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Hotel Transilvania 2: Un miedo de risa

Sony Pictures Animation
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Una película para niños que divertirá a los padres y que además termina lanzando alguna que otra lección de convivencia universal

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Genndy Tartakovsy es un animador de origen ruso que ha conseguido, a través de la televisión, hacerse con un hueco en el complicado mundo del cine de animación. Tartakovsy, contra todo pronóstico, ha destacado sobre el resto por suponer un agradecido revulsivo sobre las ficciones animadas de televisión. En un momento en el que las tramas de las series de dibujos animados resultaban excesivamente simplonas

Tartakovsy irrumpió con el corto fugaz (ocho minutos) de personajes histriónicos, tramas absurdas y consecuencias delirantes. Emulando los mejores momentos de los cortos de la Warner (Bugs Bunny, el pato Lucas, el Correcaminos…) Tartakovsy consiguió con un trazo sencillo y tramas disparatadas situar a un nuevo personaje de animación entre el saturado mundillo de los dibujos animados televisivos entre otras razones porque también gustaba a los mayores. En realidad Tartakovsky no estaba inventando nada nuevo. Sabía que los dibujos de Bugs Bunny y compañía tenían ese singular añadido, que gustaba tanto a grandes como a pequeños y él trató de hacer lo mismo.

El laboratorio de Dexter nos cuenta las correrías de Dexter, un niño con un desconcertante laboratorio secreto en el subsuelo de su casa. Sin embargo Dexter tiene una hermana, la irritante Dee Dee, con una insoportable capacidad para burlar todos los exhaustivos controles del laboratorio y desmontar cualquier experimento de su hermano. Dee Dee es alta, delgada y de grandes ojos azules, Dexter es chato, casi cuadriculado y de negros ojos tras sus gafas de empollón. Tartakovsky dio en el clavo. Llevó al entorno doméstico una de las grandes reglas de las Merrie Melodies, la persecución. Dexter y Dee Dee siempre se están persiguiendo y poco importa si hay o no sentido para ello.

No obstante, el verdadero logro de Tartakovsky fue trasladar esta mecánica al cine. Lo hizo con Hotel Transilvania. Es bien sabido que aplicar la extenuante mecánica de un episodio de ocho minutos a un largometraje de hora y media tiene sus riesgos. De hecho, no es la primera vez que algo así ocurre. Sin embargo Tartakovsky se las arregló para que su película derrochara histriónica adrenalina delirante y al mismo tiempo no abrumara y diera sus contados y estudiados momentos de respiro. Y lo mismo se puede decir de Hotel Transilvania 2, un ejercicio de verdadera aritmética dramática en donde las historias ajustan su absurdo delirio con los necesarios momentos de relajación como si de un reloj suizo se tratase. Aunque parezca mentira el público también necesita tomar aire y eso forma parte de la narración de una historia.

Por lo demás Tartakovsky se ha dejado a un lado los excesos dialécticos y conceptuales que le buscaron algún que otro problema con El laboratorio de Dexter (hay un episodio, Eliminador de grosería que fue censurado por los ejecutivos del canal Cartoon Netwok por su dudoso gusto). Tanto en Hotel Transilvania como en su secuela otra cosa no, pero hay que reconocerle al film una decida apuesta por los valores, la familia, la amistad, la confianza…

En este sentido Hotel Transilvania 2 insiste en sus buenas intenciones. No engaña a nadie. Es una película para niños que divertirá a los padres y que además termina lanzando alguna que otra lección de convivencia universal. Y esto es importante sobre todo en un film que utiliza los monstruos como revulsivo cómico. Los monstruos son monstruos porque son diferentes. En la diferencia radica su principal estigma.

Tartakovsky, como buen amante de los dibujos animados y del cine en general sabe que el humor cuando más posibilidades tiene de funcionar es cuando se explora en un entorno ajeno a su naturaleza. Drácula, Frankenstein y la momia no fueron concebidos para hacer reír por eso seguramente harán más gracia si se tocan las teclas adecuadas. Tartakovsky se ríe con los monstruos pero lo hace bien porque se nota que los conoce. Puede que aquí ya no den miedo pero a buen seguro se les sigue respetando como de hecho ya hicieron en su día los Looney Tunes.

 

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