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Narcos: La serie TV que se atreve con Pablo Escobar

Netflix
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Un crudo retrato sobre la canibalización del poder y de como este poder corrompe por definición al ser humano

ADULTOS CON RESERVAS – Escenas extremas de contenido violento o sexual

La televisión se está convirtiendo en un terreno excepcionalmente creativo donde, de vez en cuando, se pueden ver interesantes producciones como Narcos. Lo que no puedas hacer en el cine hazlo en la pequeña pantalla aunque, eso sí, con la mitad de presupuesto y con el mismo ingenio.

Narcos nos adentra en la vida de Pablo Escobar, uno de los mayores traficantes de droga de la historia y los esfuerzos por parte de la DEA (Drug Enforcement Administration-Administración para el control de drogas) de acabar con sus fechorías. Y aunque parezca la misma historia de siempre, esta vez no lo es por varios motivos.

Para empezar Narcos cuenta con la contribución de José Padilha, un director brasileño que saltó a la fama gracias a una destacada propuesta titulada Tropa de élite que consiguió el beneplácito de Hollywood para que pusiera en marcha el remake de Robocop. Aunque estrictamente Padilha no es el creador de la serie, tal crédito es para Chris Brancato, un guionista con trabajos tan poco interesantes y muy olvidables como Sensación de vivir (la serie) o Species II.

Todo apunta a que los responsables de Narcos decidieron que si iban a contar una historia de Sudamérica lo mejor era que detrás de las cámaras hubiera alguien que conociera bien aquella tierra. Tal vez por esto, los diez episodios de la primera temporada de Narcos están dirigidos por lo más granado del mundo latino en Hollywood y lo más prometedor de sur del continente. Tal es el caso de Padilha, pero también del mexicano Guillermo Navarro (director de fotografía habitual de Guillermo del Toro que aquí dirige un par de capítulos), el brasileño Fernando Coimbra o el colombiano Andrés Baiz.

Esta puede ser una de las razones por las que en esta serie parece que no haya estrictamente “buenos” y “malos”. Todos sabemos distinguir a unos y otros, pero no hay etiquetas, hay seres humanos y eso está bien. También parece que hay un particular esfuerzo por no retratar a los estadounidenses como los héroes de la función como suele ser habitual. La DEA juega un papel esencial pero la medalla no es para ellos por una vez. Terminar con Escobar fue el resultado de muchos esfuerzos como cabría esperar de un personaje de su calibre criminal.

Narcos es un crudo retrato sobre la canibalización del poder y de como este poder corrompe por definición al ser humano. Un mortal no puede tenerlo todo en este mundo porque no está hecho para eso. El hombre debe construir, buscar y descubrir y después volver a buscar. Pablo Escobar dio con una gallina de los huevos de oro en forma de polvo blanco. Tuvo esa suerte, o quizás, tuvo esa mala suerte.

No sólo Escobar estaba falto de escrúpulos y de moral. Las fuerzas de seguridad, la policía colombiana y la DEA americana deciden zambullirse en el sórdido mundo que rodea a Escobar y el cártel de Medellín para atrapar a su principal responsable. A veces perseguir a un monstruo implica convertirse en uno de ellos. Otras veces, hay que bailar demasiado cerca del diablo. Ni la policía colombiana ni la DEA utilizan métodos particularmente ortodoxos porque en sus prácticas se incluyen los asesinatos a sangre fría, las extorsiones y las mentiras y da la sensación que a veces no están incómodos en estas situaciones. Quizás sean el mismo tipo de basura que persiguen pero es que atrapar desechos implica en algunos momentos que tengamos que convertirnos en ellos. Es un interesante planteamiento moral.

Narcos se desarrolla con un nervio que hacía tiempo no veíamos en televisión. La serie parece haber convertido en episódico el ritmo del mejor Scorsese de Uno de los nuestros o Casino, tanto en la forma como en el contenido. Narcos está contada en primera persona con una omnipresente voz en off que empapa el relato y que nos sirve de hilo conductor de una historia que pasa de lo dramático a lo descriptivo con facilidad. Quizá no sea la mejor serie de la historia y puede incluso que no sea la mejor serie del momento pero, no cabe ninguna duda que, es de las mejores que hay ahora mismo en antena. Expectantes ante su inminente segunda temporada.

 

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