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“Para Pablo VI el Pontificado fue un martirio”

© Ngô Trung
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Antes de beatificar a su predecesor, hace un año, Francisco reveló a los obispos de Brescia que «para la ceremonia debería vestirme de rojo», porque las incomprensiones «hicieron de Montini un mártir»

Pablo VI fue definido el Papa «olvidado» Pero no por su sucesor Francisco, quien hace un año, antes de beatificarlo en la Plaza San Pedro, recibió a los obispos originarios de la disecáis de Giovanni Battista Montini. Entre ellos estaba el obispo de Palestrina y asistente eclesiástico de Acción católica, Domenico Sigalini, presidente de la Comisión de la Conferencia Episcopal de Italia para el laicado.

Una frase amarga expresa la admiración de Jorge Mario Bergoglio por su predecesor que concluyó el Concilio Vaticano II y la consciencia sobre las resistencias e incomprensiones que tuvo que afrontar. «Para proclamarlo beato, debería usar paramentos rojos, como la sangre, en lugar de blancos, porque su Pontificado fue un verdadero martirio», sintetizó Francisco.

La herencia montiniana se entrelaza con las raíces conciliares de Francisco. El nudo es el Vaticano II y las resistencias e incomprensiones que encontró Pablo VI tanto en ambientes conservadores como en los progresistas.

«También el programa de Francisco es el Concilio -explica el arzobispo teólogo Michelle Pennisi, ex-rector en Roma del Colegio Capranica. Jorge Mario Bergoglio, primer Papa que no participó en el Vaticano II, tiene como hilo conductor de su pontificado la realización y la actualización de la primavera conciliar».

Es decir, el Concilio constituye el verdadero programa de Francisco y su magisterio debe ser interpretado y vivido a la luz del Vaticano II. Esto es confirmado por el mismo Pontífice que llegó, por su celebre auto-definición en el primer saludo a los fieles en Plaza San Pedro, casi «del fin del mundo». El 16 de marzo de 2013, Francisco lleva pocos días de haber sido elegido.

El día del cumpleaños de Benedicto XVI, Bergoglio recordó acción de Ratzinger por el Vaticano II, que debe ser vivida «y no solo celebrada». Palabras proféticas con respecto a su acción de reforma radical de la Iglesia y a las resistencias que se habría encontrado en los meses sucesivos en los sectores más conservadores de la Curia romana y en algunos episcopados nacionales. El Concilio es «fruto del Espíritu», pero muchos «quieren volver atrás».

También en relación con «la Iglesia pobre y para los pobres» Francisco cita constantemente a sus predecesores. «Y naturalmente todos citan el Evangelio, que al final es la verdadera raíz de la continuidad -observó para Vatican Insider el sociólogo Massimo Introvigne, profesor de sociología de las religiones en la Universidad Pontificia Salesiana de Turín y vice-responsable nacional de Alianza católica. Desde el 5 de enero hasta el 31 de septiembre de 2011 fue Responsable de la Osce para la lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación en contra de los cristianos y los fieles de otras religiones.

«Aplicar al Magisterio de Francisco la hermenéutica de la reforma en la continuidad significa aceptar lealmente las reformas que Francisco propone y propondrá, leyéndolas juntas en la continuidad con el Magisterio de sus predecesores, aún cuando esto pudiera parecer, a primera vista, difícil —subrayó Introvigne. Pero Benedicto XVI nos ha mostrado cuán difícil es esto con ciertos pasajes del Concilio». Y, «la misericordia no puede ser separada de la verdad y de la justicia, justamente para ser creíble y para mantenerse fieles a los documentos del Concilio», anotó Introvigne.

También aquí, «quien lea a Francisco según una hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura trata de separar la misericordia de la doctrina: en el frente progresista para proclamar que la doctrina ha ‘caducado’, como si fuera un yoghurt, y en el frente llamado tradicionalista, para sostener que la misericordia de Francisco niega la doctrina y, por lo tanto, es heterodoxa».

Giacomo Galeazzi

Artículo originalmente publicado por Vatican Insider

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