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¿Existe el feminismo islámico?

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Un movimiento que reivindica el lugar de la mujer en el Islam

Dentro del mundo islámico, esta corriente ideológica se ha diferenciado de la corriente general feminista por reservar un espacio importante a lo religioso. De un modo general, el feminismo islámico ha querido responder a las grandes cuestiones sobre la mujer musulmana y la dialéctica existente entre cultura y religión, oriente y occidente.

De modo paralelo al desarrollo de los movimientos nacionalistas dentro del mundo árabe, el feminismo fue pionero en el Egipto de la década de 1920, de la mano de Huda al-Charawi y la Unión Feminista (Ittihad al-Nisai, 1924). Sus reivindicaciones se centraron en materias civiles, como el derecho de las mujeres a la educación, disposición libre de sus bienes, restricciones al repudio y la poligamia, sufragio universal y derecho a ejercer cargos públicos.

Tras la II Guerra Mundial, sus demandas se centraron en la igualdad civil y los códigos de familia habilitados por cada Estado. A partir de este momento, el feminismo islámico se dividió en dos corrientes: el feminismo laico y el feminismo musulmán.

Las feministas musulmanas, encabezada por Zainab al Gazali (Asociación de Mujeres Musulmamas, 1936), asumieron un modelo de perspectiva islámica de los problemas de género. Más activistas que intelectuales, rechazaron los modelos de feminismo occidental, centrándose en los derechos humanos, la igualdad de género y la justicia social.

La principal misión de la mujer musulmana sería la formación de verdaderos creyentes, dispuestos a luchar por la consecución de un Estado islámico. Un planteamiento que las aproximó en la década de 1970 a los discursos de reislamización. Su punto de fricción con la corriente secular se produjo en torno a la identidad islámica y el papel de la mujer, a raíz de la que surgió la expresión “feminismo islámico”.

La evolución del feminismo musulmán hacia el feminismo islámico descansa en el papel de la mujer en el Islam, en su identidad. Desde la vestimenta, el rol social y cultural, al activismo político. Sin embargo, la novedad del feminismo islámico reside en el cuestionamiento de dos sistemas: el feminista de corte occidental y el islámico.

Debe insistirse en que esta corriente no reproduce conceptos propios del feminismo euroamericano. Azzizah al-Hubri p FAtima Mernisi abogan por un uso crítico del género como mecanismo de oposición al pensamiento islámico tradicional. Rechazan las restricciones impuestas a la mujer en razón de su sexo y una transferencia indiscriminada de referencias culturales e intelectuales ajenas a su entorno cultural. De este modo, han deconstruido estructuras conceptuales de la tradición islámica, sin tocar el carácter originario del Corán y la Tradición.

De este modo, el feminismo islámico propone un modo de entender a la mujer que conjugue el contexto de la revelación coránica, su cosmovisión, el espíritu del mensaje, frente a su literalidad. Una aproximación contextualizada, global y coherente al texto coránico y al Hadiz. La reinterpretación de la trascendencia de ambos textos a la luz de su fijación dogmática (Silos VIII-IX) ha puesto de manifiesto la manipulación de que han sido objeto.

Especialmente el proceso selectivo de los mismos habría ayudado a configurar los principios de autoridad en se basa la Sunna, de corte patriarcal. Algo que esta corriente considera contrario al espíritu islámico, favorable a la mujer. A la luz de este tipo de análisis, han puesto de manifiesto ciertas contradicciones entre el texto coránico y algunos hadices considerados ciertos, como por ejemplo en torno a la obligación de la mujer de velarse en público.

A su juicio, el estudio de la tradición islámica descubre cómo la hegemonía masculina ha logrado hacer invisible a la mujer. Especialmente negándole el derecho a participar en los asuntos comunitarios o en su guía espiritual. Una imposición que la docente afroamericana Amina Wadud denominó “la negación del legado de Aicha”. Con ellos se refería a la joven esposa del Profeta que participó activamente en los asuntos de la primera comunidad de musulmanes y una de las principales transmisoras de hadices.

Por tanto, este movimiento persigue restablecer un verdadero orden islámico, basado en la revisión de los conceptos de justicia, ciudadanía y activismo. Un orden más paritario que haga una realidad la complementariedad hombre-mujer (takámul). En este sentido, este paradigma islámico es percibido como un acto de subversión e insubordinación pública. Como movimiento, posee un carácter universal. Se ha desarrollado en países de mayoría islámica, Europa y Estados Unidos. Especialmente de la mano de la saudí Mai Yamani (Feminism and Islam, 1996), la turca Niluifer Gole (E moderno máhram: civilización y velo, 1991), la iraquí Haifaa Jawad o la pakistaní Asma Barlas.

Por su parte, el feminismo laico se ha enfrentado desde la década de 1990 a la presión del islam oficial, incluso en países de larga tradición secular como Marruecos, Argelia, Egipto o Pakistán. La Arab Women’s Solidarity Association (AWSA), fundada en 1982 por la egipcia Nawwal al-Sadawi o la Women’s Action Forum pakistaní han sufrido la falta de recambio generacional, marcado por la militancia islamista de las nuevas generaciones ha debilitado el campo de actuación de esta corriente.

 

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