún a la espera de la calma el testimonio de esperanza del ser humano es muy superior al de la barbarie. Son pocos los que propugnan odio y dolor, son muchos más lo que en estas situaciones miran al prójimo y le regalan esperanza.

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