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El camino que lleva a la felicidad según el Papa Francisco

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Perdonar, tener misericordia de los demás, no juzgar todo a todos, sino ponerse en el lugar del otro…

 

“Es un camino difícil de comprender porque va contra corriente”, pero “quien va por este camino es feliz, antes o después se convierte en una persona feliz”: el Papa Francisco habló esta tarde de las actitudes que hacen feliz a la persona, en una homilía basada en las bienaventuranzas propuestas por Jesús de Nazaret en el llamado Sermón de la montaña.

En la homilía de la misa por los difuntos que presidió este domingo 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos, en el Cementerio del Verano de Roma, dijo que “la palabra del Señor resucitado y vivo nos indica también a nosotros hoy el camino que lleva al cielo”.

Es un camino que pasa por la pobreza, la humildad, la persecución por el nombre de Cristo, el trabajo por la paz, las lágrimas, el hambre y la sed de justicia, la misericordia.

“Podemos preguntarnos cómo puede ser feliz una persona pobre de corazón, cuyo único tesoro es el Reino de los cielos”, dijo el Papa, y ofreció una respuesta: “Teniendo el corazón desnudo y libre de tantas cosas mundanas, esta personas es “esperada” en el Reino de los Cielos”.

“¿Cómo pueden ser felices los que lloran?”, continuó, y explicó: “Quien en este vida no ha experimentado nunca la tristeza, la angustia, el dolor, no conocerá nunca la fuerza de la consolación”.

“Felices pueden ser los que tienen capacidad de conmoverse, la capacidad de sentir en el corazón el dolor que hay en su vida y en la de los demás”, añadió, “estos serán felices porque la tierna mano de Dios Padre los consolará y los acariciará”.

“¡Cuántas veces estamos impacientes, nerviosos, siempre dispuestos a lamentarnos! –reconoció-. Con los demás tenemos tantos reclamos, pero cuando nos tocan reaccionamos alzando la voz como si fuéramos los amos del mundo, cuando en realidad todos somos hijos de Dios”.

“Pensamos en esas mamás y papás que son tan pacientes con sus hijos, que “les hacen enloquecer”, dijo: “este es el camino del Señor: el camino de la mansedumbre y de la paciencia”.

Francisco recordó que “Jesús ha recorrido este camino: de pequeño soportó persecución y exilio, y después de adulto, las calumnias, las trampas, las falsas acusaciones en tribunales”, “y todo lo soportó con mansedumbre, lo soportó por amor a nosotros hasta la cruz”.

El Papa afirmó en la homilía que “los que tienen un fuerte sentido de la justicia, y no sólo hacia los demás sino en primer lugar hacia sí mismos, serán saciados”.

Misericordia

Y destacó: “felices los que saben perdonar, que tienen misericordia de los demás, que no juzgan todo y a todos, sino que buscan ponerse en el lugar del otro”. En este sentido, indicó que “el perdón es algo que todos necesitamos, sin exceptuar a nadie, y no es una manera de hablar, una formalidad: es un acto de verdad; si sabemos dar a los demás el perdón que pedimos para nosotros, somos bienaventurados”.

“¿Los que buscan siempre la ocasión para hacer trampa, para aprovecharse de los demás, son felices? No, no pueden ser felices”, afirmó, en cambio “los que cada día, con paciencia, buscan sembrar paz, son artífices de paz, de reconciliación, estos son bienaventurados porque son verdaderos hijos de nuestro Padre del cielo, que siembra siempre y solo paz”

“Esta es la vía de la santidad, y es la misma vía de la felicidad –aseguró-. Es la vía que ha recorrido Jesús, es Él mismo esta vía; quien camina con él y pasa a través de Él entra en la vida, en la vida eterna”.

A continuación, Francisco invitó a pedir al Señor “la gracia de ser personas sencillas y humildes, la gracia de saber llorar, la gracia de ser mansos, la gracia de trabajar por la justicia y la paz, y sobre todo la gracia de dejarnos perdonar por Dios y convertirnos en instrumentos de su misericordia”.

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