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Empecé a tomar en serio a Jesús gracias a Bob Dylan

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La verdad, la bondad, la belleza,… hay muchas maneras de ser atraído

¿Te acuerdas de la primera vez que tomaste en serio a Jesús?

Esta no es una mera pregunta académica. El Papa Francisco nos ha exhortado a compartir la Buena Nueva de Jesús, pero eso requiere algún trabajo. Necesitamos encontrar una manera de hablar sobre Jesús a una cultura que piensa que lo ha conocido y, por ende, lo ha rechazado.

No creo que mi historia sea muy distinta a la de la mayoría.

Jesús me parecía bastante irrelevante durante los años 70 y 80. Sólo oía su nombre en blasfemias, o en comedias donde se burlaban de los evangelistas de la televisión, o a través de maestros de religión que usaban la palabra “Jesús” indistintamente con “cariñoso” y “compartir”.

Eso sólo cambió cuando Bob Dylan sacó su álbum recopilatorio llamado Biograph para Navidad. Yo tenía 16 años.

Tenía los discos, y como era costumbre en 1985, los grabé y escuché indefinidamente en mi walkman. Me encantaban todos, pero la letras de las canciones con mayor peso –las más sobresalientes– eran las de las tres canciones cristianas.

“You Gotta Serve Somebody”, cantaba Dylan. “It may be the devil or it may be the Lord, but you’re gonna have to serve somebody” (Tienes que servir a alguien, puede ser al diablo o puede ser al Señor, pero a alguien tienes que servir).

La canción me encantó. El igualitarismo puro de sus letras (nadie está exento: ricos y pobres tiene las mismas opciones) era tan atractivo como su ritmo. Cuanto más las escuchaba, más cuenta me daba de que el hombre estaba diciendo la verdad.

Los chicos aman la música rock porque habla apasionadamente sobre cosas de las que los adultos rehúsan hablar. Eso hizo Dylan en esa canción. Dylan dijo que Jesús era importante. Necesitaba encontrar el porqué.

Llegar a Jesús de esta manera me ayudó a rodear la pretensiones religiosas y el bagaje cultural que me estaban impidiendo los accesos normales.

¿Cómo les sucede a los demás? El padre Benedict Groeschel una vez dijo que todos llegamos a Jesús a través de lo importante que se adecúa mejor a nuestra personalidad: a través de la verdad, la bondad o la belleza.

Es una observación muy útil.

Scott Hahn es un buen ejemplo de persona “de verdad”. Recuerdo que su cinta Protestant Minister Converts fue muy popular al inicio de los años 90.

Hay dos tipos de personas que buscan la verdad: los que detectan inmediatamente las mentiras y quieren llegar al fondo de las cosas. Llegan a Cristo a través de la filosofía, o de los descubrimientos científicos o la apologética. Y luego está la gente que no es necesariamente intelectual pero disfruta las “increíbles historias” del catolicismo. La Sábana Santa de Turín, la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe, la sangre de San Jenaro, etc.

Para otros la bondad es la que atrae. Madre Teresa oyó decir a Jesús “Tengo sed” como un llamado a servir a Jesús a través de los más pobres. Ella aceptó a Jesús y a los pobres, al mismo tiempo. El mismo fenómeno ocurre cada año en el Benedictine College con los estudiantes que no terminan de “tener” fe hasta que se van de retiro o de misiones.

El servicio es sólo una manera en que la bondad nos lleva a Jesús. La enseñanza moral es otra. Mucha gente que quiere justicia termina queriendo a Jesús, y mucha gente que rechaza el aborto pronto acepta a Cristo. En un mundo donde las cosas van cada vez peor, se espera más de este tipo de conversos.

La belleza es otro camino “importante” para tomar en serio a Jesús. Un buen ejemplo de esto es el obispo Robert Barron. En su serie Catolicismo, lo que dice sobre la fe es muy significativo porque lo hace desde catedrales impresionantes, frente a obras de arte deslumbrantes y rodeado del esplendor de la naturaleza.

Nuevamente, existe más de una forma de quedar fascinado por la belleza.

Algunos lo hacen a través del arte kitsch. Para mí fue a través de una voz nasal de Minesota con un fondo de una banda de gospel.

 

Por Tom Hoopes, escritor en el Benedictine College en Atchison, Kansas.

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