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Colombia: Armero y sus 30 años de tristes recuerdos

JAIRO HIGUERA / EL ESPECTADOR / AFP
Handout photo released by El Espectador of Colombian Omayra Sanchez, 12, as she is helped without success by rescuers in Armero, Colombia on November 15, 1985. The girl was trapped for more than 60 hours following the eruption of the Nevado Del Ruiz volcano and finally died on November 16. Over 20,000 people died in the disaster. AFP PHOTO / EL ESPECTADOR - Jairo Higuera
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Conmemoración de una tragedia que pudo ser evitada

El 13 de noviembre de 1985 el cráter Arenas del Nevado del Ruiz, ubicado a 5.400 metros de altura, escribió la trágica historia de Armero, el pueblo colombiano que desapareció del mapa en cuestión de horas. Entre el 13 y 16 de noviembre siempre vuelve a la memoria los hechos y mea culpas por lo que se pudo hacer y no se hizo para evitar el deceso de casi 25 mil habitantes.

Las páginas del dolor

Eran las 3:30 de la tarde cuando Armero se vio afectado por una lluvia de cenizas, de piedras y arena amarillenta. Pasada una hora y media empezó la angustia y la pesadilla para los miles de habitantes que empezaron a sufrir debido a la erupción del cráter Arenas del cual se desprendió un 2 % de nieve. La avalancha tomó el recorrido del río Lagunilla arrastrando todo lo que estaba a su camino alcanzando una altura de 30 metros en algunas zonas. Llegada la noche, a las 10:40 flujos de lodo de 100 millones de metros cúbicos invadieron Chinchiná, el segundo pueblo más afectado en el que murieron 1.927 habitantes.

Es triste y fue angustiante el desenlace de esta historia que mortifica la memoria de muchos porque pude preverse si en su momento se hubieran tomado las medidas necesarias. El año anterior, el volcán había presentado cierta actividad sísmica y en septiembre del 85 el venía dando fuertes indicios que venía despertando; sin embargo ni las autoridades hicieron algo al respecto y ni los pobladores intentaron movilizarse a alguna zona segura.

Las consecuencias fueron irreversibles. No sólo por la desaparición geográfica del pueblo sino por la vida de las casi 25000 personas que murieron; algunas ahogadas, atascadas; otros fueron rescatistas que en su labor perdieron también la vida y algunos que sobrevivieron en su momento pero no resistieron hasta el final.

El panorama de aquella noche y al día siguiente era desolador. Las labores rescatistas en algunas ocasiones parecían vanas pues era imposible sostener equipos de rescate y maquinaria pesada por la consistencia del lodo. El país no estaba preparado para este evento previamente anunciado por lo que la necesidad de helicópteros nunca fue saciada, cuando llegaron los helicópteros de los países amigos ya muchos habían muerto. La asistencia médica llegó muy tarde y fueron los mismos sobrevivientes que se encontraban en mejor estado los que mientras tanto intentaban hacer algo por sus familiares y vecinos que todavía mostraban signos de vida.

Algunos tuvieron que ser amputados porque fueron atrapados entre escombros y lodo petrificado. Fueron miles los que quedaron sin hogar por lo que tuvieron que adecuar algunos albergues temporales donde sólo pocas familias estaban juntas; fueron muchos los niños que quedaron desamparados y familias enteras las que desaparecieron.

La valentía y reciedad de una niña de 13 años que moría lentamente

Para cualquier colombiano que recuerda la tragedia de Armero no puedo dejar de pensar en la triste y dramática historia de Omaira Sánchez, la niña que conmocionó al mundo por las imágenes que los medios de prensa hicieron públicas.

Omaira fue sobreviviente, en su momento, de la tragedia. Ella se encontraba en casa con su tía, su papá y hermano. Su madre estaba en la capital, Bogotá, realizando un trámite académico. Cuando ocurrió la avalancha, su casa se vino abajo y con el lodo lleno de piedras sepultó a toda su familia. Ella quedó sostenida por la pared de su casa que la tenía aprisionada desde el tórax y toda la parte inferior. Se le veía su carita inocente y esperanzada, su cuello, sus hombros y sus manitas, con una se sostenía de un palo y la otra a veces la sacaba del lodo.

La niña permaneció dos días y medio luchando por su vida. En todo momento demostró la fuerza de su espíritu que no la desvaneció en el dolor. Hasta el último momento tuvo esperanza de ser rescatada, pedía a los periodistas que la acompañaban que le tomaran la imagen de su rostro cuando fuera liberada.

Los rescatistas intentaron de todo para poder salvarla pero fue imposible cumplirle el sueño de prolongarle la vida. No había equipos que permitieran arrebatarla de la prisión en la que se encontraba parte de su cuerpo, sus piernas estaban fuertemente sostenidas negándole la posibilidad de sobrevivir, por lo que se pensó como opción en amputarle las piernas pero no se pudo proceder porque no se tenían los elementos quirúrgicos para tratarla.

Fue el 16 de noviembre que Omaira falleció acompañada de quienes impotentes no pudieron hacer nada para liberarla. La niña nunca perdió la entereza y quienes recuerdan las imágenes que transmitían hace 30 años pueden coincidir en la fortaleza, alegría, nobleza que caracterizó a la pequeña que en medio de su agonía no pensaba en ella. En alguna ocasión, mandó a descansar a sus rescatistas, sus últimas palabras fueron dedicadas a su madre.

Omaira murió infartada y junto con ella se fueron sus sueños y los de muchos pobladores que ese día no vieron la luz. En la actualidad, el pueblo de Armero sepultado es un Campo Santo y en el lugar donde murió Omaira hay una cruz. ¡La Cruz de la Vida!

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