Aleteia

“Spectre”: muy mezclado y algo agitado

Columbia Pictures
Comparte

Se huele cierta nostálgica reinterpretación del mito con vistas a encarrilarlo para una próxima etapa

Calificación por edades: no recomendada a menores de 12 años

Cuando apareció el cartel que anuncia la última entrega de la saga de 007 más de uno intuyó qué podríamos encontrar en la película. Y todo por el simple detalle de aprovechar un agujero en un cristal, con todas las trazas de ser fruto de un balazo, para dibujar el pulpo al que nada se le escapa que sirve de emblema de la organización criminal que da título al film. Un balazo en un cristal no tiene nada casual hablando de Bond.

Cuando otro de los carteles anunciadores mostraba la figura del actor Daniel Craig sobre el rostro maquillado de un personaje muy reconocible en la iconografía del Mardi Gras, pero también presente en una película de la etapa de Roger Moore al frente de la función.

Cuando además distinguimos el corte del cuello de la chaqueta del malvado de la función, con el rostro de Cristoph Waltz empezamos a atar cabos, y cuando llevamos media hora de visionado de “Spectre” empiezan a quedar pocas dudas: EON Productions, la productora propietaria de los derechos cinematográficos sobre el personaje parece querer hacer un cierto repaso de la memoria visual y temática de los 51 años que han pasado por las pantallas desde que se estrenó “Goldfinger” (Guy Hamilton, 1964).

No puede ser casual que el maquillaje carnavalesco nos remita a “Vive y deja morir”, que los uniformes grises de cuello redondo del villano de esta entrega entronquen con las diversas versiones del malo malísimo habitual. Si bien el Dr. No sentó el precedente estético que llegó a recuperar el Hugo Drax de “Moonraker” (Lewis Gilbert, 1979) ese uniforme (junto con la cicatriz y el gato) han formado parte esencial del archienemigo Ernst Stavro Blofeld encarnado por Telly Savalas, Donald Pleasance, Max von Sydow, Cristopher Walken…

No puede ser casual que Metro Goldwyn Mayer esté a punto de perder los derechos de la saga de películas mientras Fox, Sony y Warner esperan alzarse con la copa de Dom Perignon que celebre ganar la puja. Hasta ahora MGM y Sony mantenían un acuerdo que pasó del 50 % en la producción de “Casino Royale” y “Quantum of solace” al 20 % para Sony en “Skyfall” y “Spectre”. Sony vive momentos complicados y Fox ya mantenía acuerdos previos con MGM (trilogía “El Hobbit”) por lo que da la cosa como para otro thriller de intriga, espionaje industrial y grandes y millonarios intereses encontrados.

Estamos ante un fin de ciclo casi tan importante como el que ahora concluiría en el que Daniel Craig ha roto esquemas para reiniciar el personaje y abrir las puertas al futuro de un Bond que antaño fue incomparable pero que hoy sufre embates que van desde “Misión: imposible” a la saga de Bourne o nuevas posibles franquicias como “Kingsman” en busca de un nuevo agente secreto imbatible e infalible.

La llamada que desde el pasado de Bond le lleva en esta ocasión (como siempre, por otra parte) a recorrer medio mundo para tratar de descubrir (¡por fin!) qué se oculta detrás de todos los oscuros manejos que hemos venido intuyendo y desarbolando en las anteriores entregas de esta “etapa Craig” también nos permite recorrer parte de la historia que el cine ya nos ha mostrado sobre 007 en una suerte de cierta nostálgica reinterpretación del mito con vistas a encarrilarlo para una próxima etapa que ya deberá corresponder al próximo estudio que se haga con la franquicia.

Hemos dejado para el final la primera y sutil pista. El cristal roto de un balazo que genera la silueta del pulpo cuyos tentáculos llegan a todas partes, como símbolo de la organización Spectre (Spectra, para los habituales de las aventuras de Bond). Durante décadas ha sido una de las entregas menos populares de la saga por quedarse un poco en tierra de nadie ante la renuncia de Sean Connery a seguir encarnando el personaje y así “Al servicio secreto de Su Majestad” (Peter Hunt, 1969) pasó a la historia como ese oasis de George Lazenby en medio de la transición entre Connery y Moore. Pero aquella película nos cuenta algo esencial en el arco dramático de James Bond y como en el caso de la mencionada película, la única que tuvo a Lazenby al frente, marcó el antes y el después del personaje.

Quizá no sea, después de todo, tan casual la elección del simbólico balazo en el cristal.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.