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Ecología: «La Iglesia no tiene poder, pero trabaja con las conciencias»

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LASZLO ILYES

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Vatican Insider - publicado el 30/10/15 - actualizado el 25/10/18

El cardenal Salazar muestra el compromiso de la Iglesia por la Amazonia

El arzobispo de Bogotá, el cardenal Rubén Salazar Gómez, Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), es uno de los que firmaron el llamado de los obispos y patriarcas dirigido a los que participarán en la Cop 21, es decir la próxima conferencia sobre el cambio climático que se llevará a cabo en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre de 2015.

El cardenal colombiano suscribió el documento en nombre de 22 Conferencias Episcopales latinoamericanas representadas en el Celam; el texto, efectivamente, fue firmado por los representantes de diferentes organismos continentales de la Iglesia católica. Salazar respondió a algunas preguntas de los periodistas y afrontó diferentes puntos. El llamado, naturalmente, se inspira en la encíclica de Papa Francisco, explicó; el mensaje se dirige también al encuentro mundial que se llevará a cabo en la capital francesa, pero no bastará solo la Cop21 para resolver los problemas del medio ambiente, porque se necesita el compromiso de todos. Entre las cuestiones que afrontó el cardenal, destaca la de los combustibles fósiles.

«El Papa, en la ‘Laudato si’’ -dijo el arzobispo- hizo un llamado muy fuerte para que no se ponga como prioridad la ganancia económica en lugar de las razones éticas y morales; nuestra tarea principal es la de apoyar un desarrollo sostenible que no sea dañino para la humanidad».

«Y sí, tenemos la certeza de que la gasolina, como todos los combustibles fósiles, está produciendo un inmenso daño -observó-, por lo que o seguimos adelante pensando que lo más importante es la economía, la ganancia, o comenzamos a entender que lo más importante es preservar, conservar la naturaleza. Yo creo que en esto debemos ser muy claros».

«Esto no significa -añadió- que en este momento estemos diciendo: ‘Hay que dejar de extraer petróleo’, o que en todo el mundo hay que cesar inmediatamente el uso de los automóviles o de los combustibles fósiles; esto, claramente, no es posible. Pero lo que podemos hacer es comprometernos para sustituir estos combustibles para que puedan disminuir las emisiones que están envenenando el medio ambiente».

Pero el riesgo es que frente a semejantes afirmaciones prevalecen siempre los intereses económicos de los grandes grupos multinacionales; por ello, para el cardenal colombiano se trata siempre del mismo problema: «¿Debemos ir adelante con el desarrollo económico a cualquier costo o tutelar la Creación? Ya hemos visto que en algunas regiones del mundo se han verificado situaciones particularmente graves debido a la contaminación que producen exactamente estos combustibles fósiles».

Sin embargo, si esta es la dirección hacia la que habrá que proceder, el problema también es el del cambio difundido, individual, de los estilos de vida. «Se necesita una conversión ecológica -observó el cardenal-, esa que nos presenta el Papa en la ‘Laudado si’’, y una conversión exige un cambio radical; debemos cambiar de mentalidad, no podemos proseguir con las viejas costumbres, con el desperdicio de energía por una parte y por otra usando energías que son altamente contaminantes; sí, debemos cambiar de mentalidad». El llamado dirigido a la Cop 21 indica, a su vez, un compromiso global formal, la intención es la de involucrar y responsabilizar a los gobiernos. De hecho, explicó el Presidente del Celam, «si los países industrializados, los países que guían el desarrollo a nivel mundial, no comienzan a tratar, con conciencia, de dar vida a otro tipo de desarrollo que no sea contaminante, que no sea destructivo, no iremos a ninguna parte». «Ya empezamos a sentir -prosiguió el purpurado- los efectos negativos de este desarrollo que no tiene en cuenta el medio ambiente ni a los seres humanos. Ya estamos viviendo los efectos de este desarrollo absolutamente irracional; por ello, es momento de que quienes guían el desarrollo a nivel global, piensen cómo cambiar las cosas».

Pero este tema se relaciona también con otra cuestión: cuanto efectivamente es escuchada la voz de la Iglesia por los gobiernos, las grandes empresas y, en general, cuya es el tipo de sensibilidad que hay hoy al respecto. Según el arzobispo de Bogotá hay señales de esperanza: «Creo que se está empezando a cobrar conciencia del hecho de que estamos viviendo un momento en el que la catástrofe está cerca. Yo creo que sin duda hay una sensibilidad cada vez mayor y la encíclica del Papa dirige precisamente un fuerte llamado a todos para que se comience a pensar seriamente en estos problemas, para que se consideren seriamente los datos científicos y para que se tomen las decisiones necesarias». Sin embargo, la Iglesia «no es una potencia politica o económica, por lo que lo que puede hacer en este campo es aconsejar, expresar las propias orientaciones.

Nosotros no tenemos ningún medio coercitivo, podemos solo apelar a las conciencias y especialmente a las conciencias de los más fuertes que pueden tomar las decisiones. Nosotros debemos apelar a estas conciencias, y es lo que estamos haciendo, y este llamado, en vista del encuentro de París, va justamente en esta dirección».

Particularmente fuerte e importante, es el compromiso a favor del medio ambiente en América Latina, en donde se concentran muchos de los problemas más graves relacionados con el medio ambiente, empezando por la defensa de la selva amazónica. «En América Latina la Iglesia se ha movilizado fuertemente sobre estos temas -precisó Salazar-, el Celam ha construido una red que se llama Repam, cuyo objetivo es el de unir a todas las Iglesias locales de la región para ir a crear poco a poco esta nueva mentalidad».

«En Colombia, por ejemplo -reveló el arzobispo-, la Iglesia está comprometida con las comunidades más pobres para que el tipo de desarrollo que se está realizando sea verdaderamente integral y para que no se considere solamente el aspecto económico, sino que se tengan en cuenta también el aspecto humano y el aspecto comunitario. Yo creo que hemos recorrido mucho camino al respecto. Y, en relación con la Amazonia, la Repam ya tiene un papel importante: a mediados de noviembre tendremos justamente en Bogotá un encuentro de todas las jurisdicciones eclesiásticas, diócesis y vicariatos apostólicos, que tienen que ver con la Amazonia, y para proponer soluciones concretas a los problemas que se presentan».

En Colombia hay un problema específico, que también afecta otras realidades de América Latina, es decir la explotación indiscriminada de los recursos naturales mediante la minería. Según el cardenal Salazar se trata «de un problema gigantesco para el país. Es un problema porque desafortunadamente no se toma conciencia de la cuestión a todos los niveles. La Iglesia se ha comprometido con fuerza sobre esta cuestión y ya desde hace tiempo; hicimos también una asamblea plenaria del episcopado dedicada al estudio de la problematica minera en el país y a los efectos terribles que derivan de ella. Pero no nos escucharon mucho».

Entre otras cosas, el cardenal afirma que es muy grave «que el gobierno todavía no tenga una politica precisa para reducir los efectos nocivos debidos a la explotación minera. Es un problema gravísimo y, cuando el país se convierta en un desierto, diremos: ‘¡Qué lástima!’. Desafortunadamente no se logra tomar conciencia y se siguen explotando las minas irracionalmente, provocando daños impresionantes al medio ambiente y problemas muy graves a la naturaleza y a las comunidades que viven cerca de las minas». Pero el tema no afecta solo a Colombia: «Es un problema que afecta también a Perú, Ecuador, Chile, México, es un problema de toda América Latina. Por ello, el Celam está trabajando mucho sobre la cuestión minera, en particular mediante el departamento de justicia y solidaridad. Creo que nuestro trabajo, como Iglesia, es esencialmente este: hacer que se tome conciencia de la realidad, porque no tenemos otras armas».

Francesco Peloso

Artículo originalmente publicado por Vatican Insider

Tags:
enciclicamedio ambientepapa francisco
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