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El coro: la importancia de reivindicar el esfuerzo por hacer las cosas bien

A Contracorriente Films
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Una cinta prometedora en la que Dustin Hoffman hace un destacado papel

El 9 de octubre, y a cargo de A Contracorriente Films, llega a los cines españoles El coro, cinta que revitaliza el género musical, dirigida por el polifacético director canadiense François Girard, que en los últimos 20 años ha filmado 4 películas, entre ellas, El violín rojo, en 1998, que resultó ser una estupenda historia que nos contaba la aventura de un violín especial y que fue galardonada con un Oscar a la Mejor Banda Sonora y a cargo del compositor neoyorkino John Corigliano (no sin razón, pues era bellísima). Su siguiente película, casi pasada una década, Seda (Silk, 2007), fue una cinta bastante irregular de ritmo perezoso que si destacaba por algo era por una espléndida fotografía, pues su historia no calaba en el espectador como debería haber ocurrido y eso que su premisa era bastante interesante. Pero con el precitado drama El coro, François Girard saca pecho.

En un pueblecito de Texas, Stet padece a sus once años el acoso de sus compañeros. Se burlan de su madre soltera y cuando fallece de forma repentina se agrava la situación del chaval. Entonces entra en escena su progenitor, un individuo casado con otra mujer que ha mantenido su existencia en completo secreto, por lo que prefiere deshacerse de él.

Francois Girard sabe aprovechar su relato para crear una estructura tradicional que funciona precisamente por eso, por desarrollarla de la manera más elegante posible hasta conseguir que el espectador se involucre con la historia y con los personajes, pues irremediablemente se mete al espectador en el bolsillo con suma facilidad. Sabe del relato que tiene entre manos y aprovecha ciertos momentos de delicadeza sonora para afianzarse de él y asentarlo, y lo cierto es que lo consigue. Entretiene y emociona y el espectador consigue involucrarse en esta historia que es la misma de siempre, pero que consigue mantenerte en el asiento…y todo desde el punto de vista más sencillo y básico: el clasicismo.

Sin caer en la ñoñez ni en la sensiblería, aunque naturalmente la cinta comparta elementos comunes con otras películas como Los chicos del coro (2004) o Billy Elliot (2000), El coro aporta una brillante ejecución narrativa que hace bastante agradable el relato. Del equilibrio entre el guión y el lenguaje fluido de los diálogos es responsable el libreto impoluto de Ben Ripley, de cuyo buen hacer ya nos dejó claro en Código fuente (2011).

Pero lo más importante del filme es cómo se las ha ingeniado Girard para convencer al gran público de la importancia de reivindicar el esfuerzo por hacer las cosas bien, cómo inculcar al alumno valores éticos, ser disciplinado y saber apreciar el valor de la familia.

Naturalmente, el feliz resultado de esta amable historia reside en el elenco: bravo por Dustin Hoffman, donde como casi siempre relucen sus dotes interpretativas; Kathy Bates, que de nuevo su aparición supone un contrapunto cómico bastante agradable, y el niño debutante en cine, Garret Wareing, la sorpresa del filme, sobre quien recae el peso de la aventura y sabe defenderla con una dignidad apabullante. Yo que ustedes no me la perdía.

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