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Carta abierta de un católico homosexual a un sacerdote católico homosexual

Clément Borioli (izq) y Krzysztof Charamsa (der)

Clément Borioli - publicado el 05/11/15

Un católico escribe a Krzysztof Charamsa, el sacerdote de la Curia Romana que presentó a los medios de comunicación mundiales a su partner homosexual

Querido Krzysztof Charamsa,

Hermano,

Te estoy escribiendo desde Lourdes, donde rezo por ti a nuestra Madre de Misericordia. Debo decir que tu declaración pública de homosexualidad realmente me marcó. Como tu, yo soy un hombre católico que experimenta atracción homosexual, y por esta razón me gustaría responder a tu declaración pública.

Es verdad que “muchos católicos homosexuales sufren” ante el inmovilismo de la Iglesia respecto de ellos. Las líneas que hablan sobre la homosexualidad en el Catecismo de la Iglesia Católica no constituyen, en sí mismas, un programa pastoral. En esa atmósfera, es normal que, a veces, experimentemos “exclusión y estigmatización”.

Yo entiendo, en parte, la “homofobia” de algunos de nuestros hermanos católicos, porque no saben nada sobre la homosexualidad y mucho menos cómo comportarse ante una persona que se dice abiertamente “gay”. A veces, yo me siento como un marciano. Debemos reconocer, sin embargo, que las cosas están cambiando. En la Relatio Synodalis §76, los padres sinodales declaran: “Resérvese particular atención al acompañamiento de las familias donde viven personas homosexuales”. Percibimos que la Iglesia entendió que necesita implicarse en esta pastoral. En Francia, existe Courage et Encourage, que presta apoyo a las personas que experimentan la atracción por el mismo sexo, así como a sus familias, en el día a día para seguir a Cristo.

Todos nosotros debemos rechazar públicamente la violencia contra los homosexuales. No existe ninguna violencia que pueda ser justificada. Y si, entre nosotros, en la Iglesia, surge alguna violencia, empecemos pidiendo perdón a nuestro Padre misericordioso. No es abandonando la Iglesia como podremos curar esas heridas; es amándola. No debemos crear un cisma: una “Iglesia pro-gay” y una “Iglesia anti-gay”. Es necesario avanzar todos juntos, escuchándonos unos a otros, sin juzgarnos, si nuestro objetivo común es Cristo.

¿Podemos permanecer juntos?

La Iglesia no debe sólo proclamar la verdad: debe proclamarla con misericordia. Este Jubileo, que abre estas puertas, es una señal para todos. La Iglesia es nuestra madre, cuida de nosotros, nos muestra el Camino: Cristo. A veces, yo también tengo voluntad de romper el cordón umbilical que me liga a esta madre: “Mamá, ¡déjame en paz!”. Pero, entonces, miro a Jesús nuestro Dios que escuchó a su madre incluso los 33 años. “No tienen vino…”.

La Iglesia es también la familia de todos, incluso de todos los que no pueden, con sus propias fuerzas, fundar una familia. No porque la Iglesia se lo prohíba, sino porque el derecho de un niño a crecer rodeado de un padre y una madre prevalece por encima de su padre y su madre. Y sabemos o cuán difícil es, para un niño que no tiene un padre que le ama, comprender el amor de Dios Padre, así como es difícil, para el que no tiene madre, comprender el amor de la Iglesia. Lo que vivimos en esta tierra prefigura lo que viviremos en el cielo. Espero que los que experimentan el sano deseo de paternidad encuentren en la Iglesia a los hijos e hijas que pueden llevar hasta Jesús.

Tu respondiste a la llamada de Cristo al aceptar el sacerdocio ministerial. Entiendo que algunas de nuestras elecciones, a veces, parecen pesadas y difíciles de mantener. Pero pidamos, al menos, ayuda para vivir mejor nuestros compromisos. Sé que existen grupos de apoyo para sacerdotes que experimentan la atracción por el mismo sexo. Me entristece que no hayas encontrado ese apoyo y pido perdón por la Iglesia si no lo encontraste. Ahora que, para ti y para Eduardo, comienza un nuevo camino, pido al Señor que te guie en la nueva fase de tu vida.

Fraternalmente,

por Maria a Jesús,

Clément Borioli

Tags:
homosexualidad
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