Aleteia

Aunque parezca increíble, estando preso vuelvo a ser libre

Justin Anderson-CC
Comparte

Alberto de 28 años habla, desde la cárcel, de la reinserción

Para muchos, hablar de cárcel es simplemente hablar de castigo, de falta de libertad. Y sí, decir cárcel es decir «falta de libertad», pero a la vez es decir «lugar de reinserción». Es un lugar en el que personas que han cometido un delito pagan por él con la pérdida de la libertad, pero, a la vez, se ayuda a que cambien la actitud que les ha llevado a esa situación y a retornar a la sociedad renovados. No son muchos los que lo consiguen. Pero algunos sí. Como Alberto, de 28 años. La droga había podido con él. La soledad, el abandono y el robo le llevaron a pasar cuatro años en la cárcel. Ahí, donde la libertad es una utopía, escribe esta carta:

«Metido entre cuatro paredes y rodeado de barrotes vuelvo a sentir y a sonreír, tras años de estar muerto en vida. Aunque ahora no esté en el sitio más adecuado, tengo que reconocer que cualquier sitio es mejor que en el hoyo en el que me encontraba. La luz del día en mis ojos, penetrando a través de los barrotes de la celda, me obliga a dar gracias a Dios por seguir vivo. Sé que el camino será duro, pero ya no hay excusas, ya no busco culpables. Yo soy mi mayor motivación, pero lo es también mi hijo; ese hijo nacido del desamor y de la droga. ¡Pobrecito inocente, cómo lo quiero! Solo con él y con mi madre me basta para seguir adelante.

Aunque parezca increíble, estando preso vuelvo a ser libre. La cárcel cada uno la lleva dentro, igual que la libertad, y somos nosotros los que elegimos un camino u otro. Yo me equivoqué. Pero errar es humano, y una virtud aprender de ello. Tengo asumido el presente; lamento no poder ayudar a nadie más que lo que humanamente puedo. Quizá algún día, si el camino no se tuerce, conseguiré devolverme a mí y a los míos todos esos años de dolor causado.

Con el bolígrafo en la mano y lo más centrado que estoy desde hace tiempo, digo que haré todo lo posible por intentar nivelar la balanza, y así ayudar a sentirse bien a aquellos a los que les he causado tanto daño.

Esta carta no va dirigida a nadie en concreto. Puede que yo mismo necesitara darme un repaso y por eso la escribo. No sé. Pero ojalá, bueno no, seguro, que ya está sirviendo de algo. Un abrazo».

Paulino Alonso / Capellán de la cárcel de Soto del Real

Artículo originalmente publicado Alfa y Omega

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.