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El Mentalista: Las cosas sencillas siempre funcionan

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El fin de la serie, después de la hazaña de aguantar siete temporadas, deja huérfanos a millones de seguidores por todo el mundo

Las cosas sencillas siempre funcionan. Esta es la premisa de El mentalista (The Mentalist) una serie que, sin grandes pretensiones, ha conseguido mantener el interés del público durante siete temporadas. La serie se despidió a lo grande, con boda entre sus dos protagonistas Patrick Jane (Simon Baker) y Teresa Lisbon ( Robin Tunney) para el agrado de sus fans que preveían un final feliz, ya que el acercamiento entre la pareja era cada vez más evidente. No hay finales abiertos ni hay duda sobre el futuro de sus personajes, la historia se acaba y queda todo bien atado, algo poco habitual en la ficción actual.

El fin del El mentalista deja huérfanos a millones de seguidores por todo el mundo. Los métodos poco ortodoxos de Patrick Jane para resolver los casos policiales mantenían el interés de un público fiel. Hay fórmulas que nunca o casi nunca fallan en los filmes de suspense como es el whodunit (¿Quién lo ha hecho? o ¿Quién es el asesino?) que implican al espectador a través de ciertos indicios o pistas a resolver un enigma.

La estructura clásica para esclarecer un asesinato es un seguro para mantener la tensión de la trama. Los casos se resuelven de una forma sencilla: se reúne a los sospechosos bajo un mismo techo para descubrir al asesino. Todos parecen tener razones para ser culpables, pero el investigador averigua no sólo quién ha sido sino, además, los motivos que le han llevado a ello. Una fórmula que funciona y que El mentalista ha llevado a la práctica durante más de ciento cincuenta episodios.

A Simon Baker, principal responsable del interés de la serie, le veremos próximanente esta vez como protagonista y director de su opera prima, Breath. Su paso por el cine no ha sido el esperado con trabajos poco destacados en películas como L. A. Confidential (Curtis Hanson, 1997), Cabalga con el diablo (Ang Lee, 1999) Planeta rojo (Anthony Hoffman, 2000) o The Ring 2 (Hideo Nakata, 2005). Ha sido en la televisión donde ha encontrado su lugar. Destacó en su papel de abogado condenado a trabajar en un tribunal de menores, tras ser arrestado por consumo de drogas, en El guardián (The Guardian), que le valió su salto a protagonizar El Mentalista.

Baker en el papel de Patrick Jane es el alma de la serie, un personaje que a veces resulta arrogante, con un personal sentido del humor, con cierto aire de caballero inglés y con un tormentoso pasado, que le hace pasar malos ratos a sus compañeros de la brigada policial. El resto de personajes son completamente prescindibles. Sólo se salva su partenaire, Robin Tunney, la agente Lisbon, que le da la réplica para que el rol del mentalista quede aún más brillante. Los demás, después de siete temporadas en antena, pasan desapercibidos, a pesar de haber intentado crear subtramas entre ellos con enamoramientos y amistades más o menos sólidas.

Sus seguidores podrán seguir disfrutando de los misterios que sí resuelve Patrick Jane en alguna de las numerosas reposiciones de la serie o tendrán que esperar a que su creador Bruno Heller (guionista y creador también de otras series de televisión como Roma y Gotham) caiga en la tentación de devolvernos a un Jane más sosegado gracias a Lisbon y que nos haga pasar como siempre un buen rato.

Puede que El mentalista no sea una gran serie. No tiene grandes premios y la crítica no se ha rendido a sus pies, pero ha aguantado siete temporadas y eso no lo consigue cualquier ficción en la pequeña pantalla. Puede que no tenga el peso dramático de Breaking Bad, la complejidad de Boardwalk Empire o el ingenio de In the Flesh, pero la serie de Heller ha demostrado que, con pequeños retoques y puntuales operaciones cosméticas, las cosas sencillas siempre funcionan.

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