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¿Qué es la Comunidad de Cristianos?

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A pesar de su nombre, es un movimiento más esotérico que cristiano

En su página web española, en el apartado de preguntas y respuestas, se lee lo siguiente: “La Comunidad de Cristianos, ¿forma parte de la Iglesia Católica o de alguna otra iglesia o movimiento religioso? No. La Comunidad de Cristianos es un movimiento cristiano completamente independiente”. La primera impresión, entonces, es que puede tratarse de un grupo evangélico, por ejemplo.

Sin embargo, la aclaración nos llega directamente de la mano de la propia Comunidad de Cristianos (CdC), que no esconde su filiación: “El enfoque tan particular de este movimiento respecto a la vida y a la práctica religiosa se debe al entusiasta asesoramiento de Rudolf Steiner”. Steiner no es otro que el iniciador de la Sociedad Antroposófica, uno de los más destacados movimientos esotéricos contemporáneos”.

¿Una iglesia nacida del ocultismo?

Rudolf Steiner (1861-1925) era el responsable de la Sociedad Teosófica en Alemania cuando en 1913 se escindió fundando su propio movimiento esotérico: la Sociedad Antroposófica. Su objetivo era crear una escuela esotérica con menos influencias orientales y un mayor contenido cristiano, a diferencia de una Teosofía que cada vez transitaba más por los caminos trazados en la India por Helena P. Blavatsky y sus sucesores.

La Antroposofía ha sido un tronco del que han nacido diversas ramas (una de las más conocidas es su rama pedagógica, que ha dado lugar a las peculiares escuelas Waldorf). Una de ellas es esta especie de “versión religiosa” en forma de supuesta iglesia cristiana. La CdC fue fundada en 1922 por Friedrich Rittelmeyer (1872-1938), uno de los mayores admiradores y defensores de Steiner.

Destacada figura de la Iglesia luterana de su tiempo, el interés de Rittelmeyer por la renovación religiosa lo llevó a contactar con Rudolf Steiner, después de haber estudiado la Teosofía para incluirla en sus conferencias sobre la diversidad espiritual contemporánea. A pesar de su resistencia a elementos doctrinales como la reencarnación, la composición del hombre, el aura… los diálogos con Steiner, la lectura de sus obras y la asistencia a sus conferencias, y la puesta en práctica de los ejercicios que le prescribía, hicieron que fuera cambiando su forma de pensar.

Y así –cuenta en su libro autobiográfico titulado El encuentro de mi vida con Rudolf Steiner– pasó de la adoración de Jesús al conocimiento de Cristo. Con todos los efectos lógicos de esta migración dogmática, causada por la introducción de lo relativo a las “investigaciones espirituales” de Steiner. Un ejemplo: “Tenía que aceptar que frente a las enseñanzas de la reencarnación de Steiner, yo no podía mantener mis contradicciones cristianas”.

Una nueva dogmática

Destaca en su sistema doctrinal la lectura simbólica tanto de lo estrictamente teológico como de la Biblia y los sacramentos. La CdC reconoce la existencia de un ser divino todopoderoso que ha creado el mundo. Emplea un lenguaje propio de la doctrina cristiana al afirmar que “la primera gran realidad primordial que todo lo abarca, es la realidad Trinitaria. Es decir, todo es uno y a la vez triple. No hay tres dioses, sino uno solo, pero Él es en sí mismo tres”. Una realidad divina que tiene su reflejo antropológico, ya que el ser humano también es trinitario.

Desglosando esta idea de la divinidad, leemos en su credo el siguiente íncipit relativo al Padre: “un omnipotente Ser Divino, físico y espiritual, es el fundamento de la existencia de los Cielos y la Tierra, que como Padre precede a sus criaturas”. Así pues, es el sentido de la existencia de toda la realidad. En segundo lugar está Cristo, que “es para ese Ser Divino como el Hijo nacido en la eternidad”. Y el tercer elemento es el Espíritu Sanador, a través del cual obra Cristo.

Defienden la existencia histórica de Cristo (en la persona de Jesús de Nazaret) y la realidad de los datos biográficos que revelan de él los evangelios canónicos: nace de la Virgen María, predica y cura, muere, es sepultado y resucita. Además, afirman que se trata de la plenitud de densidad espiritual en un hombre, dentro de una historia de sucesivas encarnaciones: “el hecho es que Cristo fue una presencia real, que fue experimentada físicamente por un minúsculo puñado de hombres. Su encuentro con Cristo se interiorizó y se hizo plenamente consciente en cada uno de ellos en Pentecostés. De ellos se fue transmitiendo todo por sucesión apostólica. Cristo fue una presencia real y es una presencia real. Sí, es cierto que hay muchas encarnaciones divinas de Avatares, pero hay una Encarnación Total”.

Y el momento de esta encarnación es el bautismo en el Jordán de manos de Juan el Bautista, cuando comienza su misión redentora: Cristo penetra “en un cuerpo y un mundo caídos. Y lo hace para poderlos levantar”, y de esta forma “Jesús de Nazaret se ha convertido en morada, en vehículo del Hijo, de Cristo”.

Una nueva liturgia

Rudolf Steiner daba una gran importancia a la liturgia, necesaria para saciar la sed simbólica de la mayoría de los seres humanos, y que completa lo que la mera especulación antroposófica no puede alcanzar. Encontramos entre sus ritos, en primer lugar, el denominado Acto de Consagración del Hombre, ritual que “recuerda en las formas a la Misa católica, pero tiene un contenido completamente antroposófico”, según reconocen ellos mismos. En la literatura de la CdC se refieren a esto como su “servicio divino” o “la misa renovada”, y tiene cuatro partes principales: evangelio, ofertorio, transubstanciación y comunión. Todas ellas, claro está, con su sentido esotérico.

Junto a este rito sacramental, y unido a él, está el Sacramento del Yo, que puede ser necesario como preparación para la comunión, conversando con un sacerdote, y equivale al sacramento católico de la reconciliación o confesión: afirman que “el Sacramento del Yo posee en un plano superior una fuerza sacramental objetiva y contiene lo que también se busca en la preparación efectuada individualmente: recogimiento en sí mismo, puesta la vista sobre la fuerza salvadora de Cristo”.

Así resumen ellos mismos el esquema sacramental del movimiento: “hay momentos en la vida que son ‘sagrados’: el nacimiento de un hijo, la muerte de una persona amada, la toma de una decisión trascendente; en esos momentos puede surgir el anhelo de involucrar fuerzas superiores en la vida terrenal. Los siete sacramentos dan expresión a este anhelo. El bautismo se añade al nacimiento, la unción acompaña al proceso de la muerte; la confirmación ayuda al adolescente en su camino a la adultez. El matrimonio como sacramento, consagra la decisión de formar una comunidad de vida; quien decide dedicar su vida profesional al sacerdocio recibe la consagración sacerdotal”.

En la CdC el matrimonio puede celebrarse entre personas del mismo sexo. En cuanto al sacerdocio, lo pueden ejercer varones y mujeres indistintamente. Hay que añadir, además, que tienen un calendario litúrgico propio, cuyos hitos son los grandes festivales del año y las cuatro épocas o estaciones entre los festivales (Navidad, Pascua, Juan y Micael).

¿Cómo se organizan?

Según explican en su publicidad, cualquier personas puede ser miembro, siempre que haga un “compromiso espiritual” con la CdC desde su libertad individual. No es necesaria la celebración de los sacramentos del bautismo y la confirmación, pero sí la incorporación concreta a una comunidad local. Además, está prevista la existencia de simpatizantes, que participan en las actividades del grupo pero sin ser miembros.

A pesar de su apariencia de grupos autónomos, el movimiento cuenta con una estructura jerárquica a nivel mundial. Organizados por congregaciones, éstas se agrupan en países, y celebran convenciones continentales llamadas sínodos. En la cúspide está el grupo de dirigentes a nivel global, denominado “Círculo de los Siete”, que supervisa a los candidatos al sacerdocio y decide si, al acabar sus estudios, pueden ser ordenados. Para ello cuentan con un Priesterseminar o Seminario de Sacerdotes en Stuttgart (Alemania), con una formación que incluye dos años de estudios y un año de prácticas en una congregación de la Comunidad de los Cristianos.

Dice tener unas 300 congregaciones en todo el mundo. En 2010 llegó a España de forma oficial, con el acto de inauguración realizado en otoño de ese año. Actualmente dicen tener comunidades en Madrid, Barcelona, Alicante, Zaragoza y Valencia. En el resto de Iberoamérica están presentes en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú.
¿Un grupo cristiano o esotérico?

La CdC se considera a sí misma como el verdadero cristianismo o la fe cristiana renovada. Lo que, para Rudolf Steiner, no fueron capaces de hacer los reformadores protestantes, lo ha conseguido su reformulación del credo cristiano cristalizada en este movimiento. Sin embargo, la lectura alegórica y esotérica de los textos fundacionales de la religión cristiana y de su misma cosmovisión hacen que la Sociedad Antroposófica y, por extensión, la CdC, hayan de enmarcarse dentro del esoterismo contemporáneo, si bien hay que apuntar que se trata de una corriente ocultista que acentúa sus elementos de la cultura judeocristiana, frente a su matriz, la Sociedad Teosófica, que subrayaba lo procedente de las religiones orientales.

¿La Iglesia Católica ha dicho algo sobre este movimiento? Sí. La Iglesia cuenta con una praxis que, remontándose a la Antigüedad, reconoce el bautismo efectuado por cualquier otra confesión cristiana, siempre que se haga con una determinada fórmula (invocación trinitaria), materia (agua) e intención (incorporación a la comunidad creyente por la participación en el misterio pascual de Jesucristo). Hay casos dudosos en los que los obispos se han dirigido a la Santa Sede para consultar la validez o no del bautismo administrado por algún grupo concreto.

Esto, precisamente, es lo que sucedió hace unos años con la CdC. La Congregación para la Doctrina de la Fe, el dicasterio vaticano encargado de dirimir sobre estas cuestiones, publicó en 1991 el siguiente documento: “Se ha preguntado a esta Congregación para la Doctrina de la Fe si el bautismo administrado en la comunidad denominada ‘Christian Community’ o ‘Die Christengemeinschaft’ del señor Rudolf Steiner es válido o no. Esta Congregación, después de realizar un examen diligente, ha decidido que se debe responder: No”. No se explican más razones, pero es de suponer que la Iglesia Católica rechaza el carácter cristiano del movimiento porque, de lo contrario, aceptaría la validez de su bautismo.

Junto a este dato, es igual de importante lo que el Consejo Mundial de las Iglesias, que agrupa a la mayor parte de confesiones cristianas, determinó en su asamblea celebrada en Nueva Delhi en 1961, al autodefinirse como “una hermandad de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador de acuerdo con las Escrituras, y por lo tanto buscan cumplir juntas su llamada común a la gloria del único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”, lo que supone una “línea de demarcación del cristianismo” , que implica necesariamente el reconocimiento de los dogmas de la divinidad de Cristo y de la Trinidad, además de una referencia obligada a la Biblia. Como ha podido verse, la doctrina de la Comunidad de los Cristianos va mucho más allá, y no sólo no forma parte del Consejo Mundial de las Iglesias, sino que nunca sería bien recibida atendiendo a estos criterios.

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