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La lucha de Audrey por acabar con el anonimato de los donantes de esperma

© AUDREY KERMALVEZEN
Audrey hija por inseminación
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Una joven concebida por inseminación artificial lucha por conocer la identidad de su padre biológico

¡Sin derecho a saber! El 21 de octubre, el ponente público del Consejo de Estado de Francia reclamó el rechazo de la demanda de Audrey Kermalvezen (no es su nombre real), la joven abogada que reclama el levantamiento parcial del secreto que rodea sus orígenes.

En 2009 supo que había sido concebida por inseminación artificial y ha buscado en vano conocer a su padre. Como el anonimato del don de gametos está inscrito en la ley francesa, se encontró con el rechazo constante de la asistencia pública-Hospital de París (APHP) y empezó un largo combate judicial.

La ley francesa podría retocarse en Estrasburgo

La ley francesa, que impone la opacidad sobre el donante de esperma, podría ser retocada en Estrasburgo por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Le Point).

De hecho, en una sentencia de 1992, ese tribunal europeo recordó que las personas en la situación de Audrey “tienen un interés vital en obtener las informaciones que les sean indispensables para descubrir la verdad sobre un aspecto importante de su identidad personal” (Gènéthique).

Es por tanto lógicamente a esta instancia superior europea a donde debería dirigirse la joven si el Consejo de Estado, cuya decisión se está debatiendo, no accede a su solicitud.

El proceso no debería eternizarse: el Código de salud pública francés no obliga a los bancos de esperma a conservar el nombre de los donantes más allá de 40 años.

3 motivos esenciales

Audrey tiene al menos tres motivos para proseguir su lucha:

  1. Sufre por no conocer a quien la ha engendrado.
  2. Querría saber si ella y su hermano, también concebido por donación de esperma, tienen el mismo donante y tiene “medio hermanos y media hermanas en la naturaleza”.
  3. Hoy está casada con un hombre también nacido de una donación de gametos… lo cual conlleva un riesgo de consanguinidad para sus hijos. ¿Cómo despejar esta duda si sigue siendo imposible levantar el secreto sobre sus orígenes?

Estadísticamente, el riesgo de que se trate del mismo donante es mínimo. Pero ello no impide que la cuestión pueda atormentar, como a Audrey y a su marido, a decenas de miles de personas (serían entre 50.000 y 70.000) concebidas de esa misma forma desde 1973, año de la implantación en Francia de los primeros bancos de esperma.

Las perjudiciales consecuencias del anonimato

“Audrey forma parte de la asociación PMA, Procreación médicamente anónima, que milita por un acceso controlado y enmarcado en los orígenes, a través de acciones políticas, mediáticas y jurídicas.

Fundada en 2004 por la médico del ámbito de la reproducción Pauline Tiberghien, la asociación busca sensibilizar a los profesionales de la salud, al legislador y al gran público sobre las perjudiciales consecuencias del anonimato total de los donantes de gametos, cuyo carácter irreversible fue inscrito en la primera ley bioética francesa de 1994”, explica Alliance VITA.

En 2014, Audrey publicó con el pseudónimo Audrey Kermalvezen Mes origines: une affaire d’État (Éditions Max Milo).

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