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Eduardo Verástegui y ‘Little boy’: “Es una película para todos aquellos que crean en el amor”

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Entrevista exclusiva para Aleteia: "con Little boy quiero despertar a ese héroe que todos llevamos dentro"

Recientemente ha estado en Madrid el laureado actor y productor de cine mexicano Eduardo Verástegui, con motivo del estreno de la película Little boy. Se presenta ante mí con aspecto elegante, actitud desenfadada y evidentes signos de simpatía y buen humor. Y con la naturalidad que cualquier don permita comenzamos la entrevista en exclusiva para Aleteia en la que no aparta la vista del entrevistador, al tiempo que responde con firmeza y entusiasmo a todas las cuestiones.

¿Cuál es el origen de esta película?

A Alejandro Monteverde y Pepe Portillo, los dos guionistas, viendo un documental sobre la II Guerra Mundial averiguaron que una de las bombas atómicas se llamaba Little boy y les llamó la atención cómo una cosa tan destructiva podía tener un nombre tan inocente. Y de ahí nació la ida de hacer este cuento para adultos, este particular homenaje a la paternidad a partir de un guión original, desde la perspectiva de un niño de 8 años que cuenta la historia, ambientada en los años 40 en un pueblo muy pequeño de California.

¿Entonces son dos historias que funcionan de modo paralelo?

Eso es. Una bomba atómica que destruye, Little boy, y otra bomba de amor que construye, y que es un claro homenaje a un papá presente y no ausente, es decir, desde la perspectiva de un padre activo que se preocupa por la formación y desarrollo de sus hijos, pendiente de su esposa, que ha de irse a la guerra.

Explíqueme

Little boy es la aventura de un niño que ama a su papá y que está dispuesto a hacer lo que esté en su manos para que él vuelva a casa vivo. Se trata de una aventura que nos va a ayudar a creer en lo imposible y que regala al ser humano tres cosas importantes: no importa por lo que estés pasando, si estás en la cárcel, si estás vivo, sano, enfermo… Mientras no pierdas fe, amor y esperanza no has perdido nada.

¿Por qué se ambientó la historia en la II Guerra Mundial?

Por razones circunstanciales. Lo importante no es la ambientación sino el mensaje de fondo, por lo que no importa que la familia protagonista fuera africana, china, puesto que lo fundamental es que el niño que lleva las riendas de la aventura nos obligue a convertirnos en seres revolucionarios… La película nos invita a convertirnos en la mejor versión de nuestras personas, a poner el amor en acción, a soñar en grande y a perdonar en grande.

¿Qué ha cambiado en su vida tras ‘Little boy’?

Diría que todos vamos cambiando todos los días, estamos en constante evolución y esto no termina hasta que mueres. Eso no quita que haya días que ocurran cosas que nos cambien para siempre y después la vida jamás vuelve a ser la misma. Y otras veces son los pequeños momentos los que nos van cambiando. Little boy me ha enseñado a no rendirme, a no perder la esperanza, a no echarme para atrás, a ir siempre hacia adelante, remando mar adentro… También me ha enseñado a no tener miedo a soñar en grande, como decía, a volar. Para que te hagas una idea ha sido una inversión de 5 años de mi vida por una hora y cuarenta minutos de tu tiempo, que es lo que dura el filme, con la idea de que la película prenda en tu corazón y en el de los espectadores.

¿Y qué reacción espera del espectador?

Es una película para todos aquellos que crean en el amor. Mi deseo, como productor y cineasta, no es sólo que te hayas entretenido durante el visionado, sino que salgas del cine inspirado a amar más, a perdonar más, a quejarte menos. Te garantizo que si la gente sale de la sala con la idea de hacer la lista del amor, te estarás ayudando a ti mismo.

¿Hay, pues, un componente moralizante?

No. Sería una limitación general a todos los niveles. Little boy propone que si reemplazamos el juicio por la reconciliación, este mundo sería un mejor lugar. Todo ser humano tiene la capacidad de odiar, pero también de amar; de traicionar como de ayudar, y yo quisiera despertar al niño que llevamos dentro. Little boy no juzga, no dicta, no impone, no te dice qué hacer.

¿Cree que si no se da a conocer este tipo de cine el público no reconocería su grandeza?

No. Las películas más taquilleras de la historia del cine son como Little boy. Si acudes a las 50 primeras, más del 90% son como esta historia.

¿A qué otras se refiere?

El Señor de los Anillos, las de Pixar -dedicadas a la familia-, The Blind side, ET, o las de superhéroes con su idea motor sobre el bien y el mal. Todas transmiten un mensaje positivo; son películas mágicas con las que uno termina bien inspirado, de tono trascendente. Fíjate, si no, en La vida es bella, que es como Little boy contada al revés…

¿Cómo resultó el estreno internacional de ‘Little boy’?

En México rompió todos los record de taquilla, estuvo 14 semanas en cartelera y todo el mundo se volvió loco con la película. Incluso se realizaron pases en las cárceles para que la vieran los internos. También se proyectó en hospitales, se exhibió a militares o a la Marina en 27 puertos navales…

¿Qué opina de la corriente cinematográfica sobre el padre ausente, aunque en este filme se aborde la del padre presente?

Hay de todo en el cine. Hay padres presentes y padres ausentes, y cada cual cuenta lo que quiere contar. Yo te hablo sobre mi experiencia, y Little boy es un reflejo de Alejandro Monteverde, de Leo Severino y mío, los tres productores. Hablamos de cómo vemos a la familia y al mundo, y por eso ponemos interés en mostrar películas como ésta. Y en ese sentido, el filme puede ayudar a valorar la idea del padre presente en aquellos hogares en los que está ausente para tener una idea más perfecta de si quiero construir una familia sólida.

Por eso, lo que quiere conseguir Little boy es que quien se fije en ella pueda rescatar todo lo bueno que la aventura encierra. ¿Quién no quiere ser como el papá de Little boy?: un hombre bueno, pendiente de su esposa, noble, comprometido con su país y con su familia. Es un modelo a seguir que ayuda a que este mundo sea un mejor lugar, pero no nos olvidamos de la parte humana, de la parte realista, del hermano dolido que se refugia en el alcohol y que tiene problemas de resentimiento y de odio, y de este modo terminas por darte cuenta de que cada personaje tiene muchas cosas que ofrecer.

¿Qué criterio sigue para adentrarse en un proyecto?

Hago películas donde pueda invitar a mis padres, a mis sobrinos, a mis hijos, para que puedan ver algo sano. Nunca les voy a poner pornografía, porque ese sería otro tipo de cine que no me interesa. No quiero que mis hijos se contaminen con películas violentas y de que después vengan a decirme: “voy a matar al vecino porque la película que me pusiste iba de eso”. Al contrario. Quiero que me digan: “vamos a dar de comer a este homeless porque tu película me inspiró”.

Date cuenta de que tú y yo, ahora, en 2015, estamos obligados a hacer algo bueno y positivo por este mundo desde un punto de vista no egoísta. La clave está en saber que si mi amigo está bien, yo estoy bien, y no al revés, que sería una respuesta al individualismo. Por eso participé en Héroe de centro comercial 2 (Andy Fickman, 2015), porque es una comedia ligera que te hace reír, muy familiar, pero que rescata la idea del padre presente, de esos héroes desconocidos de los que nadie habla pero que siempre hacen tanto bien en las casas. Y es más, Little boy es un héroe y yo quiero despertar a ese héroe que todos llevamos dentro.

¿Qué aconsejaría a esos jóvenes que por ser tachados de católicos no sacan a la luz sus propuestas?

Primero, que se aseguren de que el trabajo artístico es rico, y si es así hay que darlo a conocer del modo que sea. Mira lo que hizo Da Vinci, Botticelli, Miguel Ángel… Dieron a conocer su potencial creativo y artístico, es decir, la belleza que salva. Porque lo que es bello no hay que etiquetarlo. Hay que dejar que la belleza se exprese por sí sola para que ilumine a cuantos más corazones, mejor.

Por eso, como te decía al principio, el artista ha de proponer, no imponer nada. Y si te avergüenzas de algo es que a lo mejor no era tan bueno como pensabas, de modo que ya no se trata de ser o no respetuoso con tu trabajo sino de conocer la dignidad humana de la persona. En todo caso hay una responsabilidad en cada uno de nosotros de hacer las cosas bien.

¿Cómo mediría en España el éxito de ‘Little boy’?

Gracias a entrevistas como la tuya y el boca a boca este proyecto puede convertirse en algo grandioso.

¿Cómo le gustaría ser recordado dentro de un siglo?

Como una persona que le apasionaba adentrarse en proyectos para hacer de este mundo un mejor lugar. Y con la idea apasionada de hacer felices a los demás hasta que se conviertan en la mejor versión de su persona. También, por ser una persona agradecida con Dios por todas las bendiciones que he recibido de Él y que trato de poner al servicio del mundo a través de mi trabajo.

¿Tendría un epitafio?

Aquí descansa un pecador más, recen por mí.

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