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EEUU: Tras 15 meses refugiada en una iglesia, pudo regresar con su familia

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La mexicana Rosa Robles gana una batalla significativa contra las deportaciones de «indocumentados»

Después de pasar 461 días dentro de un templo presbiteriano, “santuario” para los indocumentados en la ciudad de Tucson, Arizona, finalmente la mexicana Rosa Imelda Robles Loreto salió a reunirse con su familia.

Rodeada de reporteros, activistas por-inmigrantes y el equipo legal que la apoyó durante los 15 meses de estancia en la iglesia, refugiada en ella para no ser deportada a México, Rosa Imelda agradeció a todos el apoyo que recibió.

La inmigrante de origen mexicano abandonó el pasado miércoles su santuario luego de que su abogada llegara a un acuerdo con las autoridades estadounidenses de inmigración.

Robles dijo no estar en libertad de dar detalles sobre el acuerdo, pero precisó que “permanecerá en el país”.

Un icono de millones

Rosa Imelda ha sido un icono en la lucha de millones de indocumentados por evitar la deportación y la disolución de su familia (pues sus hijos y su esposo tienen nacionalidad estadounidense).

Mexicana, de 42 años, limpiaba casas para ayudar a sostener a su familia, entró en santuario el 7 de agosto de 2014 después de que recibiera una orden de deportación.

Desde esa noche entonces durmió en la iglesia presbiteriana al sur de Tucson, donde se celebraban vigilias con la esperanza de que ella pudiera quedarse en EEUU.

Aprendí a ser paciente. Eran días muy duros pero nunca pensé en retirarme. Valió la pena esta lucha, no solo por mi familia sino por millones. Muchas familias vinieron a platicar conmigo. Hoy escucho que dicen ‘No me voy’’”, dijo Rosa Imelda.

Según declaró a la prensa que ha seguido su caso, especialmente la prensa hispana en Estados Unidos, la parte más difícil de su lucha fue estar lejos de su esposo e hijos, quienes la visitaban frecuentemente en el santuario.

«La familia es lo más que se extraña, pero al mismo tiempo me dio fuerza para seguir. Mi motivación era mi familia».

La lucha sigue

Rosa Robles aseguró que no fue en vano su estadía en la iglesia. «Aprendí a ver la riqueza del amor de mi familia. Antes de entrar aquí, le preguntaba a Dios: ‘Si yo tengo una familia y no tengo problemas de salud, ¿por qué me siento sola?'».

«Hoy me doy cuenta de que por alguna razón me tuvo aquí Dios, para decirme con tantos ángeles y tanta gente que no estoy sola. Seguiremos en esta lucha. Mi victoria de hoy continúa en la lucha, porque mi familia no es la única. Son millones, y eso me lo enseñó esta iglesia día a día».

Para celebrar su salida, hubo una ceremonia religiosa en el templo, en la que se bendijo a la mexicana y su familia minutos antes de abandonar la iglesia.

En declaraciones a la prensa, previas a su salida, Rosa Imelda se preguntaba: “Dios mío, ¿qué pasa si tengo que pasar otro año aquí? Es muy duro, muy pesado. Pero gracias a Dios tengo el amor de la gente. Es como una cárcel, aunque tenga todo el apoyo, estar encerrada, sin tu libertad, la valoras mucho”

Por una infracción de tránsito

En 2010, Robles fue «víctima» de la implementación de la ley estatal SB1070 en Arizona, que permite a los departamentos policiales cuestionar el estatus migratorio de aquellos que «sospechan» se encuentran de manera ilegal en el país y entregarlos a Inmigración.

Luego de que entrara en vigor esta legislación, Robles fue detenida por una infracción de tráfico y, debido a que no contaba con una identificación o licencia de conducir, fue entregada a agentes de Inmigración. Pasó meses en un centro de detención, y finalmente en 2014 buscó refugio en una iglesia.

Por meses, la comunidad en el sur de Arizona luchó en favor de Robles. Se estima que 9.500 dueños de casas y negocios colocaron cartelones en sus propiedades para apoyar a la indocumentada.

Además, se enviaron más de 7.000 correos electrónicos y se hicieron miles de llamadas telefónicas al Departamento de Seguridad Nacional para pedir que revisaran su orden de deportación.

Un movimiento solidario

El Movimiento Santuario fue el que mantuvo a Rosa Imelda en custodia en Southside Presbyterian Church. Esta iglesia fue una de las primeras en recibir inmigrantes en la década de los 80.

En ese entonces, el Movimiento Santuario surgió para dar refugio a los miles de inmigrantes centroamericanos que escapaban de los conflictos en sus países y se enfrentaban a la posibilidad de ser deportados de Estados Unidos.

Hoy siguen prestando ese servicio. Hay, al menos, cuatro personas más refugiadas en iglesias en Estados Unidos. Y mientras ellas ven pasar el tiempo, el “alivio migratorio” propuesto por la administración del presidente Obama, nada más no llega.

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