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¿Qué es el grupo “La luz del mundo” y cómo trata a la mujer?

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Un grupo proselitista con características muy especiales: de origen mexicano, de la línea evangélico-pentecostal y con un trato muy particular hacia la mujer

La Luz del Mundo es un grupo proselitista de origen mexicano, de carácter nacionalista. En opinión del presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones Elio Masferrer[2], se trata de un grupo religioso de carácter fundamentalista con un firme control sobre sus integrantes y con una ideología puritana en lo sexual, tradicionalista y algo machista.

La Luz del Mundo comenzó en 1926 por iniciativa de Eusebio Joaquín González, un ex militar que aseguró haber recibido, el 6 de abril de 1926, la orden de restaurar el cristianismo primitivo.

Afirmó también que Dios le dijo que su nombre sería Aarón, de forma tal que se lo conoce actualmente con el nombre de Aarón Joaquín González y sus seguidores le atribuyen ser el Siervo de Dios, título con que han distinguido a sus dos líderes máximos.

El nombre completo de esta organización religiosa es Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo y se presentan como la Restauración de la Primitiva Iglesia de Jesucristo, pues al faltar el último de los Apóstoles de Jesucristo, señalan, los cristianos comenzaron a corromper las normas que estableció Jesús, así que la Iglesia de Jesucristo dejó de estar presente en el mundo hasta que volvió a ser instaurada en 1926.

Los aaronitas, como también se les conoce, se han expandido por diversos países del mundo, especialmente en América Latina, aunque el grueso de su feligresía (unos 80 mil feligreses, según el XII Censo General de Población y Vivienda 2000) reside en la República Mexicana.

Sin embargo, contra lo señalado por INEGI, conviene notar que ellos afirman contar con cinco millones de feligreses, de los cuales un millón y medio residen en México.

Su director actual es Samuel Joaquín Flores, hijo del fundador e iniciador del grupo, a quien llaman Apóstol de Jesucristo. De él dicen lo siguiente: Sólo se puede llegar a Dios a través del siervo Samuel, sólo se puede alcanzar la salvación eterna en nombre de Samuel.

Aspectos doctrinales

Su doctrina es muy particular, pues tratan de diferenciarse de la doctrina católica lo más posible. No creen en el misterio de la Santísima Trinidad. Afirman que hay un solo Dios y que en Dios hay una sola persona, que, según las circunstancias, se manifiesta como Padre, o como Hijo o como Espíritu Santo.

Su bautismo no es con la fórmula trinitaria que aparece al final del evangelio de san Mateo, sino “en el nombre del Señor Jesucristo” y es sólo por inmersión, pues rechazan el bautismo por aspersión, la forma predominante de bautizar en la Iglesia Católica.

Acerca de Jesús, afirman que hay en él dos naturalezas y dos personas. Una cosa es hablar de Jesús y otra hablar de Cristo. Según su enseñanza, Jesús es un ser humano que nació milagrosamente, es cierto (lo mismo Juan el Bautista), pero al fin, un hombre.

Y este hombre por su santidad y consagración, fue digno de ser escogido para que el Verbo o Cristo Divino posara en él. Así que, cuando se habla de Jesús, se refiere al hombre en el cual Cristo mora. Por esta razón, a la unión de Jesús-hombre con Cristo-Dios, se le llama Jesús-Cristo.

Se consideran a sí mismos como el nuevo pueblo de Dios, el Israel espiritual, como la restauración de la Iglesia primitiva. Aceptan la Biblia como única y suficiente regla de fe para la salvación del ser humano, aunque consideran que lo escrito en la Biblia es “letra muerta” y requiere ser interpretada por los enviados de Dios, es decir, sus dirigentes, especialmente por el Siervo de Dios.

Jerarquía

Para ejercer el ministerio de liderazgo de enseñanza, la atención espiritual de los creyentes y la dirección del culto al interior del grupo, se exige que los ministros sean casados, pues rechazan el celibato.

Su jerarquía está constituida de la siguiente forma: al frente de todo está el líder máximo, que recibe los títulos de Apóstol de Jesucristo y Siervo de Dios y a quien se le considera director internacional. Colaboran con él los Pastores u Obispos, los Diáconos, los Encargados y, finalmente, los Misioneros Evangelistas.

Se la considera una iglesia evangélica pentecostal de tendencia fundamentalista, puesto que ordenan y estructuran la vida de los feligreses según su particular interpretación de la Biblia, haciéndolo de forma muy estricta.

Se trata de un grupo que busca el control absoluto sobre los miembros de las comunidades, con asistencias obligatorias y monitoreadas a los templos cada día a las cinco de la mañana y a las seis de la tarde, además de diversas actividades a lo largo de la semana.

El control es más estricto pues, por lo general, tratan de vivir en colonias exclusivas para el grupo, a imitación de la colonia denominada Hermosa Provincia, habitada casi exclusivamente por integrantes de La Luz del Mundo, en Guadalajara, en el estado mexicano de Jalisco.

El papel de la mujer

Esto es más notorio en el caso de la mujer, que no puede ejercer el cargo de pastor, ni hablar en el púlpito y debe vestir siempre de rigurosa falda larga hasta los tobillos, utilizar el cabello largo, hasta los hombros, empleando un velo para cubrirse la cabeza, especialmente en los actos de culto, aunque para no ser motivo de tentación y caer en el pecado, se recomienda utilizarlo en todo momento.

Está prohibido el uso del pantalón, pues, según las mismas feligresas, es maldición que una mujer use ropa de hombre, así como que el hombre use ropa de mujer. No llevan maquillaje ni joyas para el adorno del cuerpo.

La particular forma de vestir que caracteriza a las feligresas de La Luz del Mundo tiene como finalidad no ser fuente de tentación para el varón. Por eso en los actos de culto se sientan en la nave derecha del templo, pues no deben distraer a los varones, los únicos creados a imagen y semejanza de Dios, según su particular interpretación de Gn 1, 26.

Al mismo tiempo, esta forma de vestir es una forma de manifestar la inferioridad y humildad de las mujeres frente a los varones y para preservarse del mundo profano.

Sin embargo, la participación de la mujer en otras áreas es sumamente importante en orden a la vivencia de la fe y las prácticas propias del grupo en el interior de la familia y en el proselitismo religioso, especialmente por parte de la mujer casada, aunque siempre bajo la suprema autoridad de los varones.

Jerarquía femenina

Para la realización del proselitismo o tareas de servicio comunitario hay una jerarquía femenina muy especial. Destacan las diaconisas, elegidas de entre las esposas de los dirigentes más prominentes de La Luz del Mundo y que tienen autoridad sobre toda la población femenina, pero no sobre los varones.

Después vienen las encargadas, que colaboran en el trabajo comunitario. Ellas mantienen el orden y vigilan la conducta de las demás mujeres.

Su papel es ser confidentes, consejeras y orientadoras. Además de esto, coordinan las labores de proselitismo religioso, la protección social y los servicios comunitarios en hospitales, escuelas, bibliotecas, albergues, templos y otras iniciativas propias del grupo.

Las encargadas se eligen de entre las esposas de los pastores. Cada encargada coordina a sesenta integrantes, con el apoyo de diez auxiliares, que reportan la asistencia diaria a los actos de culto y demás actividades y están al pendiente de la conducta, con la obligación de reportar a las autoridades correspondientes cualquier anomalía, que les permita tomar las medidas pertinentes.

La obra misionera está bajo la coordinación de las obreras evangelistas, que deben ser casadas. Las jovencitas solteras (17-20 años) pueden salir a misionar, pero siempre bajo la supervisión de un matrimonio.

Si rebasan la edad y no se han casado, no pueden participar en la obra evangelizadora. Las solteras pueden participar en el coro, en la construcción de templos, obras de protección social y en diversas obras de beneficencia que hay al interior de la comunidad.

Noviazgo y matrimonio

Al igual que para los demás feligreses, también para la mujer está prohibido el consumo de alcohol, tabaco y drogas, asistir al cine, bailes y fiestas mundanas y no se permite el uso de lenguaje obsceno. Se aconseja también no perder el tiempo, lo que implica no ver televisión, escuchar música profana, es decir, no religiosa y emplear el tiempo en los “chismes”, el ocio y la vanidad.

Estas restricciones son mayores para las mujeres debido a que se considera que ellas son el objeto del deseo carnal. Por eso el noviazgo está regulado cuidadosamente por diversas disposiciones de la iglesia La Luz del Mundo.

Para ser cortejadas, por ejemplo, las jóvenes deben solicitar y recibir el permiso de las encargadas. Dado el permiso de establecer un noviazgo formal, los novios sólo disponen de tres meses para tratarse y conocerse.

Después de esto, la encargada correspondiente de la joven interviene ante los padres de los novios para que aprueben la boda, cuyos preparativos deben realizarse en los siguientes seis meses.

Además, para que los novios puedan casarse en el templo y vestir de blanco, se realiza una investigación que garantice que hayan llevado una vida y un noviazgo sin mancha.

Otro aspecto importante: por lo general, el matrimonio sólo está permitido entre los miembros del grupo y no se recomienda el matrimonio con los “gentiles”, como llaman a los que no pertenecen a La Luz del Mundo.

Al interior del matrimonio y la familia, la mujer tiene un papel pasivo: le corresponde al hombre llevar la dirección del hogar y tomar las decisiones que afectan a la familia.

No se admite el divorcio, aunque si la disolución del matrimonio en caso de adulterio por parte de la mujer. Si un varón es infiel, la mujer debe vivir con él y no se le permite la separación. Si la mujer solicita la disolución del matrimonio, las autoridades de la iglesia La Luz del Mundo bloquean la iniciativa o le dan largas al asunto.

Líneas pastorales

Sugerimos poner en práctica las indicaciones del Documento de Aparecida, 225-226:

Según nuestra experiencia pastoral, muchas veces, la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos “no católicos” creen, sino, fundamentalmente, por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia.

Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes. Buscan, no sin serios peligros, responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debería ser, en la Iglesia.

Hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:

a) La experiencia religiosa. En nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un “encuentro personal con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral.

b) La vivencia comunitaria. Nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsables en su desarrollo. Eso permitirá un mayor compromiso y entrega en y por la Iglesia.

c) La formación bíblico-doctrinal. Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia comunitaria, nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe, ya que es la única manera de madurar su experiencia religiosa. En este camino, acentuadamente vivencial y comunitario, la formación doctrinal no se experimenta como un conocimiento teórico y frío, sino como una herramienta fundamental y necesaria en el crecimiento espiritual, personal y comunitario.

d) El compromiso misionero de toda la comunidad. Ella sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella.

Ante la diversidad religiosa, es necesario conocer algunos aspectos de los múltiples grupos religiosos que nos permita estar debidamente informados sobre los riesgos y las consecuencias que entraña la adhesión a cualquiera de ellos, especialmente para la mujer. Ojalá que estos apuntes ayuden a asomarse al vasto universo del pluralismo religioso.

 

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