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Mundial de rugby: Cuando el cordero llega más lejos que el león

GABRIEL BOUYS / AFP
New Zealand's scrum half Aaron Smith (R) blocks Argentina's wing Santiago Cordero (C) during a Pool C match of the 2015 Rugby World Cup between New Zealand and Argentina at Wembley stadium, north London on September 20, 2015. AFP PHOTO / GABRIEL BOUYSRESTRICTED TO EDITORIAL USE, NO USE IN LIVE MATCH TRACKING SERVICES, TO BE USED AS NON-SEQUENTIAL STILLS
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La importancia de la preparación y la pasión

El rugby es uno de los deportes más practicados de todo el mundo. Su mundial, que por estas semanas tiene lugar en Inglaterra, convoca a televidentes como pocos otros acontecimientos a nivel mundial, y pelea por ese último lugar en el podio de popularidad, sólo superado por un Mundial de Fútbol o un Juego Olímpico.

En sus encuentros colisionan gigantes deportistas de grandes economías mundiales con otros de países en desarrollo. Asia y África son más fuertes que Europa, casi siempre. Más allá de las veces que Inglaterra o Francia asoman, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica parecen ser siempre el trío del sur invencible. Estados Unidos pelea por sumar unos puntos, pero Argentina es la potencia americana. Fiji, país cuya economía no ingresa ni siquiera entre las 150 más importantes del mundo, es uno de los mejores diez de este deporte.

El amateurismo fricciona con el hiperprofesionalismo, y jugadas en apariencia violentas, rara vez, pasados los 80 minutos, no terminan en un fraternal abrazo con el contrario. El tercer tiempo tan fomentado en las ligas juveniles deja huella en quienes llegan a la élite.

Para algunos es un deporte tosco. Para otros sería un insulto escuchar esa palabra ante un pase de revés, un drop con la ovalada enviado en el momento de desatención del rival, o una pelota que cruce media cancha de izquierda a derecha para habilitar a un wing que corra como una gacela hasta el try.

Avanzar sin poder pasar la pelota para adelante es el desafío de cada uno de los 15 jugadores de los 20 equipos que juegan este Mundial. Entre ellos, un irreverente joven de 21 años, Santiago Cordero, osa esquivar a titanes bajado de las guardias del Olimpo, y con sus 176 centímetros vuela cual gacela para confirmar el pase de su país a los cuartos de final.

Cordero es un pibe de Bella Vista que no cedió a la tentación de los miles europeos, que ahora seguramente lo acosarán, y se quedó jugando en su club, ese cuya cancha central uno ve cuando viaja en uno de los ferrocarriles más humildes del Gran Buenos Aires, el San Martín.

Cordero, una de las revelaciones del Mundial, está en los cuartos de final, mientras que los leones ingleses, inventores de cuanto deporte popular reglado haya en el mundo, entre ellos el rugby, los grandes anfitriones de este gran mundial, se quedaron fuera con una gran desilusión e incluso golpe económico. Las ganancias que se dejarán de percibir, señala la prensa inglesa, podrían a ser millonarias, con impacto negativo incluso en la bolsa de valores.

El rugby, como otros deportes, confirma que con preparación y pasión, y bueno, una dosis de azar para los sorteos, los corderos pueden llegar más lejos que los leones.

Tags:
deporte
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