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El Islam no es un extraño: también forma parte de Europa

Dave Collier-CC
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Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y España acogen ya a la cuarta generación de musulmanes

Pensar en el Islam como un extraño que visita Europa es un error. Porque forma parte de ella. La presencia de musulmanes en Europa es una realidad que debe contemplarse más allá de los acontecimientos actuales. En países de tradición colonial, esta emigración ha sido decisiva en su reconstrucción tras la II Guerra Mundial. Durante más de seis décadas esta población en crecimiento ha constituido un símbolo de diferenciación cultural importante, interpelando nuestras sociedades secularizadas tanto como nuestra identidad religiosa ¿cómo afrontamos esta realidad?

Una religión, diferentes realidades

Andrea Pacini, consultor del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas cifra en aproximadamente 25 millones el número de musulmanes residentes en Europa.

Una cifra que varía al alza, especialmente teniendo en cuenta dos factores: su modelo familiar, con un número de hijos por mujer más elevado y las distintas oleadas de inmigración. Sin embargo, el rostro del Islam en Europa no es sólo no, sino que reviste realidades distintas. Especialmente, teniendo en cuenta sus lugares de origen.

Este factor, no sólo ha venido determinando por generaciones diferentes modos de comprender y vivir la religión. También les ha conferido una fisonomía social, económica propia. Y lo que es crucial: su adscripción a interpretaciones o corrientes de alcance global dentro del Islam y que traspasan las fronteras del continente europeo.

Un Islam complejo al que se añade otro factor de diferenciación más: el generacional. Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y España acogen ya a la cuarta generación de musulmanes, que son ciudadanos de pleno derecho. 

Una población integrada en las sociedades europeas, educada en sus aulas y cuyos referentes son en gran medida occidentales. Este proceso ni fue ni es sencillo, porque pone encima de la mesa la cuestión de la integración y la asimilación. Es decir, hasta qué punto estas generaciones se consideran y actúan como ciudadanos de pleno derecho en sus respectivos países. O bien, viven la tensión entre un sistema occidental y su origen cultural e identidad religiosa como un obstáculo, una elección e incluso como una imposición.

El modo en que cada individuo vive el Islam en un entorno mayoritariamente no musulmán es un asunto especialmente importante. Hay que tener en cuenta que no todos los musulmanes tienen el mismo nivel de práctica religiosa, ni están adscritos a corrientes religiosas o políticas. O ni siquiera están ligados a organizaciones o federaciones islámicas. Por tanto, podemos decir que el Islam en Europa desborda sus instituciones visibles. Y tampoco responde a un solo modelo.

¿Cómo actúa la Iglesia frente a esta realidad?

El Islam en Europa no puede concebirse como un elemento pasajero, coyuntural, o extraño. Porque forma parte de nuestras sociedades, en tanto que ciudadanos de Estados democráticos y defensores de la libertad religiosa. Las Conferencias Episcopales francesa y alemana poseen una larga experiencia en este campo. Es por eso que se han centrado en reforzar los lazos con las comunidades musulmanes de sus diócesis dentro de su actividad pastoral. Especialmente, prestando atención a dos realidades: matrimonios mixtos y diálogo interreligioso.

En cuanto a los matrimonios mixtos, se trata no sólo de atender a sus particularidades, sino de acoger la realidad familiar que se organiza en torno a esta realidad.

Reactivando los procesos de acompañamiento que orienten la educación religiosa de los hijos para que ésta no quede entre el abandono o la confusión. Sobre el diálogo, las actuaciones van siempre orientadas a superar prejuicios históricos. Este puente de entendimiento se ha apoyado sólidamente en cuatro direcciones, que coinciden con distintas tipologías de diálogo, reflejadas en el documento “Diálogo y Anuncio”: el diálogo de la vida, el teológico y cultural, la cooperación y el diálogo de la espiritualidad.

A pesar de las dificultades, la Iglesia no sólo evita vivir la diversidad con miedo o prevención, sino como una riqueza y una oportunidad de acogida. Es consciente de que muchos niños musulmanes asisten a escuelas católicas precisamente porque se les asiste con el respeto debido.

Muchas madres de familia musulmanas han encontrado en instituciones católicos la ayuda necesaria para salir adelante en el mundo laboral, a través de actividades de formación. Allá donde la presencia de musulmanes posee mayor trayectoria, como Francia o Alemania, sacerdotes e imames, en parroquias o mezquitas, son conscientes de la necesidad de un entendimiento en base a una caridad cultural que sea sostén de la convivencia cotidiana de sus respectivas comunidades.

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