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Negar la existencia del islam moderado significa dar ventaja al ISIS

DOMINIQUE FAGET / AFP
A muslim holds placard reading "Terrorism is not Islam. is like this flower. Terrorsim has no religion" during a gathering at "Le Carillon" restaurant one of the site of the attacks in Paris, on November 15, 2015, in the 10th district of Paris. Islamic State jihadists claimed a series of coordinated attacks by gunmen and suicide bombers in Paris that killed at least 129 people in scenes of carnage at a concert hall, restaurants and the national stadium. AFP PHOTO / DOMINIQUE FAGET
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Hoy más que nunca es necesario el diálogo interreligioso

No existe un islam moderado. Esto es lo que se lee y se oye decir en estas horas que siguen al terrible atentado de París por parte de fanáticos terroristas de fe islámica.

Todos están aprovechando los hechos para su propia ideología religioso-política: la derecha fomenta el odio escribiendo “islámicos bastardos” en primera página, la izquierda persiste en su inmadurez identitaria con frases hechas por la paz y eslóganes como “Je suis Paris”, los católicos tradicionalistas se alegran de haber encontrado un nuevo motivo para agredir mediáticamente al “apóstata” Papa Francisco que “nos pone en las manos del islam”, mientras que los católicos progresistas se agarran a lo que sea para evitar reconocer que estamos en guerra y que también el Magisterio católico contempla el concepto de legítima defensa.

No entremos en la cuestión, los tonos son demasiado incendiarios y hay poca lucidez en los antagonistas. Pero queremos recordar que seguramente no será la guerra –aunque parezca cada vez más inevitable– la que resuelva algo.

Lo que de verdad podrá ayudar es el aislamiento del fundamentalismo por parte del mundo islámico.

Por eso quien niega la existencia de un islam pacífico pone bajo sospecha precisamente a las comunidades islámicas moderadas, que son en cambio las que pueden (y deben) tener un papel fundamental contra el terrorismo islámico.

El documento magisterial Nostra Aetate firmado por Pablo VI afirma que la Iglesia católica “no rechaza nada de cuanto hay de verdadero y santo” en las religiones no cristianas.

“Esta considera con sincero respeto esos modos de actuar y de vivir, esos preceptos y esas doctrinas que, aunque en muchos puntos difieren de cuanto ésta cree y propone, sin embargo no raramente reflejan un rayo de esa verdad que ilumina a todos los hombres”.

En particular, en lo referente al islam, la “Iglesia mira con estima a los musulmanes que adoran al único Dios […]. Aunque, en el curso de los siglos, han surgido no pocos disensos y enemistades entre cristianos y musulmanes, el sagrado Concilio exhorta a todos a olvidar el pasado y a ejercer sinceramente la mutua comprensión, y también a defender y promover juntos para todos los hombres la justicia social, los valores morales, la paz y la libertad”.

Es curioso que entre muchos acusadores contra el islam hay tradicionalistas “defensores de la Doctrina”, los cuales sin embargo reniegan del Magisterio de la Iglesia católica de Nostra Aetate.

Sin contar que la exhortación del Concilio Vaticano II ha sido escuchada en muchísimas ocasiones: existen muchas comunidades islámicas que viven en estrecho contacto con las cristianas, en armonía y paz, así como hay comunidades musulmanas que son masacradas por los propios terroristas islámicos, dentro de la guerra entre chiíes y sunníes.

Sería también interesante profundizar en el pensamiento de Farhad Khosrokhvar, sociólogo iraní, según el cual la ruptura con el mundo occidental por parte de los jóvenes musulmanes inmigrantes se debe al laicismo, al vacío de reglas morales que encuentran.

Citemos algunos ejemplos que impiden hablar de “islam intrínsecamente violento”: en Irak, es decir, en “su propia casa”, grupos musulmanes se han manifestado a favor de los cristianos perseguidos con carteles como: “Yo también soy un cristiano iraquí”, recibiendo el agradecimiento de monseñor Sako, patriarca de Bagdad.

En Mosul, monseñor Emil Shimoun Nona contó: “los vecinos, pertenecientes a familias musulmanas bajaron a la calle para defender un lugar de culto cristiano. Al final lograron expulsar a los asaltantes. En la ciudad muchas personas que han quedado, musulmanas, están intentando defender en lo posible casas y lugares de culto cristianos”.

Recordemos la “Declaración de Beirut sobre libertad religiosa”, publicada por la Makassed de Beirut, importante asociación sunní, en la que se lee: “No se puede obligar a la conversión ni perseguir a quien tiene una fe distinta de la propia. El islam prohíbe declarar una guerra contra quien es distinto, expulsarlo de sus tierras y limitar su libertad en nombre de la religión. Beirut se hace portavoz del islam liberal que quiere la convivencia con los cristianos, de la que es rica la tradición del Líbano”.

Georges Isaac, político cristiano en Egipto, recordó: “La gente común de fe musulmana, que no tiene nada que ver con el partido de Morsi, está defendiendo las iglesias aún más que los propios cristianos. No se corre el riesgo de un enfrentamiento sectario entre los cristianos y los musulmanes, porque es una hipótesis que no forma parte de la mentalidad de la gran mayoría de los egipcios”.

En Pakistán, una cadena de “escudos humanos” formada por unos 300 musulmanes, miembros de la asociación “Pakistan For All”, protegió una iglesia cristiana en la que se estaba celebrando la Misa, para evitar posibles ataques terroristas.

El Mufti que organizó el evento leyó algunos pasajes del Corán sobre la tolerancia y la paz, levantando carteles con la leyenda “One Nation, One Blood” (una sola nación, una sola sangre).

En Italia, hace pocos meses, Yahya Pallavicini, numero uno de la comunidad musulmana milanesa, y Abbas Damiano Di Palma, presidente de la Asociación islámica “Imam Mahdi”, dijeron públicamente: “No a la retirada del crucifijo de los espacios públicos”, pues para Pallavicini el crucifijo es un “irrenunciable valor cultural”, mientras que según Di Palma se trata de un “recuerdo de la sacralidad de todo ser humano”.

El líder de la comunidad musulmana milanesa añadió: “Los del ISIS no son verdaderos musulmanes. Lo que sucede en los territorios en los que suníes y chiíes están en conflicto no es una guerra de fe, se parece en cambio a lo que pasaba en Europa con la Guerra de los Treinta Años. También aquella, según el Imán, podía parecer una guerra de religión entre confesiones cristianas, pero en realidad se trataba de un conflicto determinado por razones políticas y puro poder. Hoy asistimos a la instrumentalización de la religión en la política; pero este fenómeno debe separarse. No debemos decir que los suníes son buenos y los chiíes malos, o viceversa. Esta simplificación es un acto de fundamentalismo, parecido a la vulgarización de la religión con fines terrenales y de poder”.

Igualmente, en estas horas muchísimas condenas contra los atentados de París están llegando del mundo islámico, como la del imán de Al Azhar, la más prestigiosa institución del islam sunní, la del Centro Islámico Cultural italiano o la del presidente de la Unión de las comunidades islámicas italianas (Ucoii), el cual ha subrayado la condena del homicidio en el Corán.

Ciertamente tienen razón los que invitan a las comunidades islámicas a aislar a los violentos, a denunciarlos, a colaborar con las autoridades para volver inofensivos a los fundamentalistas.

Esto implica una colaboración con estas realidades, reconociendo también las numerosas ocasiones en las que han defendido a los cristianos, desarmando a los violentos.

Hace falta un punto de vista complejo, reconociendo un grave problema de convivencia con la violencia en la religión islámica pero no reduciendo el islam a una religión de violencia.

La alianza con los islámicos moderados contribuirá a volver a colocar lo sagrado en el centro de nuestras fracasadas sociedades laicistas (y se podrán compartir batallas culturales comunes, por ejemplo en defensa de la familia, como sucede en Senegal) y al mismo tiempo servirá para combatir eficazmente a quien usa a Dios para justificar la violencia. Esta es la solución que proponemos.

Artículo publicado por Unione Cristiani Cattolici Razionali y traducido por Aleteia

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